Presenta:

Notas

Punto de Vista: JOSE LUIS GARCIA

Recomponer fragmentos de historias. Una conversación con el director de "La Chica del Sur" antes de su presentación en el Espacio Cultural Le Parc.
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Corea 1989. Tras la caída del muro de Berlín estamos a pocos meses de que se anuncie la muerte de la Unión Soviética. El país, dividido hace más de 30 años en dos bloques, está profundamente enemistado. Tres semanas después de la protesta estudiantil de Tian’anmen en China, un jovencísimo José Luis García aterriza prácticamente por azar en Corea del Norte, para participar de un festival internacional de la juventud de distintas agrupaciones de izquierda del mundo entero. Este proyecto, financiado por la Unión Soviética, lleva a José Luis García a descubrir y filmar por casualidad a Lim Su-kyong, una joven y bella surcoreana, emblema vivo de la reunificación del país dispuesta a poner en riesgo su propia vida para conciliar las dos Coreas.

Documental político, La chica del sur es un ensayo sobre el paso del tiempo que marca el fin de una era idealista. Una historia personal que se vuelve colectiva, un amor platónico que se convierte en el desamor de un porvenir escindido. Pero como si las siglas de JLG lo condenaran a ser un cineasta de culto, La chica del sur es más que un documental, es un registro histórico y sociológico que teje varias capas de sentido, que emociona y conmueve desde lo más simple y complejo del ser humano: la fragilidad de sus vínculos afectivos.

¿Qué pasó con “La Flor de la Reunificación”, esta chica llena de energía vital  que protagonizó sus videos, 20 años después? Esta pregunta es el detonante de un viaje de vuelta al pasado que es también un viaje también de ida al futuro, y que enfrentó a García con una aventura impensable: el descubrimiento de un personaje único, tan cautivante como delicado. Entre anécdotas sorprendentes y una caminata rápida bajo el cielo nublado de Buenos Aires, esto es lo que nos contó José Luis antes de viajar a Mendoza para la presentación de su película.

Lupa: ¿Cómo nace esta obsesión con el personaje de Lim Sukyung y por qué?
José Luis García: Yo conocí a Lim Sukyung cuando todavía era una chica común, la chica del sur, de la que me podría haber enamorado, o tal vez me enamoré, a los veinticuatro años. Ella podría haber sido como una de mis compañeras de colegio. Una persona luminosa, que se reía y hacia chistes. Capaz de emprender la aventura juvenil de dar la vuelta al mundo para poder llegar a un lugar prohibido. Y tenia a la vez todo el misterio que lo oriental puede provocar en un occidental.
Fue después de su gesto espectacular de cruzar a pie la frontera militar entre las dos Coreas, antes de que nadie lo hiciera, que ella termina de transformarse en un personaje épico. Pero no es algo con lo que ella haya especulado en absoluto el resto de su vida. Todo lo contrario. Por esa rebeldía tuvo que sufrir de manera estoica la condena de una sociedad eminentemente conservadora.
Tal vez los establishment de uno y otro lado quisieran verla encerrada dentro de una estatua de bronce, inmóvil Pero ella lucha cada día por seguir siendo un ser humano de carne y hueso. Que se volvió dramáticamente humano a partir de la muerte de su hijo, en medio de la necesidad de sobrevivir en una sociedad todavía en guerra, haciendo equilibrio sobre una delgada linea gris que separa el blanco del negro que predominan a su alrededor.

¿Cómo fue que decidiste volver a reencontrarte con este personaje 20 años después? ¿Y cómo fue que te diste cuenta que el material que habías hecho hace tanto tiempo podía transformarse en un documental?
Creo que a todos los que la vimos en aquel verano de 1989 en Pyongyang, hombres y mujeres, nos impresionaron las mismas cosas: una chica tan joven, hermosa, valiente, decidida a cruzar todas las barreras políticas, militares y culturales que le ponían delante. Una especie de Juana de Arco decidida a sacrificar su vida en nombre de toda una generación, por el anhelo legítimo de reunificación de todo un pueblo. En ese momento sentí que ella, en sí misma, era la encarnación de todas las utopías que uno podía imaginarse. Sobre todo en medio de un encuentro en el que miles de jóvenes de todo el mundo no hacíamos mucho más que turismo revolucionario.
Cuando volví de ese viaje era consciente de que tenia un material muy valioso, que había registrado sin proponérmelo de antemano. Pero hoy sé que me faltaba una maduración como persona para poder articularlo, en medio de la debacle de todo aquel mundo que se había “desvanecido en el aire” vertiginosamente.
Hay un momento, cuando pasas los cuarenta, en que empezás a ver “el otro lado del río” y dejás de creer en las utopías. Aunque quisieras seguir creyendo.
Más o menos ese fue el momento en el que decidí volver a buscarla. Una búsqueda tan insensata como inevitable podría decir…

