Notas
Las Leonas: diez años de historia mundial
Las Leonas resumen una experiencia interesante, donde el todo es siempre más importante que las partes. En verdad, el seleccionado es un gran contagio entre la capacidad de los entrenadores, una línea coherente de conducción más allá de los estilos, el talento de las jugadoras, su hambre de gloria y acertadas políticas dirigenciales
Inés Arrondo apoyó el lápiz negro sobre el papel y el trazo salió natural, espontáneo, sin dobleces. Tenía grabado en la memoria aquel libro de arquitectura de sus padres, en cuyas páginas aparecían varios dibujos de leonas persas. La inspiración de Inés, una amante de la pintura y el diseño, le dio vida a la Leona que simbolizaría el espíritu de un seleccionado, el de hockey, que ruge con fuerza desde hace diez años.
"Ese dibujo surgió desde el sentimiento y le pudimos dar un significado en Sydney 2000. Lo mandamos a estampar en la camiseta dos semanas antes de aquellos Juegos Olímpicos y salió a la luz en el momento más necesario del torneo, cuando la clasificación para la final se alejaba", cuenta Inés, partícipe de este equipo que deja sus huellas en el deporte argentino.
Las Leonas resumen una experiencia interesante, donde el todo es siempre más importante que las partes. En verdad, el seleccionado es un gran contagio entre la capacidad de los entrenadores, una línea coherente de conducción más allá de los estilos, el talento de las jugadoras, su hambre de gloria y acertadas políticas dirigenciales. El Mundial de Rosario, con el desafío que implicará a partir del 29 de agosto, representa sólo un capítulo de este sello cada día más indeleble. Un fenómeno que no se erosiona por eventuales traspiés, sino que crece y se derrama por todo el territorio nacional. Desde hace años, el hockey se afianzó como el deporte N° 1 del país entre las mujeres.
"Se llegó a esta situación por las buenas actuaciones desde la década del 60 -apunta Luis Ciancia, ex head coach-. En 1996 se ideó un plan nacional que contempló no sólo al seleccionado de Buenos Aires y a alguna jugadora buena del interior. Tuvimos suerte; empezó a aparecer el dinero que nos permitió una mayor competencia internacional. Ahora, con la continuidad, todo va cada vez mejor, pero aún falta una mayor estructura en los seleccionados."
Tres medallas olímpicas, un título mundial, cuatro Champions Trophy y hegemonía en el nivel panamericano entre 2000 y 2010. Estas chicas se manifiestan en resultados deportivos, pero también en un abanico de valores.
"La medalla de plata en Sydney fue una bisagra en nuestro hockey en lo que se refiere a la llegada a la sociedad. La Leona estaba saliendo del cuerpo de las chicas, anidaba en su sangre, estaba llegando a la piel y en algún momento iba a salir a la superficie. El triunfo contra Nueva Zelanda por 7-1, que nos dio el pase a la final de los Juegos, fue una muestra de habilidad, valentía, atrevimiento, llanto, espíritu, solidaridad", se entusiasma el DT Sergio Vigil, personalidad ineludible en este ciclo.
Desde la psicología, Nelly Giscafré le aportó una faceta hasta allí inexplorada: "Lo más maravilloso de este equipo fue siempre la pasión, que te conecta con las ganas, con la vida, con el intercambio. Se llaman leonas porque a todas las desafía la competencia. La pasión provocó situaciones que parecían imposibles en chicas amateurs que trabajaban y estudiaban. Nada importó, sólo las ganas de pertenecer".
Gabriel Minadeo, sucesor de Cachito, recuerda el clic: "Un día, allá por 1999, dijimos con el resto del cuerpo técnico: basta de salir cuartos. Había que hacer algo diferente y lo conseguimos echando mano a todas nuestras posibilidades de conocimiento, a la psicología y a la entrega de las jugadoras".
Si hay alguien que sabe de los pensamientos más íntimos de las jugadoras es Claudia Médici, la jefa de equipo, que supo prestarle el hombro a cada crisis personal. Que ofreció sus sentidos para escuchar y entender. "Es una alegría que haya habido jugadoras para el recambio, que los cuerpos técnicos hayan sido excelentes y que el periodismo haya estado atento a los avatares del seleccionado."
