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El lenguaje es la casa del ser: entrevista a Marina Mariasch

Poesía, TV, redes sociales y creatividad en un diálogo inspirador con la autora Marina Mariasch.
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Es sábado a la tarde. Marina Mariasch nos recibe en su casa de Villa Crespo, un PH cerca del subte, cerca de una santería, y todavía más cerca de una casa apicultora que vende mieles y propóleo. Allí vive con sus dos hijos, León y Benita, y Sarha, una chica canadiense a la que le alquila una habitación. El timbre está lleno de stickers y suena en tres tiempos, "ding dang dong", un sonido ameno que anticipa algo de la magia que se respira en su casa. Marina abre la puerta y caminamos a lo largo de un corredor angosto. Me ofrece un café y vamos a la cocina. Su novio Syd está haciendo un crumble de banana y avena mientras Marina termina de cocinar un cerdo al horno para Benita. Benita tiene diez años, parece una ninfa de algún lago nórdico y le dice secretos al oído que ella escucha con profunda atención.
Marina nació en Buenos Aires en 1973. Es poeta, periodista, y traductora, y dicta talleres que denomina "anti-taller". Publicó los libros de poesía Coming attractions (Siesta, 1997), XXX (Siesta, 2001), Tigre y león (Siesta, 2005), El zigzag de las instituciones (Vox, 2008) y El Matrimonio (Bajo la luna, 2011). En su última novela breve, Mariasch habla de un amor en crisis, ese pacto social en el que se convierte la pasión, poniendo en escena los roles de la política doméstica con la mirada de una socióloga onírica. Cruza de ensayo, poesía y narrativa, investiga el complejo mundo de las relaciones humanas que viven emociones atravesadas por la norma. Con un estilo despojado, enigmático y sexy, traza las fantasías agobiantes de un devenir al borde de la desesperación. Esa pesadilla cotidiana, como si se tratara de una telenovela diaria, germina en una prosa poética a la que no se le escapa ningún detalle. 
Hablando con Lupa, nos anticipa algo de su próximo proyecto que hace foco en en el modo de vida de los argentinos durante la década del '90.


Lupa: ¿Estás trabajando en algún proyecto actualmente?
M.M: Estoy terminando de corregir un libro que va a salir en la editorial Mansalva. Eran varios cuentos que se fueron amalgamando y se transformaron en una novelita que habla de la relación con el dinero durante los años '90. Esa época en la que la clase media tenían acceso a los viajes, por el uno a uno. Todavía no tiene nombre definido. Tal vez se llame "La Plata".

¿Cómo siguió tu relación con la TV desde tu último programa de entrevistas a escritores?
Eso fue algo que llegó totalmente de casualidad, nunca pensé en trabajar en la tele. De hecho, me acuerdo que cuando me llamaron para trabajar en ese programa le conté a mi mamá y ella me dijo: “¿Pero vos no querías ser escritora?”. Lo que tenía de bueno la propuesta es que eran charlas, conversaciones con escritores y por lo tanto tampoco se pretendía algo “televisivo” de mí. Todo lo que tenía que ver con la presentación estaba resuelto. Me sentaba a hablar con escritores, a muchos de ellos ya los conocía o eran amigos, y era gente que me interesaba. Siempre traté de que la situación de entrevista se emparejara. Ellos me podían preguntar a mi. La charla era más como un intercambio. Me parece que en la situación de entrevista en general siempre hay algo de interrogatorio donde uno tiene impunidad total para acribillar al otro y el otro está obligado a responder. Y tampoco estoy de acuerdo con esa idea de que hay alguien al que es interesante escuchar y otro al que no, me parece más copado que esa relación sea un poco más pareja.

¿Cómo te sentías con la exposición de la tele?
La tele era exposición pero a mí eso nunca me afectó. A todos nos importa lo que dicen los demás pero por otra parte siempre tuve mucha consciencia de que no le podés gustar a todo el mundo. Hay gente a la que le va a interesar lo que hacés o decís y gente a la que no. Este año hice una propuesta para un canal con una productora que me llamó. Se trata de cuentos de narradores argentinos jóvenes llevados a la pantalla en un formato tipo fotonovela, pero en lugar de fotos, con pinturas de artistas. En ese proyecto hago más bien una curaduría porque hago la selección de los cuentos pero no aparezco.


