Notas
En busca de lo inesperado
El cuento de dos que se sueñan, o imaginan, en la piel de Robert Mapplethorpe y Patti Smith...
Patti [a Robert] “Hay un pedazo que nos podemos traducir, otro que no podemos asumir, otro que no podemos resignar y así todo el ímpetu y la impotencia. Y una quisiera estar más limpia por dentro y ser más sana para sí y para el otro. Sin embargo se levanta y se ve tan humana frente al espejo, tan ofuscada o idiota o perdida o pava. Una quisiera tener tiempo para poder escribirse una biografía como la gente.” Una quisiera ser Patti Smith cuando era belleza, loca y lucida para Robert; guardar los secretos y compartir complicidades. A ti Robert, espera, a veces Patti, a veces se enojan, otras se odian, otras se desean, otras simplemente se ríen con empatía canábica, esos días son la orilla de lo mejor, el resto parte del cuento…
Robert [a Patti]
Eran tantos porvenires juntos que me mareé. De repente tenía que empezar de nuevo. Una ciudad desconocida, calles con árboles que no recordaba. Tenía todo por hacer y nadie por dónde empezar. El mar abierto de posibilidades y la indiferencia de haber sido cómplice de andanzas urbanas, en la ciudad más promiscua que conozco. Salir de casa era lo que mejor sabíamos hacer. Hay ciudades hipócritas en el horizonte y veranos farsantes en breve; mujeres con más cafeína y licor en sangre que sensibilidad por la idea de infinito; y varones que quizás sean más caros de lo que valen.
Vértigos diferentes en miradas semejantes e intentos libidinales inconclusos. Marcas pensadas para olvidar, incoherencias y fusiles con balas de juguete. Falta de espacio y comprensión estimulante. Renegar de los paraísos perdidos y conclusiones que repiten argumentos. El director, la banda, el enano y un montón de “iluminados”. Ardores y lugares comunes, salidas nocturnas tautológicas, calamidades, gritos y euforia. La inmortalidad y los vicios compartidos.
Estaba como aquel que vuelve a volver y vive sólo porque empezó una vez. Había distancias y lugares que no quería repetir, me inventaba ilusiones para caminar. Pensaba que hay techos lindos y sitios donde sentirnos pequeños. ¿A quién culpaba de todo, Patti? Si estábamos juntos y seguramente no fui yo el que tiró la primera bomba, pero sí el que no gritó “corran”. ¿Quién se adueñaba de nuestros devenires, nuestras líneas de fuga, nuestra horizonticidad interna? La publicidad y la heroína. Somos espíritus aleonados por la cafeína y negocios que nos envilecen. Pero obstinados en la búsqueda de lo inesperado.
Esa noche cerramos la ventana esperando una sorpresa. Si no me hablaras antes de caer, me acosarían los fantasmas de siempre, las sombras que de niño me incomodaban y las imágenes del desperdicio. Un psicoanalista que quería violarte me dijo que el concepto sólo puede bastarse de sí mismo; que onanista, el concepto. Si supiera que buscamos cierres parciales, clausuras que se quiebran en su incoherencia. Eso, agarrarte la mano antes de dormir. Entrar en transe, emotividad. Abrir el concepto para que se rompa y otra vez: ¡Sobreinscripción de placeres!
Hoy solo puedo estar así. Sabes que te quiero. Pienso mucho en nosotros. Aunque no es lo que esperas. Pienso y me enojo solo, me río, y te quiero otra vez. Te dedicaría un libro, o un disparo, como Valerie a Andy; pero no sé escribir, eso es asunto tuyo, puedo disparate, como todos estos años. Te puedo convidar amor atolondrado, esperarte un rato y jugar. Podemos caminar y dormir algunas noches a la semana. Puedo contarte de cuerpos que fracasan conmigo, nada grave. Lamentablemente funcionamos de este modo. Te mando lo que mejor me sale desde el día que me rescataste de un naufragio, el vacío del que está hecho mi cuerpo o el porvenir en blanco y negro que se fuga de los años ’80.
Esa noche cerramos la ventana esperando una sorpresa. Si no me hablaras antes de caer, me acosarían los fantasmas de siempre, las sombras que de niño me incomodaban y las imágenes del desperdicio. Un psicoanalista que quería violarte me dijo que el concepto sólo puede bastarse de sí mismo; que onanista, el concepto. Si supiera que buscamos cierres parciales, clausuras que se quiebran en su incoherencia. Eso, agarrarte la mano antes de dormir. Entrar en transe, emotividad. Abrir el concepto para que se rompa y otra vez: ¡Sobreinscripción de placeres!
Hoy solo puedo estar así. Sabes que te quiero. Pienso mucho en nosotros. Aunque no es lo que esperas. Pienso y me enojo solo, me río, y te quiero otra vez. Te dedicaría un libro, o un disparo, como Valerie a Andy; pero no sé escribir, eso es asunto tuyo, puedo disparate, como todos estos años. Te puedo convidar amor atolondrado, esperarte un rato y jugar. Podemos caminar y dormir algunas noches a la semana. Puedo contarte de cuerpos que fracasan conmigo, nada grave. Lamentablemente funcionamos de este modo. Te mando lo que mejor me sale desde el día que me rescataste de un naufragio, el vacío del que está hecho mi cuerpo o el porvenir en blanco y negro que se fuga de los años ’80.