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Notas

La despedida de un Señor de Teatro

Nos despedimos de Alejandro Urdapilleta, repasando su historia desde el icónico centro artístico Parakultural
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“La piedad”

Mi casa es rara.
Soy un ser raro.
Despierto, por la mañana,
rezo plegarias,
me visto de persona normal, al rato el sol
me resulta hartante.
Me disfrazo de malhumorado,
bajo las cortinas,
las persianas, todo cerrado.
Siempre recuerdo
con mi esposa
desayunábamos Criollitas, miel, café, licorcitos.
Mi esposa Noemí no murió de causas naturales,
le rompí la boca contra una estatua de mármol
en el Rosedal
a las cuatro de la tarde
en un verano perfecto
de sol radiante.
Desde ese día
se vive raro.

[…]

“Este libro es para vos”, me dijo mi tía Susana una Navidad. Así fue como me topé hace varios años, por primera vez, con Vagones trasportan humo. Así fue como ingresé al universo de Urdapilleta. Así fue como entré en contacto con su inmensidad. Actor. Escritor. Guionista. Simplemente inmenso. Nació en 1954 en Uruguay, a causa del exilio de su padre Coronel tras un levantamiento contra el presidente Perón.

Fue uno de los ejes principales del Parakultural, centro artístico multidisciplinario que, en los comienzos de los años ’80, en plena recuperación de la democracia, engendró artistas como Batato Barea, Humberto Tortonese, Alejandra Flechner, Verónica Llinás, entre otros y propuestas como La moribunda, La carancha, Urdapilleta en llamas, Poemas decorados y Carne de Chancha.

En la década del ’90 desembarcó en la televisión de la mano de Antonio Gasalla, y conformó junto a Humberto Tortonese una brillante y desopilante dupla en el recordado canal ATC. Luego inmortalizó en la pantalla de Tumberos a “El seco”, un revolucionario de los años setenta por el cual se ganó un Martín Fierro. En cine participó de películas como La niña santa, Toda la gente sola, Los santos sucios, No le mientas al Diablo, Vivir mata, La sonámbula, recuerdos del futuro, y hace menos de un mes, Un paraíso para los malditos, un film de Alejandro Montiel.

También recibió dos premios ACE por El relámpago y por su recordado papel de Polonio en Hamlet.

Me llamo Alejandro Urdapilleta, y trato de ser una persona normal.
No me gusta la televisión, me pongo nervioso, soy un tarado.
Me encanta ensayar, estar arriba del escenario, estar solo, ayudar a mis padres en este momento.

No me río demasiado de lo que está hecho para reírse, no me causa gracia eso. Me causa gracia la tilingada, la careta, la idiotez.

Me hace llorar cualquier cosa. Una propaganda, por cualquier cosa lloro.

Puede ser que para más de uno, el 1 de diciembre haya sido un día más entre los de un ajetreado fin de año. Pero el 1 de diciembre de 2013 no fue un día más. El 1 de diciembre de 2013 despedimos a UN SEÑOR ACTOR.

“La piedad”

[…]

Ya van seis noches
que espero
porque hoy es lunes,
el día de la luna
no quisiera matar,
sería mucha sangría,
puro fuego blanco.
Preferiría: el cuerpo echado
en una hamaca
en una playa
en el Caribe
pero al primer daikiri
tendría ganas
de aniquilar y descansar.
Iría a mi habitación
del no sé cuánto resort
y trataría de pegar alaridos,
jamás pude pegar alaridos
y me decidiría
por cagar a trompadas
a la negra rastamana
del room service
al verla en la habitación,
recogiendo mis calzoncillos
tan negra la negra,
de una patada en el culo
daría la crisma contra el bidet
pero qué me importaría
esta sarta de idioteces,
si se apareciese dios
solamente por él
sentiría piedad
después de matarlo.