Presenta:

Notas

Instrucciones para que la tierra deje de moverse

Reflexiones de la conmoción íntima ante “Luxe, calme et volupté” de Matisse.
441448.jpg
La experiencia del  arte nos desconecta de algunos estratos de realidad, nos detiene en ningún sitio y algún tiempo desconocido -tal vez nos arrastra, ya no recuerdo...

El mundo está plagado de cosas, cuerpos extraños y celestes, objetos naturales y culturales. Piedras, madera, hombres con cinceles  y esculturas; ríos, fibras para producir redes y hombres que se hacen pescadores. Caracoles, Amadeos y Modiglianis, algunos originales, otros más de lo mismo. El fuego, el cordón y la cera que se derrite, una noche de elegancia a la luz de las velas y vino de ocasión. Bohemia y sofisticación en los bajo fondos de Sao Pablo o en algunas difuntas islas Maldivas. La intención de arrastrarte y contar hasta diez justo antes que te asfixies. Un lugar en tu biblioteca por si acaso aparece “la disparition”, de Perec, y te pide asilo en el mismo gesto en que te pido perdón por ausentarme una noche elegante, que además, para vos era especial.

En ese mismo mundo de cosas, también habitan semejantes que chocan unos con otros en un  intento desgarrador por absorber toda la poesía del mundo. Son cuerpos, pero diferentes. Aunque no tenga acceso a su vida como tengo a la mía, no puedo dejar de ver vida en su desplazamiento; o emoción en su contemplar “Luxe, Calme, et Volupté”, aunque estemos cerca de la quinta avenida y tanto asfalto sienta poco. Nuestra relación se basa en movimientos, en inundar de significantes el espacio compartido, en interpretar y volver al mundo. En cada mirada, en cada “bonjour”, hacemos coincidir el mundo propio con la dimensión externa del tiempo y el espacio; lo único que esperamos es que el otro nos absorba como el aire que respira y una vez dentro de él, nos devuelva modificados y empecemos a ser dos. Eso pasa mismo pasa con Matisse y Perec, pero ellos no se enterarán jamás.

En la experiencia artística, en la contemplación de la obra, constituimos una comunidad diferente a la del aquí y ahora. El temporal se precipita; nos regalás un gesto sin preocuparte, porque es la ciudad de lujo que te heredó tu madre y no la resignarás por más violento que venga el fin del mundo. Deberíamos borrarte por hacer de este instante algo hermoso e inolvidable. Coincidimos en diferentes momentos y lugares, irreversibles y no intercambiables. Es leerte en una carta; es el vivo fuego. Nos inventamos una virtualidad. Un mundo de fantasías donde ponemos en suspenso el temor a la muerte. Aislamos capas de realidad cada vez mayores para que desde un punto cualquiera de la obra en que se fija la intuición, emerja la totalidad de “Luxe, calme, et volupté”; y es una concatenación de estímulos que nos convocan a la eternidad, inútil eternidad que no cambia el mundo, pero nos deja sangrando en un rincón.

Si al vivir dejamos de creer que las cosas no pueden ser sino como son, en los mundos del arte, casi todo puede ocurrir y casi todo vale la pena. Encontrarte valdría la pena, presentarnos valdría la pena; que la tierra por fin no se mueva valdría la pena; suspender por fin y sin pensar, esta tarde en fuga y su torpe ámbito de certezas.