Notas
El progreso-la censura, J M Coetzee en la Feria del Libro de Buenos Aires
Hablar en primera persona
“-No te olvides de llenar la solicitud al concejo australiano a tiempo.
-¿Qué solicitud? –Respondí
-La solicitud de beca, con tu trayectoria no creo que tengas problema en conseguirla”
La historia que nos cuenta Coeztee, nos conduce al interior de supropia biografía, desde el 2002 con su “recomenzar” en Australia, hacia la prehistoria de sí mismo en los tiempos del Apartheid. Al llegar a Australia fue alentado a solicitar el apoyo del “Consejo Australiano de las Artes” para desarrollar su trabajo como escritor. Al enterarse de aquella novedad, sus esquemas sobre el modo de operar del Estado respecto a los artistas, se desnaturalizaron para resignificarse. “En Sudáfrica, el gobierno nunca apoyó a los escritores. En Sudáfrica el único organismo que alguna vez se creó en relación con los escritores tuvo la tarea de dificultar que continuaran con su trabajo, no de ayudarlos”.
La censura como práctica estatal, fue un fenómeno común en Sudáfrica hasta alrededor del año 1990, cuando comenzaba a desmantelarse el aparato creado por el gobierno del Apartheid. El sistema de censura funcionaba desde las sedes editoriales en Londres, donde se enviaban los manuscritos y eran corregidos. Así, no sólo se cercenaban las obras, al mismo tiempo se continuaba la colonización, en base a la eliminación de las huellas del lenguaje de la vida cotidiana, dejando la experiencia sudafricana genuina como un rasgo de “color” en un mundo colonizado. Al retornar las obras eran puestas a disposición de un comité anónimo de censores que emitían un veredicto sobre la “peligrosidad” o “publicabilidad” de las mismas. El motivo era doble: asegurar la salvación de la Sudáfrica blanca y evitar la infiltración comunista. Fundamentalmente controlar la moral pública y la raza, a la luz del discurso racial del SXIX.
A este sistema fueron expuestas sus tres obras que Coetzee tomó como referencia durante la conferencia: En medio de ninguna parte, Esperando a los bárbaros, y Vida y época de Michael K. Todas ellas, siendo aprobadas. Lo particular del caso, es que una vez desmantelado el Apartheid, los informes de los censores fueron recuperados y puestos a su disposición por parte de Hermann Wittenberg. Allí descubrió cómo algunos colegas, operaban el límite de lo apropiado y lo inapropiado, erigiéndose gendarmes en la frontera de dos mundos mutuamente implicados: el de las letras y el de la vida.
El devenir censor
“Podemos dar todos por sentado que como escritor profesional yo voy a ser hostil al concepto de la censura; mi interés más bien tiene que ver con lo que subyace a los sistemas de censura y en particular a lo que motiva a las personas, muchas de ellas personas cultivadas, inteligentes, educadas, a participar en actividades de censura”
Más allá de rechazar cualquier tipo de censura, más aún pensada como una “tecnología de poder”, organizada como una práctica social, y al mismo tiempo como un engranaje de la máquina burocrática para el mantenimiento del orden moral, los informes de los censores burócratas-intelectuales (auto)convocados por el reino que ayudaron a producir -el de las letras- pero con la pretensión de superioridad moral para juzgar los peligros del mundo delmundo literario respecto al orden moral que organiza la vida, no se equivocaban en un punto: el refinamiento y elitismo intelectual del universo literario (incluyendo esta lectura-conferencia) de Coeztee.Lo mismo que el burocrata, sin animosidad, se mueve en un universo de complejidad y distinción que cuesta acompañar.
Pero volviendo a la conferencia, la personalidad del censor, según Coetzee se estructura, digamos de forma dual: con un costado burocrático, de repetición en la tarea, y al mismo tiempo con un costado policial, silencioso y siempre alerta para la delación. Quizás uno de los puntos más peligrosos en la labor del censor, asumiendo este tipo de prácticas sociales, sea la falta de animosidad en la tarea cotidiana, la misma alienación en el trabajo que el maquinista del tren que llevó a Auschwitz a Cyrla Szulewicz –madre de George Perec, idea que Hannah Arendt retratara en su libro sobre Eichmann. Arendt señalaba la ausencia de odio, o características psicopáticas en la función genocida, o la función dentro de la máquina genocida del Estado, como fuera el nazismo. En el caso presentado por Coetzee, se rescatan muchas de estas ideas al momento de nombrar la tarea de sus censores. Personas normales, profesores, incluso, la mayoría de su conocimiento –en diversos grados de anonimia e intimidad, más anonimia que otra cosa, pero conocidos al fin. Pero Coetzee se ocupa de remarcar una salvedad, que es funcional a lo mismo que lo salvó de ser censurado: reconoce la falta de alienación en la tarea de los intelectuales censores. No puede ver en sus colegas, aun desarrollando una tarea nada feliz, como extrañados de sí mismos. Ese mismo sentimiento de pertenencia que lo salvó de la censura, el reconocimiento por parte del censor de que Coeztee escribía para ellos y no para el vulgo, es la defensa que hoy realiza a ese mismo mundo elitista al no poder condenar a sus censores como condena su labor en tanto censores.
El progreso, la condena
“La verdad es que no existe el progreso cuando se trata de la censura. Llevamos el impulso censor en lo más profundo de nosotros. Cuando se nos niega un objeto de deseo encontramos otro. Cuanto más cambian las cosas, más iguales permanecen”.
En este punto reside su énfasis en la práctica de la censura más que en los censores mismos asumiendo su papel. Porque los cuerpos y las conciencias se suceden en la historia de los pueblos, pero se heredan las formas, y el peligro real es aquél. Porque la censura trasciende los mares de los tiempos y se muestra como vía, como camino, y ya no importa “lo qué”, pues su característica es instalarse en el corazón del ser humano, sin necesidad de objeto fijo.