Notas
El poder de la comunicación
No puedo dejar de asombrarme del poder de la comunicación. Como político y también ejerciendo la abogacía he conocido, a veces de cerca, el inmenso poder de la comunicación. Pero debo confesar que lo que ha ocurrido con un posteo que hice en mi página de Facebook ha superado cualquier previsión. Por eso me parece inquietante compartir los hechos y dejar el análisis o las especulaciones para otro momento.
Nadie puede negar que en Mendoza asoma un nuevo consenso social, un contrato que está dispuesto a reformularse a partir de las inéditas, asombrosas y multitudinarias movilizaciones públicas, que repudian el avance del gobierno K sobre derechos y libertades individuales y colectivas. Quizá esto explique, en parte, el fenómeno al que me quiero referir. El poder de la comunicación.
El hecho es que el posteo que publiqué en mi Facebook, sobre los corruptos y sus cómplices que buscan impunidad, mientras nosotros buscamos justicia, acompañado por un video en YouTube y, días después, por una serie de afiches en la vía pública, obtuvo 60 mil visitas (mientras escribo para MDZ hay casi 62.500). No sólo me admiré hace unos días. Y en este instante, también.
Siento que pude comunicar una idea, distinta pero simple: los corruptos merecen castigo, público y ejemplar. Se siente, lo siento y es evidente: la corrupción espanta las inversiones o las torna poco productivas, produce mayor pobreza y marginalidad y, en lo cultural, transmite injusticia, el privilegio para pocos.
En las visitas al posteo, el de ofrecer un par de puntos para una ley federal, asombro positivo, se sextuplicaron las entradas habituales. Y es allí que se “siente”: he podido interactuar en la mayoría de los debates, recibo recomendaciones, apoyos, dudas, de cientos y cientos de mendocinos. Muchos me saludan en la calle. O los conozco, hombres y mujeres, en las reuniones que hacemos con más mendocinos en Dorrego, Luján, San Martín, San Rafael. Internet, la comunicación poderosa, es una de las experiencias que me permiten encontrarnos, unirnos y mejorar la vida de todos los días.
Mi propuesta para mitigar la corrupción es simple. Estos dos puntos lo explican:
1) Modificar el artículo 67 del Código Penal, para que las acciones contra autores, coautores y partícipes necesarios por delitos, contra el patrimonio del Estado y los del Lavado de Dinero, cometidas por los funcionarios corruptos, no prescriban y puedan ser juzgados siempre. De esta forma nos aseguramos que el paso del tiempo no los beneficiará, y que podrán aparecer nuevas pruebas cuando ya no tengan el poder que les otorga impunidad.
2) Incentivar a los ciudadanos a que denuncien acciones de corrupción, que consistan en pago de sobreprecios, y una vez comprobado el hecho, y sancionados los responsables, se le entregue al denunciante el 20 % de lo que recupere el Estado por el pago de sobreprecios. Esto ha tenido grandes resultados en distintos lugares. La experiencia internacional y de las democracias más antiguas del planeta consolidan estas acciones.
Si el desafío de MDZ era compartir una experiencia como periodista, la mía en este caso sería comprobar el poder de las ideas y la comunicación de ellas, y la reciprocidad y velocidad con la cual ellas pueden mejorarse, nutrirse, afianzarse como objetivo democrático. No niego la realidad, a veces tan dominante en lo negativo, sino que intento pensar y actuar desde lo positivo. Algún ex presidente sostuvo que los argentinos estábamos condenados al éxito. Yo creo que los mendocinos estamos obligados al éxito. Es hora.
La noticia es sentir las ideas de nuestra sociedad, d esatender los egoísmos, las mañas, las épicas bajas, los liderazgos vacíos. Me siento más demócrata en el debate, en la modernización de las ideas, en la duda antes que en la certeza. Y me siento más mendocino que nunca.
Vamos a luchar contra los corruptos. No es fácil. Pero es más simple y necesario con el aporte de 60 mil visitas en Internet. La noticia es dar las gracias a la comunicación directa, a la transmisión de ideas, a los debates, en definitiva, a la civilidad.