Notas
Último adiós a la mujer que dedicó su vida a bordar esperanzas
Murió este domingo una anónima luchadora social, Alicia Casadío de Silva. Fue una dirigente vecinal impecable que dedicó su tiempo a buscar mejores formas de vida para sus vecinos.
El balazo en el pecho que en mayo pasado mató a su nieto de 21 años rizó la lozanía de Alicia Casadío de Silva. Ninguna adversidad le fue ajena y ninguna -valga su porfía por la vida- le había hecho tanta mella como la violenta pérdida de un nieto en las garras de la inseguridad mendocina.
Achacada de puro vivir, no más, hizo fuerza todos los días que siguieron a aquella fatídica fecha para llegar al 18 de diciembre con las ganas de siempre y festejar junto a los cientos de personas que la conocían y, por lo tanto, la querían, sus 80 años de vida.
Alicia en un certamen de poesía de Serendipia. |
Su partida fue repentina. Tanto, que muchos no se enteraron todavía y tan dolorosa que muchos no querrán enterarse tampoco de que sucedió.
Alicia fue una mujer humilde, pero compleja. Minuciosa perseguidora de noticias todas cabían en sus recortes de diario, lo que la transformó en el "archivo histórico" de mucha gente. De memoria, recordaba en qué carpeta había guardado tal o cual recorte y no solo eso: era capaz de relatarte la saga completa de la noticia.
¿De qué carácter? Bueno, eso sí: no se trataba de una guardiana de cualquier información, sino de aquellas que tuvieran que ver, estrictamente, con cuestiones que hicieran vivir mejor a los vecinos de su barrio, Viapiana (del que fuera presidenta de la unión vecinal), de su Guaymallén o de su Mendoza.
Patriota, fue ella quien garantizó una escarapela para cada quien se le cruzara en un día patrio. Y ella también quien bordara con bastidor (¿será así que se llama? ¿por qué nunca le pregunté?) imágenes de paisajes o personajes históricos.
Tecnóloga vocacional de anticipación, estaba al tanto de qué aportes la ciencia o la tecnología podían aportarle al mejor vivir de sus vecinos. Militante sin batallón, Alicia no dejó un solo día de su vida de pelear por el triunfo de las ideas del cooperativismo. Así, su último encuentro con amigos fue, precisamente, con los del Foro de Economía Solidaria de Mendoza, entidad que fundó e integró sin descanso.
Murió este domingo. Pero nos dejó mucho, muchísimo. Tanto, que es preocupante pensar cómo llenar espacios vacíos como los que ella deja. Un compromiso, un desafío. Un empujón a vivir como ella lo hizo: sin parar.