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Notas

Punto de vista: Lucía Puenzo

Lucía Puenzo, directora de Wakolda, habló con Lupa luego de que su película fuera seleccionada para representar a la Argentina en los Premios Oscar 2014.
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Además de haber sido seleccionada en la sección del Festival de Cannes Un certain regard, acaba de adquirirse para su estreno en Estado Unidos. Tras llevarse, entre otros premios, los galardones a Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Actriz (Natalia Oreiro) y Mejor Actriz Revelación (Florencia Bado) en el Festival UNASUR, la película ya fue vista por más de 62.000 espectadores y entra en su segunda semana en cartel sin perder ni una sola de las pantallas en las que se estrenó.

Es el año 1960, y Lilith y su familia van rumbo a Bariloche. Sus padres, Enzo y Eva (Diego Peretti y Natalia Oreiro) acaban de heredar uno de esos hoteles magníficos perdidos en medio de la patagonia argentina que bien podría ser el de El Resplandor (1980, Stanley Kubrick). En el camino se cruzan con un  extranjero (Alex Brendemühl) que les pide hacer con ellos la ruta del desierto en caravana. Al llegar a destino, insiste en hospedarse con la familia. El hombre, elegante y cortés, simpatiza inmediatamente con Eva, cuya educación alemana revela poco a poco la oscuridad de su/La Historia.

Declarado médico especialista en genética, el extranjero establece un vínculo particular con Lilith (Florencia Bado) por quien siente una fascinación tan profesional como fetichista. Por su parte, Lilith también se siente atraída por él, en una versión de lo que podría entenderse como el primer gran amor de la niña. La película arranca con Lilith saltando a la cuerda en medio de un paisaje avasallador y vacío. El médico alemán la observa de lejos. “Hubiese sido el espécimen perfecto,” narra Lilith, “de no haber sido por mi altura”. Lilith, dentro de su cuerpo de diminuta ninfa, tiene 12 años y se convierte en el foco de atención del forastero que la convierte en uno de sus experimentos médicos.

Wakolda, basada en su propia novela homónima, es el tercer largometraje de la cineasta y también narradora Lucía Puenzo. Si con XXY (2007) y El Niño Pez (2009), la directora puso en escena las inquietudes de jóvenes explorando su sexualidad y descubriendo su lugar en el mundo, en Wakolda, el tema de la identidad se exacerba en un despertar que trasciende lo sexual para descubrir la propia identidad como la oscuridad de la Historia.

¿Cómo funciona en tu cabeza eso de escribir primero una novela y convertirla después en película? ¿Escribiste esta novela pensando en que después ibas a hacer una película?
No, para nada. Cuando la escribí no tenía la menor intuición de que años después iba a ser una película. Tardé un año y pico en escribirla, la publiqué, y casi un año después estaba escribiendo otro guión que abandoné para empezar a escribir la primera versión de Wakolda. 

¿Te considerás una escritora que hace películas o una cineasta que escribe?
Las dos cosas. Me gusta que haya años para escribir y años para filmar.

¿Cuáles son las ventajas y las desventajas de adaptar un guión de una novela propia?
Escribir una novela y filmar una película no tienen nada que ver, incluso te diría que son lenguajes opuestos. Cuando escribo literatura no tengo idea hacia dónde voy ni tengo que explicárselo a nadie. Puedo desviarme, perder tiempo, probar rumbos que después no lleven a nada. El cine es pura planificación. Supongo que por eso lo que más me gusta de filmar son las semanas de rodaje y la edición, porque ahí vuelve a aparecer algo que se acerca a la escritura: en el rodaje aparece lo imprevisible. Aunque haya un plan de rodaje, siempre pasan cosas que lo sacuden. Las semanas de edición son lo más parecido a escribir: en un caso con palabras o frases, en el otro con tomas o escenas… Vuelve a haber silencio, no hay que darle respuestas a nadie, ahí es dónde de verdad aparece la película. 

Las semanas de rodaje la paso tan bien que hacen que valga la pena el año y medio que se tarda en llegar a esas seis o siete semanas. La mayor diferencia es la soledad o el trabajo en equipo, la calma de la literatura y el vértigo, caos y enjambre de voces del cine. Por suerte en mis películas somos cada vez más los mismos de siempre. Somos amigos y nos conocemos muy bien, así que tenemos mucho terreno ganado.

¿Te encontraste con problemas para pasar de un soporte al otro, del texto a la imagen?
Sí, problemas, diferencias… Que la novela y la película sean tan diferentes es parte de lo que hace divertida la adaptación. Para mí son experimentos, tuve la misma sensación cuando adapté El niño pez. Formas de entender, en la práctica, ciertas cuestiones que pueden estar claras en la teoría pero que ahora las tengo completamente incorporadas, como la importancia del punto de vista, del tono, del ritmo, los géneros y la mezcla de géneros, el peso de los cuerpos en el cine… por nombrarte algunas cuestiones que fueron centrales a la hora de adaptar estas dos novelas.

