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Notas

Si en Sudáfrica salimos segundos, ¿te vas a acordar?

Porque, seguramente, para la mayoría de los argentinos resultaría frustrante terminar la cita ecuménica en una posición por debajo de nuestro egocentrismo extremo. Si salís detrás del primero o trigésimo segundo, ¿cuál es la diferencia?
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Pasan los años y las generaciones y no te acordás, también pasan las dictaduras y sigue la democracia con presidentes que pasan y no te acordás. Pasan los recuerdos y se te escapa el presente sin futuro y no te acordás.

Aunque siempre te acordarás y nunca olvidarás, siendo argentino, es que ser primero o el mejor vale tanto como lo que no te acordás o no te querés acordar.

Si vamos a Sudáfrica a buscar eso que no te acordás -o no te querés acordar- y nos volvemos en dos semanas te vas a empezar a acordar. De putear hasta el entrenador de arqueros que no sabés cómo se llama y tampoco te querés acordar.

De Maradona ni hablar, no te vas a acordar. De que aprendimos a querer más la pelota y nos enamoramos de sus utopías, esas que nos hicieron recordar; a que el mundo que no es sólo redondo se empezará a acordar; de estos del fin del mapa, lo de la tierra de nunca acordar.

Tenemos todo para levantar la copa y para recordar, pero podemos volver con medallas de plata o "fair play" que ni siquiera se van a colgar. Y ni ellos allá, y ni nosotros acá, por ser argentinos, vamos a olvida. Y al otro día, en la cruel vida, no vamos a querernos acordar.

Hoy todos y a falta de diez días para arrancar nos empezamos a acordar: de que sabemos tanto o más de los que están con la celeste y blanca -ésa que nunca vamos a usar-, pero no queremos dejar de decirles con nuestras opiniones proféticas que aquí no se puede fracasar.

Que lo vamos a controlar, que no se distraigan porque no los vamos a perdonar... De ellos, sus familias, sus amigos y sus amantes no nos vamos a olvidar.

Si nacieron acá o en la Pampa, mejor que se olviden de regresar y se lleven lo que dejaron porque nos vamos a acordar. Sin término medio somos y así nos movilizamos, mal aprendidos y peor aconsejados.

Y así caminamos, a los tumbos y trinando, nunca recordando, que se puede ser segundo y se debe saber perdonar, más allá de recordar lo que solamente queremos recordar.

De que Messi y sus amigos de juego tienen derecho a equivocar, porque son nuestros, como usted o como yo, simplemente terrestres y bien argentinos. Algo que nunca vamos ni queremos olvidar, porque está bueno serlo pero a veces hay que enriquecerlo, saber que no hay finales siempre tristes y empezar a parecernos más a los que siempre se acordaron de recordar.

De que estamos en un país bendito con la “mala leche” de tener todo para dar, pero con algunos atorrantes que lo timonearon y timonean y se lo quedan sin dar y a esos si no debemos olvidar.

Por ello, si Brasil, otra vez, o Alemania -otra vez-, o Italia -otra vez-, o España, por primera vez, se bañan de gloria futbolera dejémoslo ser y aplaudamos a los nuestros que quizás, allá a miles de kilómetros dejando todo por dar, nos traen la respuesta que podemos imitar.

Si ellos festejan seguro y nosotros no, será porque supieron recordar y siempre se quieren acordar que primero está la humildad.

Nuestro mundial no es sólo nuestro y ser segundo o trigésimo segundo no está tan mal. Si en 30 días abrimos los ojos y gritamos bien fuerte por Argentina sin calentarnos ni putear, habremos aprendido otra cosa, habremos aprendido a respetar.