A Jorgelina Rimoldi, una de las más carismáticas de generaciones anteriores, le quedó una imagen, un instante único: "En el momento en que nos clasificamos para la final de Sydney 2000, los muchachos argentinos del seleccionado de hockey nos regalaron una rosa a cada una. Nos dijeron que querían ser los primeros en saludar a unas medallistas olímpicas".
Como Jorgelina, nadie quiere despedirse de este seleccionado. También lo experimentó Vanina Oneto, aquella goleadora voraz: "Ni aun en nuestro sueño más faraónico imaginamos la popularidad que tiene hoy el hockey en nuestro país. Cuando una está dentro del sistema no dimensiona lo que sucede, no lo vive. Cuando salís, te das cuenta de que estás escribiendo la historia del deporte".
Todo es un encadenamiento de valores y así lo interpreta también Magdalena Aicega, capitana hasta Pekín 2008. "El recambio siempre fue gradual. No es que vino Minadeo y borró a todas las jugadoras de Vigil. Tampoco lo hizo el Chapa Retegui cuando reemplazó a Gabriel. Hubo un rumbo y también una transmisión en el plantel, de las más grandes a las más chicas."
Habrá más huellas de este equipo en Rosario, la tierra para coronar una década con medallas de todos los colores.
"La medalla de plata en Sydney fue una bisagra en nuestro hockey en lo que se refiere a la llegada a la sociedad. La Leona estaba saliendo del cuerpo de las chicas, anidaba en su sangre, estaba llegando a la piel y en algún momento iba a salir a la superficie. El triunfo contra Nueva Zelanda por 7-1, que nos dio el pase a la final de los Juegos, fue una muestra de habilidad, valentía, atrevimiento, llanto, espíritu, solidaridad", se entusiasma el DT Sergio Vigil, personalidad ineludible en este ciclo.
Desde la psicología, Nelly Giscafré le aportó una faceta hasta allí inexplorada: "Lo más maravilloso de este equipo fue siempre la pasión, que te conecta con las ganas, con la vida, con el intercambio. Se llaman leonas porque a todas las desafía la competencia. La pasión provocó situaciones que parecían imposibles en chicas amateurs que trabajaban y estudiaban. Nada importó, sólo las ganas de pertenecer".
Gabriel Minadeo, sucesor de Cachito, recuerda el clic: "Un día, allá por 1999, dijimos con el resto del cuerpo técnico: basta de salir cuartos. Había que hacer algo diferente y lo conseguimos echando mano a todas nuestras posibilidades de conocimiento, a la psicología y a la entrega de las jugadoras".
Si hay alguien que sabe de los pensamientos más íntimos de las jugadoras es Claudia Médici, la jefa de equipo, que supo prestarle el hombro a cada crisis personal. Que ofreció sus sentidos para escuchar y entender. "Es una alegría que haya habido jugadoras para el recambio, que los cuerpos técnicos hayan sido excelentes y que el periodismo haya estado atento a los avatares del seleccionado."
A Jorgelina Rimoldi, una de las más carismáticas de generaciones anteriores, le quedó una imagen, un instante único: "En el momento en que nos clasificamos para la final de Sydney 2000, los muchachos argentinos del seleccionado de hockey nos regalaron una rosa a cada una. Nos dijeron que querían ser los primeros en saludar a unas medallistas olímpicas".
Como Jorgelina, nadie quiere despedirse de este seleccionado. También lo experimentó Vanina Oneto, aquella goleadora voraz: "Ni aun en nuestro sueño más faraónico imaginamos la popularidad que tiene hoy el hockey en nuestro país. Cuando una está dentro del sistema no dimensiona lo que sucede, no lo vive. Cuando salís, te das cuenta de que estás escribiendo la historia del deporte".
Todo es un encadenamiento de valores y así lo interpreta también Magdalena Aicega, capitana hasta Pekín 2008. "El recambio siempre fue gradual. No es que vino Minadeo y borró a todas las jugadoras de Vigil. Tampoco lo hizo el Chapa Retegui cuando reemplazó a Gabriel. Hubo un rumbo y también una transmisión en el plantel, de las más grandes a las más chicas."
Habrá más huellas de este equipo en Rosario, la tierra para coronar una década con medallas de todos los colores.