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El arte marcial de Wong Kar-wai

La extraña mixtura que genera El arte de la guerra puede ser una nueva puerta para acercarnos al cine de Wong Kar-wai. La historia de un chino entre Cannes, Hollywood y Buenos Aires.
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Está claro que quienes vayan a ver El arte de la guerra en busca de una película de artes marciales, saldrán decepcionados. Lo mismo sucederá con quienes tengan la expectativa de encontrarse con “una típica película de Wong Kar-wai”. Y es que lo que puede confundir es que efectivamente  se trata de una película de género –el universo del kung fu está allí, no solamente en la historia, sino en la coreografía de las múltiples peleas que estructuran el film– pero  es un género siempre filtrado y  transformado por la mirada de Wong Kar-wai. Si están dispuestos a aceptar la combinación, entonces El arte de la guerra es para ustedes.

¿Pero por qué se puede hablar de una “típica película de Wong Kar- wai”? El director-autor (si es que esa categoría todavía cabe) comenzó su carrera dirigiendo films de género que están bastante hermanados con El arte de la guerra, como  Ashes of Time  de 1994, que también se centraba en el mundo de las artes marciales, o los policiales negros As tears go by (1989) y Days of Being Wild (1991). Este último es, además, su primera colaboración con su legendario Director de Fotografía Christopher Doyle, figura central en todo lo que tiene que ver con la atmósfera y los climas  generados en los films del director.

Sin embargo, es Chungking Express (1994) el film que lo lanzó al estrellato internacional. Si bien este es  uno de  los más“desprolijos” y eso hace que se aparte un poco  del “estilo” Wong, tiene ya  elementos que luego se repetirán en la filmografía del director (desencuentros, desamor y miedo a la soledad,  siempre combinados con la mejor banda sonora posible)  y algo que no es usual encontrar en el resto de sus películas: humor, liviandad y ligereza.

Pero su obra maestra casi podría decirse que es Argentina. En  1997 el director filmó  Happy Together en nuestro país y esa película fue un quiebre en su filmografía. Esta historia sobre una pareja en crisis que viaja hasta aquí para salvar su relación, protagonizada por Leslie Cheung y Tony Leung (actores fetiche de Wong Kar-wai) es sin duda la película donde se empieza a trabajar más en profundidad el tema trágico de la “imposibilidad” de estar con el ser amado (tema que será central también en Con ánimo de amar, del 2000 y en  2046, de 2004). No seríamos los primeros en decir que Wong Kar-wai filmó Buenos Aires como nunca jamás lo hizo ningún porteño, que nunca volveremos a ver el colectivo 29 ni el barrio de La Boca del mismo modo luego de haber visto Happy Together. Toda la experiencia de este rodaje quedó registrada en el documental Buenos Aires Zero Degree en el que además se incluyen escenas que no formaron parte del corte final de la película, y que tiene joyitas tales como un encuentro con Maradona y varias declaraciones del director, quien admite que al no hablar ni una palabra de español perdió el sentido del tiempo y vivió una suerte de “exilio”. Esta película le valió el premio al mejor director en el Festival de Cannes  ese año, y fue la que posibilitó el terreno para Con ánimo de amar, que muchos consideran su película “definitiva”.

El melodrama-tanguero de  Happy Together le da paso  al bolero, al Hong Kong de los sesenta, y a la hermosa e imposible historia de amor entre dos vecinos (Maggie Cheung y Tony Leung)  que descubren que sus respectivas parejas los engañan,  y terminan enamorándose pero siempre bajo la promesa de nunca ser como  ellos. Esta vez la música y  la fotografía de Doyle (los ralentis, marca autoral de Wong, en esta película llegan a ser una parte central de la narración, dislocando los planos, alargando las escenas, causando una extraña sensación espacio- temporal) están al servicio de una estética mucho más perfeccionista y prolija que en sus películas anteriores. Esta estética se repite (un poco menos felizmente) en la secuela de este film – que ya a su vez era la continuación de  Days of Being Wild-, en la que Chow, el periodista interpretado por Tony Leung vuelve, años después, a preguntarse por la (im)posibilidad de amar. La novela que tiene en marcha comienza a mezclarse con la “realidad” del film, generando nuevamente ese juego de espejos, ese ida y vuelta entre presente y pasado, esa ambigüedad onírica tan típica del director.

Después de esto llegó  el corto The Hand, parte del proyecto Eros (que incluía otros dos cortometrajes eróticos, dirigidos por Antonioni y Soderbergh). Y luego, esa incursión en el cine Hollywoodense que fue El sabor de la noche (no muy bien recibida en nuestro país), donde su particular universo se vio invadido por actores del estilo de Jude Law o  Natalie Portman. Fallida por donde se la mire, tal vez  su única escena lograda sea aquella donde aparece la cantautora Cat Power –y la inclusión de sus temas Living Proof y The Greatest  en la banda sonora–.

Tuvieron que pasar varios años hasta  El arte de la guerra.  Desde  el rodaje de Happy Together,  Wong Kar-wai venía interesado en filmar una historia sobre Bruce Lee ( gracias a  haber encontrado en un kiosco de diarios de nuestro país una publicación sobre el astro) y finalmente terminó centrándose en su maestro Ip Man, y en cómo él mismo llegó a convertirse  en una de las  figuras más influyentes de las artes marciales.

Película ambiciosa, mezcla la historia personal de Ip Man con escenas de batallas ( las más bellas sin duda son las que comparte junto con Gong Er, su “amor imposible”) y le agrega un elemento hasta ahora no muy central en las películas de este director: la Historia. Porque es la invasión de Japón a China la que modifica toda la vida de Ip Man y lo vuelve un verdadero guerrero.  Y si en este film el amor no es tan importante como en los otros, es porque Ip Man y Gong Er no tienen  ni ánimo ni tiempo para amar : tienen otros planes en mente. Esto tal vez sea lo más triste (porque sí, las películas de Wong Kar-wai son, sobre todo – y siempre– tristes) y lo que la hace más amarga que las demás. La historia de amor nunca llega a volverse central, y es eso lo que a los admiradores del director los deja desconcertados. La amargura de un amor que no está ni siquiera más que insinuado está contrarrestada con las mejores coreografías de batallas. Entonces: una película de artes marciales,sí, pero también una película de Wong Kar-wai. Eso nunca puede ser malo.