¿Cómo nace el proyecto "Máquina de lavar"?
Es un colectivo de escritura y lo que está buenísimo es que surgió de manera completamente espontánea, no fue una propuesta de “vamos a hacer esto”. Es un grupo de chicas que trabaja conmigo en taller desde hace ya tres años y en un momento empecé a anotar las cosas que surgían. Lo que hacemos es discutir mucho de literatura, cuestiones que están en el aire sobre arte, estética... De ahí fueron apareciendo muchas cosas que eran material como para escribir. Y empezamos así a hacer poemas juntas, en ese espacio, una vez por semana.


¿Cómo hacen para componer de a muchas?
Somos seis. No lo hacemos como un cadáver exquisito. Lo que tiene el cadáver exquisito es que uno no está totalmente elidido de lo que puso el anterior. Acá funcionamos todas en relación a un tema y se genera algo del orden del trance, una sinergia entre todas, y escribimos juntas. No nos vamos pasando la hoja. Surge un tema y empezamos a hablar de ese tema y escribimos sobre eso. Esta bunenísima esa dinámica. Es impresionante cómo se potencia la energía.  Anotamos todo lo que va surgiendo y después editamos mucho. O ese mismo día o por mail después. A veces discutimos. "A mí ese verso no me gusta. Ah, no a mi sí me gusta". En general estamos bastante de acuerdo, y cuando no lo estamos, discutimos las cosas y las justificamos. Lo cual te obliga a pensar por qué ese verso cabe o no cabe. Lo que pasa cuando sos seis, además, es que sos seis creatividades, seis energías puestas en movimiento, que son mucho más potentes que escribir sola. Y también tiene un efecto fuerte en la lectura. Durante mucho tiempo nos dedicamos a escribir y después a leer. Ahora estamos tratando de no leer mucho, y que cada lectura tenga un peso. Leemos alternado, en coro. No podemos no hacernos cargo de lo performático de la lectura así que estamos tratando de manejar eso, el efecto que producen seis minas en escena leyendo. 

¿Qué lugar ocupa el mundo virtual en tu actividad poética?
Un montón de lugar. Estoy todo el día en internet y me parece que es un mundo enorme donde hay mucha basura pero también hay cosas buenísimas y super inspiradoras. Todo lo que me llega a través de internet puede ser fuente de ideas como cualquier otra cosa del mundo real.

¿En que te inspirás para escribir?
Me interesan mucho las cosas que están pasando en el aire. Me inspiro mucho en las conversaciones que escucho en las mesas de al lado, en los bares. Lo que están hablando en la mesa de al lado, que puede ser una pelea de una pareja, una discusión política, o las dos cosas entremezcladas.

¿Qué estas leyendo ahora?
Siempre leo muchas cosas a la vez. Hace bastante que no tengo la disposición de leer por puro placer. Siempre estoy leyendo en función de un proyecto, o de las clases, o de cosas que tienen que ver con lo que estoy trabajando. Tal vez en las vacaciones agarro un libro que no tuve tiempo de leer en el año. Ahora estoy leyendo a Lacan porque lo estoy estudiando en la facultad. También estoy leyendo un libro de poesía y finanzas y bastantes manifiestos de principios de siglo porque estamos con Máquina haciendo una especie de manifiesto. Sobre todo el futurista femenino. Y leo las cosas que escriben mis contemporáneos que es lo que más me interesa.

¿Existe alguna diferencia entre una chica poeta y un chico poeta?
Si, mucha. Las condiciones de posibilidad, de oportunidad de recepción del sujeto enunciador son completamente distintas si es una mujer o un varón. Tratar de soslayar eso me parece una hipocresía, como decir que no hay una diferencia. Hay una diferencia grande, hay un montón de gente que no lee mujeres. Al mismo tiempo las mujeres son mucho más lectoras y consumidoras de libros que los hombres. Porque estamos al pedo en la casa...jajaja

¿Qué lugar le das a la "estética pop" en tu creatividad?
Me parece que yo empecé a escribir en un momento en el que el lenguaje literario se empezó a contaminar de todas las producciones populares como el rock, el cine y la televisión. Y eso aparece muchísimo en la escritura, no solo en la mía sino en la de todos.

¿Cuál es tu mirada respecto de "lo que está pasando" hoy en la Argentina a nivel poético?
Es difícil evaluar la escena en el momento presente. Hace falta un poco de distancia histórica tal vez. Pero la sensación que tengo es que el lenguaje se está volviendo cada vez más llano, menos alambicado, y que está relacionándose cada vez más con el hecho performático de la lectura. Esto es algo que también pasa a nivel global. El Nueva York por ejemplo están los slams, lecturas poéticas que son sobre todo una competencia de rap.

¿El lenguaje es..?
La casa del ser. Hay un verso de Máquina que es así.

