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Highlights de la semana: 3 pelis para no dejar de ver en el Festival que aterriza el domingo en Mendoza

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Papirosen, de Gaston Solnicki (2012)

“¿Y los chicos sufren también?”

Película ganadora de la competencia argentina en el BAFICI 2012. “La explosión del video digital transformó, en los últimos años, el registro de acontecimientos familiares, multiplicándolo y a la vez subiendo el estándar de la imagen. Muchos sueñan con usar estos elementos para construir un relato que interese a un público mayor; la subjetividad ineludible del material es el principal obstáculo para lograr a partir de él una película “de verdad”. Gastón Solnicki sale airoso del desafío adoptando el mismo punto de vista invisible de su anterior documental, süden: elidiéndose del relato familiar, sólo es aludido en contadas ocasiones y nunca aparece en cuadro. Así consigue una mirada omnisciente y reveladora de la intimidad. Papirosen muestra los hilos invisibles que unen a los componentes de la familia, sus juegos de poder, sentimientos y contradicciones. Por si esto fuera poco, también tiene un tema: la paternidad y su sentido a través de las generaciones, desde el histriónico Víctor que preside el clan hasta el pequeño Mateo, fruto del nuevo milenio y testigo, a la vez que reservorio, de los ritos, costumbres y relatos que hacen de la familia un mundo aparte.”

 

 

Germania, de Maximiliano Schonfeld (2012)

“Volvieron los perros ¡Tendrías que haberlos llevado más lejos!”

“En un pequeño pueblo de Entre Ríos, una familia de alemanes se prepara para abandonar su granja, por motivos que tardarán en revelarse. El último día, los dos hermanos adolescentes, Brenda y Lucas, se despiden de sus amigos mientras la madre termina de desmontar la casa. Pero esa despedida está lejos de poner en palabras y hechos evidentes lo que marca la vida y el drama de sus protagonistas. Volviendo al escenario y al tono de su cortometraje Invernario, Maximiliano Schonfeld elude el lugar común del relato costumbrista y nos interna en un mundo áspero, que siempre deja ver más de lo que muestra. El fin de la adolescencia, el deseo sexual, el resquebrajamiento de la noción de familia y las relaciones de clase son algunos de los ejes que despliega, sin alzar la voz ni señalarnos lo que debemos pensar o sentir. Mucho contribuye a este realismo opaco, matizado por una luz opalescente, la verdad de sus actores no actores, especialmente la belleza teñida de sombras de Brenda Krütli y la mirada y el gesto rústico de Lucas Schell.”

 

 

Joy Division, de Grant Gee (2007)

“La química era increíble.”

Ya sea formato videoclip, video-creación, cortometraje o documental, el trabajo de Gee está relacionada con la música: Radiohead, Gorillaz, Joy Division, Scott Walker, John Cale… “Pregunta: ¿qué distingue a este documental de los otros abordajes fílmicos de la banda liderada por Ian Curtis? Respuesta posible: que Gee –junto al periodista Jon Savage– no cesa nunca de interrogarse acerca de Joy Division, y tampoco trata de imprimir la leyenda como 24 Hour Party People (2002), ni de glorificar la figura de su líder como Control (2007). Pero Joy Division tiene la inteligencia de absorber a esas dos versiones, mediante los testimonios de sus artífices: Gee entrevista a Tony Wilson, alma máter de la movida madchesteriana, instigador y protagonista de la ficción de Winterbottom, y recurre a varios pasajes de la autobiografía de Deborah Curtis, adaptada por Anton Corbjin para la segunda. Con una estilización que rinde tributo al imaginario visual creado por el diseñador Peter Saville para la banda, y material de archivo que –increíblemente, a 30 años ya del lanzamiento del EP An Ideal for Living– permanecía inédito, Joy Division logra todo lo que se propone: desde reflejar el amargo sentimiento de culpa del entorno del cantante, hasta la discusión seria de cuestiones como la relación entre “el pasito Ian Curtis” y la epilepsia.”