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Gravity: Danzando con el miedo o la experiencia de la nada

El mexicano Alfonso Cuarón lo hace de nuevo y rompe la taquilla mundial con el estreno de la impactante Gravity, una ‘película del espacio’ que no se parece a ninguna otra.
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Alfonso Cuarón es, junto a sus compatriotas Guillermo Del Toro y Alejandro González Iñárritu, uno de los “niños mimados” de Hollywood. También probablemente sea el más talentoso de los tres, aunque esa es otra discusión.
En su filmografía destacan películas tan disímiles como Y tu mamá también ( esa road movie hot  con Gael García, Diego Luna y Maribel Verdú), Harry Potter y el prisionero de Azkaban ( la tercera de la saga, para muchos la mejor) y Niños del hombre (proeza técnica post apocalíptica protagonizada por Clive Owen) . En todas ellas demostró que podía combinar una impecable fotografía (su habitual colaborador suele ser Emanuel Lubezki, cinco veces nominado al Oscar y responsable también de la fotografía de películas como The Tree of Life, de Terrence Malick) con guiones sólidos, y una gran dirección de actores.Ya Niños del hombre había causado un revuelo importante: su planteo fatalista (mostrado siempre con los mejores planos secuencia que se han visto en mucho tiempo) dio lugar a múltiples interpretaciones, ensayos, críticas, reflexiones. Luego de eso, Cuarón no dirigió más nada por siete años. En el medio creó (junto a Iñárritu y Del Toro) la productora Cha Cha Chá Films, que arrancó como promesa (millonario acuerdo con Universal de por medio) y terminó en la quiebra, habiendo producido nada más que dos de los cinco films ideados en un principio: Rudo y cursi (sí, la de Gael, Diego Luna y ‘Francella’) y Mother and child, del hijo de García Marquéz, Rodrigo García.

Y ahora llegó ese “hito” en el cine 3D que es Gravity.

No hace falta decir que tras su estreno la semana pasada,el público está maravillado, que ya recaudó  90 millones en todo el mundo, que la crítica la adora, que es una de las favoritas para los Oscars y que James Cameron dijo que es la “mejor película del espacio jamás realizada”. O sí, pero nada de eso debería importar demasiado. Lo que hace falta es verla.

En tiempos en los que ya ni siquiera sabemos bien para qué vamos al cine, el 3D puede ser una buena respuesta. Al menos Hollywood pensó eso y en un momento comenzó a producir una cantidad indiscriminada de películas con un 3D bochornoso e injustificado.

Pero Gravity es otra cosa. Es de esas películas que valen la pena por la experiencia misma de ir al cine a enfrentarse con el negro más negro, con el silencio más absoluto, y con la desesperación más grande. Ir al cine solo para ver la secuencia inicial, ya con eso deberíamos estar hechos.

En esta película Cuarón combina, nuevamente, la maestría de Lubezki  y su pasión por los planos secuencia. Y, para variar, le sale bien. Esos planos engañosos que tanto le gustan al director, acá se disfrutan el triple, porque realmente sentimos el vacío, los cuerpos que no pesan nada y el peligro inminiente que nos brinda la nada más absoluta.

La historia tiene sus problemas: al planteo clásico de los personajes opuestos de Clooney (Kowalski, un experimentado astronauta en su última misión) y Bullock (Stone, una científica en su primera) hay que sumarle una hija muerta, un trauma irresoluble, un poco de melosidad. Pero, y no es por ponerse formalistas (o tal vez un poco sí), el hecho de que exista una película así, con tanto amor por mostrar el movimiento de los cuerpos  y con tanta proeza a la hora de hacerlo (en épocas en las que sin duda no abunda ni la proeza ni la verdadera exploración del lenguaje cinematográfico) nos vuelve un poco más ‘tolerantes’ ante ciertas cosas.

Si ya dejaron de ir al cine hace rato porque “no vale la pena”, pueden volver a probar con Gravity. Van a ver que el cine era eso. O mejor, que el cine puede ser eso.