¿Tenés algún dicho de cabecera?
"Vale todo".

¿Cuál es la mejor forma de terminar un poema?
Dos versos antes. Siempre hago eso. La gente tiende a hacerle un moñito al texto, y está bueno cortarlo antes. Parece una estupidez dicho así pero la verdad es que después se verifica en el texto.

¿Qué relación tenes con las otras disciplinas del arte, y en qué medida te involucras y participas de otros proyectos?
Me parece que es todo parte de lo mismo. No tengo distinciones. Los materiales son tal vez otros pero las ideas que tengo sobre el arte son bastante similares para cualquier disciplina. Me parece que es tan interesante leer como ir a ver una muestra o ver una película.

¿Por qué tus talleres se llaman "anti-taller"?
Empecé hace unos años. Creo que hay que hacer un trayecto largo antes de pararse frente a un grupo a dar taller. Siento que ahora hay demasiados talleres. Tengo un entrenamiento de lectura que me gusta transmitir. Me encanta cuando estoy con un grupo y les pregunto "¿Leyeron a tal?" y me contestan que no, porque entonces puedo descubrirles un montón de cosas. Se llama anti-taller porque me parece que la idea no es enseñar a escribir -creo que todos saben escribir desde que entraron a la escuela primaria- y que lo que hay que hacer es leer, conversar, pensar y después ejercitar la escritura. Pero no pretendo tener dogmas de cómo se hace porque no creo en eso. Ahora tengo dos grupos y varias personas que hacen clínicas y correcciones de su trabajo.


¿Un poema de otro autor que te guste mucho?
Me gustan muchos poemas, elijo este porque es de un escritor que admiro y golpea, y porque es una versión: creo en el robo, en las versiones, relecturas, en multiplicar la distorsión. Una versión de la letra de una canción de Smashing Pumpkings por Santiago Llach:


Bala con alas de mariposa (una versión de una canción de los Smashing)

Ahhhhhhhh... ¡ahora escribís poemas!
Con lírica comprada en los talleres literarios.
Y los publicás en revistas
con fotos de chicas anoréxicas.


Ahhhhhh.... a vos no te importa la política
porque conocés la pobreza de los mediodías parricidas
de los chicos que escuchan a Patricio Rey
adentro de sus autos polarizzzados
en las calles del Palomarrrrrrr
.

No te preocupes, paloma:
el mundo es un lugar horrible.
A pesar de toda mi alcurnia
sólo soy una rata dando vueltas en la jaula.

A los problemas que tenemos
vamos a llamarlos así: ploblemas.
Mi ploblema es que me robaste la poesía.
Ahora no la recupero
ni yendo al taller literario de Dios.

¡Adiós, amiga!
Fuiste la frutilla en el postre
de la entrada a mi misa otoñal,
alta barda fuiste y daño y piña
en los años del medio.


¿Y un poema tuyo preferido?
De mis poemas, me gustan los que presentan una escena concreta, atravesada por fantasmas y por las condiciones materiales de producción de esa escena. Por ejemplo:

de noche, con plata

En qué playa nos dejará este oleaje incesante.
Qué pasó cuando bailamos, coordinados
los troncos para un lado y para el otro
de la pista, oponiéndose
esquivos como imanes dados vuelta.
La atmósfera cargada de tensión económica y sexual
Y del campo magnético entre nos salió
música, algo realmente abstracto
se generaba y bifurcaba, qué pasaba. Fantasía y fuga.
Los pasos iban saliendo bien, incluso bruscos.
Y en la idiotez afectiva un reflector
nos iluminaba sólo a nosotros, en el medio
de la cara, no se veía nada. La cara pálida era un augurio
de la matemática posterior de la semana.

¿En manos de quién están los hilos del tiempo?
En la voz que se usa con los chicos
nos acordamos de las primeras cosas
que tocamos, nos manteníamos
dentro del círculo de luz y si la música formara palabras
le habría dado nombre a un hijo. Aunque no hablamos:
nos separaba una barrera de sonido, cada pisada retumbaba
en todas mis posesiones a una velocidad que nunca fue tuya.

El silencio era moral, el precavido de los borrachos y tontos.
Vibrábamos como locos -pero disimulados.
Eran aproximaciones, igual a no decir nada. Vos no eras el inventor
de mis triunfos ni yo el de todos
tus fracasos. Sin riesgo no había gimnasia, buscábamos
conocimiento, nos dejábamos arrastrar
por el cordón del perro. Todo delirio
tiene un núcleo de verdad apagada. Y apagamos el incendio
con un hacha.