¿Cómo fuiste armando la estructura de la película? La línea de Panmujon, la frontera militar entre las dos Coreas, parece trazar cierta configuración a lo largo del film.
La frontera entre las dos Coreas es como el ojo de un huracán, donde todo esta increíblemente tranquilo mientras el mundo parece revolverse a su alrededor. El decorado de un western donde reina una tensa calma antes de que estalle un feroz tiroteo.
Un espacio absolutamente teatral en el que se representan distintos significados.
De la primera vez que aparece en la película, cuando lo visité desde el lado norte en el ’89, surge una mirada política de ese espacio, en el que se está produciendo un choque de ideologías propio de un mundo todavía bipolar.
Al volver a visitarlo desde el sur, muchos años mas tarde, la frontera de Panmunjon parece haberse transformado en un sitio turístico, un parque temático, vaciado de significado. Guiado por un soldado norteamericano, guardián de la ideología dominante, preocupado por advertirnos sobre la necesidad de los soldados surcoreanos de usar lentes oscuros para evitar las miradas intimidantes de los soldados norcoreanos.
Sobre el final, como epílogo, rescato la idea de la frontera desde un punto de vista más psicológico o espiritual. Porque aunque esa frontera desaparezca el día de mañana, como hito geográfico, siempre perdurará como umbral de las posibilidades de cada individuo para asomarse a lo otro, a lo desconocido, a lo prohibido.
Esa capacidad es lo que definitivamente admiro y me interesó explorar en el personaje de Lim Sukyung, la chica del sur, que de alguna manera pareciera seguir habitando en ese limbo entre las dos Coreas.

Hay una escena, cuando ella viene a Argentina, donde la discusión es bastante fuerte. Ella se enoja con vos por una pregunta que le hacés ¿Qué fue lo que preguntaste y por qué crees que se enojó tanto?
La pregunta está incluida en la edición: si ella creía que había una posibilidad de una reunificación consensuada o si Corea del Sur iba a terminar devorándose a Corea del Norte. Creo que ella se enojó por distintos motivos. Uno, y lo asumo como una falla miá, es la forma bestial en que encaré un tema muy sensible para ella. Tal vez la pregunta tendría que haber tenido un prólogo más extenso, para que ella fuera meditando una respuesta que le cuesta mucho dar. Ahí llegamos a otro motivo: a ella le cuesta mucho hablar de ese tema porque está ligado a la lucha por una reunificación pacifica, por la que hizo muchos sacrificios personales desde muy joven y que cada vez parece más lejana. El conflicto coreano antes era un problema pero se fue transformando en un dilema. Le cuesta asumirlo como una frustración política, no solo de ella sino de toda su generación. Y le cuesta también asumir que el norte se haya radicalizado tanto para no "hacerle el juego" a la ultraderecha surcoreana..

¿Crees que tu documental plantea dos formas de pensar el mundo, pre-muro y post-Muro de Berlín?
El caso de Corea es atípico, de alguna manera, porque "el Muro de Berlin" todavía sigue en pie ahí. Pero la reflexión que personalmente hago, pensando en ambas épocas, la de un mundo bipolar antes y otro con un liderazgo hegemónico ahora -o por ahora, hasta que China se termine de consolidar- es hasta dónde las burocracias políticas de uno y otro lado, del este y el oeste, del norte y del sur, no establecen acuerdos más o menos explícitos para perpetuarse en el poder. El caso de Corea, el fenómeno de tensión permanente, de tiras y aflojes, lo único que hace es perpetuar a dos extremismos políticos en el poder. El del norte más llamativo y el del sur más solapado. Pero radicalizados ambos.
Por otro lado, personalmente, creo que ese mundo, de las juventudes políticas, pre caída del Muro, giraba demasiado alrededor de las ideologías. Y luego se integraron otras nociones como la ecología o reivindicaciones de minorías que no se encuadran necesariamente en grandes bloques o manifiestos ideológicos.

