Notas
Entrevista a Agustín Mendilaharzu
Tanto vos como Walter Jakob vienen en principio del mundo del cine. Sin embargo sus obras son muy teatrales.
¡Qué bueno! Sí, como se va informando a través de la palabra, yo nunca hubiera escrito para cine de la misma manera que escribo para teatro. Acá los personajes hablan sin parar durante casi dos horas y les son permitidas muy pocas acciones, como emocionarse, enojarse, etc.
Viniendo del cine, ¿cómo fue tu acercamiento con el teatro?
Era algo que me había interesado toda la vida, de chico fui mucho al teatro con Osvaldo Bonnet, que es algo así como un padrino, él en esa época ya era casi una institución, así que ir al teatro con él era toda una experiencia, íbamos al San Martín, al Cervantes y después visitábamos los camarines.
Ya de chicos con Joaquín Bonnet (hijo de Osvaldo) escribíamos teatro para nuestros padres.
Para mi estudiar teatro siempre fue estudiar "actuación" yo era muy tímido y muy acomplejado. En cambio el cine iba mejor con mi personalidad.
Walter y Joaquín empezaron con actuación primero, y me comentaban sus experiencias en los talleres y era fascinante lo que contaban. Un día me comentan que Daulte estaba empezando un taller de actuación y me dijeron que era un lugar en el que me iba a sentir cómodo, llame fui a una entrevista, me gustó mucho y empecé.
Y gracias a estos tipos comenzamos a sumergirnos en ese mundo, a ver obras, y eso derivó en una especie de enamoramiento con el teatro.
¿En qué momento aparece la necesidad de convertirte en dramaturgo?
Eso fue al año siguiente de comenzar el taller de actuación. Un día, Daulte nos comenta que abría uno sobre dramaturgia, así como al pasar. Walter toma la iniciativa, me dice que lo va a hacer y que cree que yo también debería hacerlo. Ya para ese momento estábamos muy enamorados del teatro y del método de Daulte que era muy bueno, con una jerga muy sencilla, con herramientas que se amoldaban perfecto a tus manos, con argumentos muy sólidos.
Al mes de taller yo ya lleve el primer boceto de lo que se convertiría en "Los Talentos".
"Los Talentos" es una obra que comenzaste escribiendo solo y que es muy autobiográfica ¿Cómo te sentís, por decirlo de alguna manera, reviviendo todas las semanas esa época de tu vida? Es una especie de espejo del pasado....
Creo que recién pude terminar de escribir la obra, cuando pude dar un paso significativo que me distanciaba de ese personaje. Yo no voy a dejar de ser esencialmente ese, pero en un punto esa cosa de que están muy trabados y que no saben bien que hacer de sus vidas, ya no es mi realidad yo en un momento me salí de eso, forme una pareja, etc., y ahí fue cuando pude escribir la obra.
La primer parte la obra la escribí yo solo, hasta que entra el personaje de Denisse, (ese fue un aporte de Walter, que le pareció que el material pedía la entrada de una mujer, aunque yo en principio tenía la idea de los tres personaje masculinos solos), toda esa segunda parte la pudimos hacer solo cuando habíamos podido dar un paso que nos alejaba de aquel momento.
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Hay algo muy tierno en ambas, sobre todo en "Los Talentos", estos adolescentes intelectuales, que cuando aparece una chica, no saben qué hacer...
Sí, sí, a mí me importa mucho la ternura, me di cuenta de que ahora se le está dando más valor a la "ternura", las chicas dicen "ay mira que tierno", creo que si hubiera sido adolescente en esta época, hubiera ganado como loco (risas). De pronto el mundo se simplifico para los chicos mas intelectuales, algo así como "La venganza de los Nerds".
Yo siempre pensé que la ternura era una cualidad que tenia.
Sus obras tienen un tinte muy intelectual, desde el texto y demás, pero sin embargo son muy teatrales, cuando digo teatrales me refiero a como concibo yo al teatro, que debe ser para que todos puedan ver y entender. Tanto en "La Edad de Oro" como en "Los Talentos", el texto no es familiar pero sin embargo uno entiende perfecto todo.
Sí, eso se lo debemos bastante a Daulte, en sus obras se ve mucho eso, personajes hablando sin parar en una jerga más extraña... Y después algo que los vuelve más universales, que tal está enamorado de tal, siente celos de tal. Esa forma de trabajar la aprendimos en sus talleres.
Es un trabajo de dramaturgia complicado, pasamos mucho tiempo escribiéndola y en este punto me felicito por haber tenido paciencia y haber dejado que el tiempo fuera haciendo su trabajo también, tanto Walter como yo teníamos muy claro que íbamos a empezar a ensayar la obra una vez que estuviésemos seguros del material.
Vos sos parte del PAMPERO CINE, ustedes tiene una forma muy teatral, me refiero al hecho de manejarse como cooperativa, en este caso haciendo cine.
Sí, me parece que en un momento dado, Mariano (Llinás) desde el cine y nosotros con Walter, que ya estamos más adentrados en el mundo del teatro, vimos cómo se hacían espectáculos geniales, con una precariedad importante de recursos, y nos dimos cuenta de que si esa gente podía hacer eso, también lo podíamos llevar al universo del cine.
Hay una gran anécdota sobre el estreno de "Los Talentos" que involucra a Llinás...
Si, básicamente LOS TALENTOS. Está basada sobre todo en mi relación con él, Mariano es una persona con una memoria infinita, el día del estreno estaba sentado en primera fila, Walter y yo desde la cabina, comienza la obra y el personaje de Joaquín (alter ego de Llinás) interpretado por Julián Larquier, frente al pizarrón con la cara en blanco, con Walter en la cabina diciendo qué hacemos, de pronto vemos que se acuerda y lo escribe, volvimos a respirar, termina la función, y a la salida le digo a Julián, "Uy que garrón el blanco que te agarró, menos mal que te acordaste". Él me dice, "¿No te diste cuenta qué paso?, Me lo dijo Mariano".
Fue una especie de conciencia viva del personaje, la persona real le dictó a quien interpreta su alter ego la letra. Fue increíble.
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En sus dos obras la entrada de la mujer siempre refiere a un quiebre.
Sí, tal cual, en "Los Talentos" fue lo que la materia pidió y en "La Edad de Oro" un poco lo pedía el material y por otra parte fue una especie de chiste en un momento nos miramos y dijimos: "Sí, hagamosló". Nos pareció divertido volver a usar la misma fórmula.
Ambas obras tienen un lenguaje muy particular, una jerga propia, pero no alejan al espectador, todo lo contrario.
Sí, para mí era muy importante la utilización de cierta "jerga", pero también dejando muy en claro ciertos puntos: en "Los Talentos", estos adolescentes muy particulares, por cierto, no dejan de ser porteños en un momento y lugar definido.
En "La Edad de Oro", claramente era una obra que no podía situarse en Buenos Aires, para que esa colección tuviera el valor que tiene.
Por último, recomendame una obra para ir a ver
"Rosa Brillante"