¿Cómo nace la historia de Wakolda?
En uno de los muchos viajes que hice por tierra desde Bs As a Bariloche. Hice ese viaje de chica con mis papás y mis hermanos, de adolescente como mochilera, y después varias veces más, la última con Sergio y su hijo Blas. En ese viaje ví unas nenitas jugando en medio de la ruta del desierto. Al llegar a Bariloche empecé a escribir esa escena que da comienzo a la novela y la película, en la que una familia se encuentra con un alemán que huye de algo… Desde ahí, tirando de a poquito de la piola, fue saliendo el resto de la historia.

¿Por qué te interesaste en el personaje de Mengele y los nazis que vinieron a refugiarse a la Argentina?
Leo sobre los cientos de Nazis que se evaporaron en Argentina y en todo latinoamérica desde mi adolescencia. Nunca entendí por qué hay tan pocas películas y novelas sobre el tema, creo que hay cualquier cantidad de historias para contar ahí. Yo entré por esta familia, por esa adolescente que está en pleno despertar sexual y también ideológico… y se encuentra con este forastero que la fascina y la enamora.



¿Cómo fue la experiencia de estrenar la película en Cannes?
Nos enteramos que quedamos seleccionados en la sección oficial muy pocas semanas antes de que empezara el festival, así que tuvimos que correr bastante para llegar con la copia a tiempo, y esa proyección en esa sala de cine gigante de casi 2000 personas fue la primera proyección de Wakolda. Antes de eso no la habían visto más de 5 personas…te imaginarás que temblé de principio a fin. No tenía idea cuál iba a ser la reacción del publico, que por suerte fue buenísima. Muy cálida.

¿Como definís la estética de tus películas? ¿Se define en la pre-producción, en la edición, en el trabajo con los actores..?
Desde la primera versión del guión sabía qué historia quería contar.
Tomo casi todas las decisiones "estéticas" antes de ponerme a filmar. Por suerte las cabezas de equipo son casi siempre las mismas. Nico, mi hermano, que fue el director de fotografía, Marce Chavez, el director de arte, Nico Batlle, el productor ejecutivo, Fer Soldevila, el sonidista, Hugo Primero, el editor… Todos leyeron desde las primeras versiones del guión… Mi sensación con ellos es que siempre quisieron y defendieron este proyecto tanto como yo, les estoy muy agradecida por esto.

¿Cómo es la elección de los actores de tus películas?
Lenta. En Wakolda empezamos a buscar a la nena protagonista junto con María Laura Berch unos 8/9 meses antes… vimos cualquier cantidad de nenas y no aparecía. La encontramos a la salida de su escuela. Flor nunca había tomado ni una clase de teatro. Trabajamos seis meses con ella. El casting de Mengele también fue difícil, por suerte al final lo encontré.

¿Qué características buscas en ellos a la hora de representar a tus personajes?
Sé lo que busco, pero tardo mucho en encontrarlo. Y hasta que no encuentro al actor o actriz indicada no termino de cerrar el personaje.

¿Cuando eras chica, ya sabías que querías ser cineasta? ¿Qué llegó primero, el cine o la literatura?
La literatura. No sabía lo que quería ser en lo más mínimo. Me encantaba leer. Siempre fui muy lectora. Quería estudiar Letras para tener la excusa de pasarme unos cinco o seis años leyendo. Empecé a escribir literatura a los veinte años, y a publicar poco después. Además de Letras estudié Guión en la Escuela del INCAA, el ENERC, en la especialidad de Guión. Me encantaba esa mezcla de la UBA, que era el mundo de lo teórico, y el ENERC, en el que filmábamos varios cortos por semana. Recién muchos años después, más de quince, de dedicarme solamente a escribir, empecé a dirigir cortos y después mis películas. 

¿Qué lugar le das al espectador en tus películas?
Más que el lector o el espectador así en genérico, tengo mis primeros lectores y espectadores, que son Sergio Bizzio y un par de amigos de mi absolutísima confianza que siempre están ahí cerca para leer las primeras versiones de todo y darme buenas devoluciones, y yo hago lo mismo con sus proyectos.

¿Te interesa que el espectador se cuestione sus propios juicios?
No me lo propongo de antemano. Cuando escribo estoy sola con el texto, no pienso en lo que va a venir después.

¿Cómo pensás la moral en el cine?
En algunas películas ocupa un lugar central. En otras películas está claro que no fueron pensadas a través de la óptica de la moral, a mí me gusta más este cine. No me gusta el arte condicionado por la moral.

¿Y en tus películas?
No es algo que me preocupe ni en lo que piense mientras escribo. Por sobre todo, mis novelas y guiones son ejercicios de imaginación, aunque tengan elementos históricos o reales, y como ejercicios de imaginación está bueno intentar manejarse con toda la libertad posible.

¿En la literatura es distinto?
No, es exactamente igual.

¿Estás con nuevos proyectos en mente?
Una nueva novela que se llama Los invisibles y tuve que abandonar cuando empecé el rodaje de Wakolda. Estoy escribiendo un guión con Sergio (Bizzio) para filmar en Antioquia, Colombia, a fines del año próximo. Nos contrataron unos productores brasileros y ahora me proponen ir a filmarla a fines del 2014.