Notas
“C’est fini, ma chérie…”
Deleuze “un hombre, una mujer, unas parejas […] que lo tienen todo para ser felices, como suele decirse: bellos, encantadores, ricos, superficiales y llenos de talento. Y luego algo sucede que hace que se rompan, exactamente como un plato o un vaso. Terrible mano a mano de la esquizofrénica y el alcohólico, a menos que la muerte no se los lleve a los dos”.
Nunca lo han dicho las noticias, ni “les actualités”, ni los “newspapers”. Cada día hay menos posibilidades de escape, menos trabajo analítico capaz de mitigar el juego desvergonzado de la grieta silenciosa que en todos habita. No quedan fármacos, ni gurúes; no quedan curas, ni rabinos, no hay chamanes, tampoco verdugos ni testigos; no hay gimnasios, no hay life coaching, no hay dietas, no hay meditaciones; no hay amantes, no hay correo, cine, música, ni museos; no hay lluvia, ya no existen las nubes.Heroico, lo ha dicho Lowry: “todo está muy bien pero sucede que es por tu culpa, y en cuanto a mí prefiero desintegrarme a mis anchas”.
La grieta está en la frontera de lo exterior y lo interior, pero sus efectos encarnan en el cuerpo. Sólo resta abandonarse antes de perderse. Sin embargo siempre perdemos, primero la belleza, luego la paciencia, finalmente la salud.Un sol que asusta, asfalto, gafas con filtros UV,guantes de lana, un pullover tejido por la tía y nada más te debo un texto de Klossowski que te pedí prestado alguna vez. Queda una trama incompleta, las cortinas sin colgar, las sábanas asustadas del domingo de tormenta que no volvimos a dormir. Hay que desarmar la casa antes que vengan los interesados y cada cual se tope con su propio rumbo. Hay que deshacer lo nunca cumplido y bajar las cosas del placar. Sacar las telarañas de los rincones antes que la vea quién quiera ocupar el espacio, quién se anime a habitar la huella que dejamos, convivir con nuestro fantasma, darle de comer.
La grieta está en la frontera de lo exterior y lo interior, pero sus efectos encarnan en el cuerpo. Sólo resta abandonarse antes de perderse. Sin embargo siempre perdemos, primero la belleza, luego la paciencia, finalmente la salud.Un sol que asusta, asfalto, gafas con filtros UV,guantes de lana, un pullover tejido por la tía y nada más te debo un texto de Klossowski que te pedí prestado alguna vez. Queda una trama incompleta, las cortinas sin colgar, las sábanas asustadas del domingo de tormenta que no volvimos a dormir. Hay que desarmar la casa antes que vengan los interesados y cada cual se tope con su propio rumbo. Hay que deshacer lo nunca cumplido y bajar las cosas del placar. Sacar las telarañas de los rincones antes que la vea quién quiera ocupar el espacio, quién se anime a habitar la huella que dejamos, convivir con nuestro fantasma, darle de comer.
La herida cerrará, pero siguen bombardeando la ciudad que dejamos.Hay rumores, como en toda guerra… dicen que los escritores abusan de los puntos suspensivos… que las musas temen la extinción de los poetas y los poetas que la muerte se vuelva realidad… que los aviones no habiten más el cielo y, como gigantes aves industriales, quemen sus alas en nuestro patio sin jardín…
No hay recompensa que pague tu valentía de cortarte las venas después de ser violada reiteradas veces por el ejército invasor. Por resistir a la conquista dando lo peor de vos, ese cuerpo gastado por el abandono y la codicia; esa máquina rota, maltratada, imperfecta, mal alimentada, desesperanzada y enferma. Esa valentía tuya de no cerrar los ojos y ver cómo pasabas de ser una dulce bendición, al botín de guerra del deseo y la perversión de los salvajes. Animales acabados por el hambre, la abstinencia y la buena educaciónde luchar por un ideal que no les pertenece y lo abrazan sin medida.Sin estoicismo, por simple alienación exogrupal,vuelvo por el camino de la cobardía, aprendo a ser vivido por los años y aquello que los años hacen de mí. Lo peor será desacostumbrase.
[Referencias: Deleuze, La lógica del sentido, pp. 162 Paidós; Lowry Bajo el volcán, pp. 54 ed Seix Barral.]