Notas
Un corazón de oro tras un chaleco anti-balas
La escuela para chicos especiales Dante Gicolini, recibió la solidaridad de un grupo de policías, que habiéndola apadrinado, trabajaron muy duro para darle una sonrisa a niños que ahora, se sienten mucho más “niños”. Entrá a la nota para compartir esta historia.
Luís Miranda, es policía de la Unidad Motorizada de Acción Rápida (UMAR) y abuelo de una niña que concurre a la escuela Dante Gicolini. El año pasado les propuso a sus compañeros de la fuerza apadrinar el establecimiento escolar, a lo que todos accedieron sin titubear, empezando por el Subcomisario Miguel Sánchez.
Se lo tomaron en serio, muy en serio, y comenzaron a indagar sobre las necesidades de la escuela. Una que encontraron, es que los chicos que están en silla de ruedas, no tenían la posibilidad de columpiarse seguros como cualquier niño. La directora de la escuela, Liliana Gatica, les contó de un juego para chicos especiales que hay en Tunuyán, y los policías no dudaron en viajar para ver cómo estaba construido.
Hierrosan puso los materiales, el Municipio la pintura y los mismos policías la mano de obra. Se ayudaron buscando información sobre estos juegos. “En nuestro plan de academia siempre se contempla ayudar con la sociedad, en este caso vinimos estuvimos hablando con la Directora Gatica y nos hizo ver algunas necesidades y le pedimos si podíamos apadrinar la escuela”, explicó el Subcomisario Sánchez.
“Más allá de divertirse los chicos pueden desarrollar integración sensorial, trabajar otras áreas como Comunicación, todo lo que implica el juego en los niños”, dijo la Directora.
Además ayudaron con otras necesidades, como la realización de diferentes tramites, conseguir abonos de colectivo, cortar el césped y gestiones con el Municipio para que se realizaran unas rampas que necesitan los chicos. Ahora tienen en mente el arreglo de una máquina de escribir en sistema Braille.
A esa escuela concurren 69 alumnos, 45 alumnos de matrícula, y el resto que están integrados en escuelas comunes y que son chicos con problemas visuales o que tienen parálisis cerebral o ceguera. Las edades van desde los 4 a los 13 años. A la Dante Gicolini concurren niños que ahora se suben a su columpio, y se sienten mucho más niños.
Mario y Aysha son columpiados por Sergio Aguiar, Antonio Vedia y Miguel Sánchez. |
“Más allá de divertirse los chicos pueden desarrollar integración sensorial, trabajar otras áreas como Comunicación, todo lo que implica el juego en los niños”, dijo la Directora.
Además ayudaron con otras necesidades, como la realización de diferentes tramites, conseguir abonos de colectivo, cortar el césped y gestiones con el Municipio para que se realizaran unas rampas que necesitan los chicos. Ahora tienen en mente el arreglo de una máquina de escribir en sistema Braille.
A esa escuela concurren 69 alumnos, 45 alumnos de matrícula, y el resto que están integrados en escuelas comunes y que son chicos con problemas visuales o que tienen parálisis cerebral o ceguera. Las edades van desde los 4 a los 13 años. A la Dante Gicolini concurren niños que ahora se suben a su columpio, y se sienten mucho más niños.