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Notas

Bonafinizados

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La presidenta de la asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, dijo el miércoles por la tarde/noche en el programa 678 que "no se arrepiente" de sus declaraciones del día anterior, aquellas pronunciadas durante un encendido discurso en el que, además de llamar a "tomar los Tribunales", acusó a los miembros de la Corte Suprema de Justicia de ser "la herencia de la dictadura", "turros" y una larga serie de desalificaciones.

Bonafini no va sola a esos actos: la invitan. Y quienes lo organizan no son parte de una estudiantina, sino que son el motor, "la fuerza geométrica" (tal como los definió Zuleta Puceiro alguna vez en MDZ) del Gobierno.

El silencio oficial sobre los exabruptos contrastó con la firme actitud del Centro de Estudios Legales y Sociales, el CELS, presidido por un periodista aliado del Gobierno como es Horacio Verbitsky, pero que no dudó en calificar de "insultos a la Corte" los dichos de Bonafini.

Y ese silencio otorga. Porque por más que Néstor y Cristina Kirchner se hayan desternillado de la risa en la privacidad de Olivos de las provocaciones de su entenada, sus consignas, proclamadas desde el púlpito de un acto plagado de funcionarios que aplaudían como focas las barbaridades propaladas por esta mujer.

Los mensajes no son son inocentes. Por eso tan importante como el silencio otorgante del Gobierno es el equilibrio impuesto por el CELS. Porque la Corte no tiene nada que ver con la dictadura. Y porque, además, si los parámetros de la política los pone Bonafini, todos seremos "asesinos", "dictadores", "criminales" siempre que no comulguemos con ella.

Bonafinizado, el Gobierno pierde seriedad. Si no se desmiente a quien es elegida muchas veces como su vocera, se consagra a la mentira como verdad. Y además, pone en riesgo -por el alevoso uso político de su imagen y palabras- la credibilidad de la incuestionable lucha de las Madres durante tantos años.