En la segunda parte del documental, en el viaje que emprendés para reencontrarte con Corea, detenés tu mirada en los centros estudiantiles, en lo jóvenes ¿Cómo crees que piensan actualmente los jóvenes coreanos esta situación las dos Coreas?
Me pareció muy interesante que Lim Sukyung estuviera dando clases en la Universidad donde ella había estudiado y a jóvenes que tenían su misma edad cuando ella viajó al Norte en el ´89. Sentía curiosidad por ver cómo se reflejaba su imagen en ellos. Muchos estaban ahí porque sus padres les habían recomendado tomar esa cátedra. Otros de casualidad, sin saber quien había sido ella. Es una Universidad volcada a las ciencias sociales, algo que no es común en Corea del Sur, y allí, pese a todo, no había demasiado interés en debatir el conflicto coreano. Era algo lejano. Fuera de allí, entre los jóvenes, era casi como si Corea del Norte ni existiese. Hasta principios de los ´80 el nivel de vida todavía era mejor en el Norte que en el Sur pero ahora hay una brecha gigantesca, muchísimo más grande que la que había entre las dos Alemanias cuando se reunificaron. Y los coreanos del sur saben muy bien todo lo que los alemanes occidentales tuvieron que pagar y siguen pagando por su reunificación. Y no quieren saber nada de tener que hacerlo ellos. Por eso prefieren disolver el asunto en sus cabezas y hacer de cuenta que el Norte no existe. Y de a poco las diferencias no son solo políticas, sociales o económicas sino también raciales. Por la falta de una buena alimentación el coreano del norte es cada vez más pequeño, más flaco. Al revés que los jóvenes coreanos del sur.

¿Lim Sukyung vió la película? ¿Te dijo algo?
Sukyung vio la película, hizo algunos comentarios críticos, pero finalmente retwiteaba todas las noticias que salían y la ponía contenta que la película existiera. Pero a la vez, así como a los occidentales nos ataca a menudo la culpa, a los orientales los ataca el pudor. Y ella no se siente cómoda como para que la película se pase en Corea todavía. Más que por su pensamiento político, que a esta altura ya es vox populi allí donde sigue viviendo, por sus formas de trato con la gente, con sus padres, con sus amigos, con nosotros. Ella es verdaderamente muy ruda y pasa por alto todas las formas de trato muy establecidas por una moral confucianista dentro de la sociedad coreana. De fórmulas de respeto a los mayores, incluso a un amigo mayor no solo a sus padres. Ella pasa por encima de todo eso.

¿Cómo llega el cine a vos? ¿Quiénes son o fueron tus referentes?
El primer vínculo fue la cámara super 8 de mi viejo, que llevaba siempre cuando íbamos de viaje por todo el país, acompañándolo en su trabajo de ingeniero vial. Creo que empecé a estudiar cine a los 17 años para aprender algo más que solo apretar el botón de la cámara y hacerla andar. Pero la cinefilia fue creciendo con los años de estudio y de trabajo, la fui descubriendo de a poco. Mis referentes más fuertes en mi época de estudiante fueron el director Ricardo Becher, a quien tuve la suerte de tener como maestro, y al director de fotografiá Felix Monti, a quien acompañé como discípulo por algunos años. Luego, de distintos directores con los que trabajé como director de fotografiá -Martin Rejtman, Alejandro Agresti, Fernando Spiner, Mario Levin- aprendí que hay muchas formas diferentes de hacer cine. Y tengo gustos muy eclécticos a la hora de buscar referentes en general. Creo que todo esto me lleva a pensar que cada historia que uno quiere contar, cada película que uno va a hacer, tendrá la impronta de todo lo que uno vivió pero tienen a la vez su propia voz y que hay que tener los oídos muy abiertos para escucharla y acompañarla.

¿Para vos el cine es…?
Algo que sin darme cuenta va enredándose con mi vida y me ayuda a elevarme...

¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto?
En distintas ideas, de distinto tipo. Pero todas de ficción, no documentales. Van creciendo a la par, unas más rápido, otras más lento. Hay que ver cuál junta primero una buena tripulación para salir al mar nuevamente.

 

La Chica del Sur, de José Luis García / Miércoles 12 de Junio / 21hs / Espacio Cultural Julio Le Parc, Mendoza.