Presenta:

Notas

Contarte

Un montón de cosas que pasan por la mente y la experiencia antes de decir algo importante.
470471.jpg

Un río contaminado, una puente, diez monedas de un cuarto de dólar, una camisa, un cámara de fotos Minolta (analógica), un reloj a cuerda, un lápiz sin punta y la ausencia del sacapuntas, una caja con olor a pintura, un cable pelado, las manchas de humedad en las paredes, los colectivos como agentes de la polución urbana, los kioscos de diarios, los diarios, las revistas para virilizar a los machos, las revistas para feminizar a las “féminas”, las manos vacías, el cartel de venta, un farol que no ilumina, los fotoreceptores, un vestido sin dueña, una calcomanía de Greenpeace,  el perfume a colonia de viejo, el viejo, la boina, los mocasines, el bigote blanco, una cigarrera, un café cortado, la propina, el buzo de arquero del arquero, la canasta de la bicicleta, la cadena, el monedero, las llaves, las cuerdas de la guitarra, la corbata, la oficina, la sonrisa gastada de la recepcionista, la charla sobre el clima en el ascensor, el piso doce, la mueca de aburrimiento de la secretaria, los anteojos sin limpiar, el cortaplumas, el abre sobres, los sobres, las cartas de París, las noches de San Pablo, el vino barato, las pesadillas, los corchos que aparecen a la mañana, la mañana, el sol, el mate, el cansancio sin explicación, la explicación, desear el peor de los deseos, el dibujo en de tu sobrino en la heladera, el hielo, esperar sentado en el banquito, contar las botellas, error, la marca que no sabés cómo te hiciste, la ducha, la ropa en el lavarropas, la lluvia y la ropa, la canción que suena en la  radio, los comentarios del locutor de radio, la publicidad, la marea, el sol que atenta contra la sensibilidad del recién despertar, los empujones para atender el timbre, la llave que no encaja, la visita inesperada, la cotidianidad, el aburrimiento, la ansiedad, la desesperanza, la caja de fósforos, una manzana, té de manzanilla, otro cortado, el papelito vende putas que te da el mismo pelotudo todos los días en avenida de Mayo y siempre rechazás con el mismo gesto de desprecio, la billetera, el documento, anteojos de sol, cuaderno negro para tomar notas en el banco de cemento del parque en el que te sentás todos los mediodías de sábado antes de ir a buscar a tu hermano para ir a ver a tu abuela y que te cuente los mismos cuentos que la hacen sentir bien, la baja conectividad, los adoquines, los frenos de la bici que nunca te decidís a cambiar, una entrevista de laburo, los números de la lotería, un señalador que compraste unas vacaciones en Uruguay para una novia que el día que llegaste te dejó por pelotudo, la orden del médico para un estudio que al final nuca te hiciste, una abrochadora, una bolsa gigante de una cadena de librerías, un sobre papel madera que no recordás como llegó a tu poder, el contenido del sobre que tampoco recordás cómo llegó a tu poder, el volante entregado en mano en la vía pública de una librería que importa libros de esa editorial de Barcelona que tanto te gusta pero nunca te da el bolsillo para comprar ninguno de sus títulos, batería baja, las ganas de salir, buscarte, tocar timbre, esperar, saber que estás y pensar que no escuchaste el timbre, insistir, bajaste, te vi, te abrazo, te cuento todo lo que he hecho desde anoche, ponés música, la mesa en el balcón, las sillas, la pava, nos cae la noche encima, antes disfrutamos un poquito la tarde, seguimos con el mate, prendés la luz del balcón porque se dificulta la lectura, Rancière vos, Latour yo, levantar la mirada y verte concentrada, esperar en vano que llegue un mate, preguntarte algo, cualquier cosa, en serio cualquier cosa, dejar la lectura por un rato, hablar de lo que nunca hablamos a pesar de conocernos hace años, nunca sé como decirte aunque te aturdí cuarenta minutos hasta que nos sentamos a leer enumerándote todas las cosas que pasaron por mi campo perceptivo desde las seis de la tarde del viernes hasta este momento, tomar coraje, contarte, me voy a buscarte.