Notas
¿Cuando silban a la Reina de la Vendimia, qué chiflan los mendocinos?
Por primera vez en muchos años la reina nacional de la Vendimia recibió una rechifla en el teatro griego. Fue durante la repetición del acto central. ¿Qué lectura puede dársele al asunto desde la "mendocinidad? Aquí, un esbozo. Pero esperamos tu opinión.
Dicen que el mendocino sabe por chusma, pero más sabe por mendocino. El saber telúrico de las cosas que reconocen como intrínsicamente localistas hace de los mendocinos y las mendocinas una especie de seres paranormales con capacidad de ver lo que no todos ven.
Así, al común de los habitantes de estas tierras, la vereda sucia o bien, brillosa algo le dirá del habitante de la casa construida sobre su orilla; caminar mirando la tierra, los árboles o de frente, algo intentará esconder y sólo un mendocino podrá escudriñarlo; el cuidado de un árbol o su descuido, serán toda una declaración de amor u odio, como una radiografía de los sentimientos.
Nos encanta que nos digan que somos rigurosos a la hora de evaluar, por ejemplo, una obra de teatro o un recital. Más de una vez le hemos dado la espalda a alguien que se creía consagrado, revolcándolo por el terroso suelo mendocino.
Y es probable que lo seamos, no por culturosos, sino por puro exigentes.”Nuestro gusto es nuestro gusto, y nadie nos va a decir lo que nos tiene que gradar”, pensamos.
Aunque las entradas para la Fiesta de la Vendimia nos hayan sido esquivas, repartidas entre turistas y piqueteros, hubo muchos mendocinos en el teatro griego. Más aún en la segunda noche, la de la repetición.
Si la actitud de los presentes pudiera medirse con los parámetros de una encuesta (de las bien hechas, claro está) deberíamos decir que hubo un mayor porcentaje de opiniones locales en la segunda noche que en aquella en que recibieron al gobernador Celso Jaque de peor manera que a un rock star en decadencia.
¿Qué chiflaron los asistentes al anfiteatro cuando chiflaron a la reina nacional de la Vendimia, elegida en la noche anterior?
Primero, hay que hacer un discernimiento: ¿quiénes chiflan? Las señoras del té en la Emilio Civil no lo hacen. Tampoco, suponemos, las señoras del mate en mi barrio, comedidas y acostumbradas a dar latigazos, pero por lo bajo.
Una que otra piba pudo hacerlo, pero seguramente los que más soplaron en la repetición vendimial fueron los hombres. ¿Por qué es fea? Sería una barbaridad decirlo. Si bien la soberana que representó a Santa Rosa no es Pampita, tampoco es fea.
Posiblemente haya funcionado el “mendocinómetro” del sexto sentido telúrico e intentaremos dilucidar aquí algunos de los posibles motores psicológicos de tamaño gesto de reprobación:
- Es posible que haya sido porque se supo que la “fórmula” reina-virreina representa a un mismo departamento. ¿Cómo? Sí: la virreina es de Junín. Y la reina, también. Se conoció el dato de que aunque representó a Santa Rosa y tiene sus raíces y a su tía, la ex reina nacional Estela San Sebastián, en las agitadas arenas políticas santarrosinas, reside en el mismo departamento que la virreina.
Aquí, entonces, aparece alguna razón entendible: no somos tan malos e irrespetuosos, sino que hay motivos para desconfiar.
Pero busquemos más motivos, a ver si realmente –como canta Sabina- “nos sobran los motivos”:
- “Alcoyana – Alcoyana”, diría Berugo Carámbula si descubriera que, además, María Flor representó al único municipio del que podría decirse que tiene un intendente “jaquista jaquista”, Sergio Salgado, suspendido y luego restituido con mucho esfuerzo por acción y presión del Gobierno provincial.
- Y una más: la virreina vino desde Junín, las tierras del cobista Mario Abed, quien casi construyó un carro más de la Vía Blanca con la pelea entre Gobierno y oposición por las entradas de la Vendimia.
Planteadas así las cosas suena más lógico que los mendocinos hayan reaccionado pensando en que se puso sobre el escenario la pelea Gobierno – oposición, Jaque vs. Abed.
Y que un día chiflaron a Jaque y al siguiente, a “la reina de Jaque”.
Dos cositas más para el cierre de esta indagación: un alto dirigente justicialista, confirmó algunas sospechas al hablar con MDZ. Reveló que los ministros provinciales votaron repartidamente, para disimular. Pero sus esposas tenían un madato: lograr que los locutores gritaran “¡Saaaanta Roooosaaaa!” cada vez que leyeran sus votos.
Y, finalmente, un tranquilizante para el intendente Abed, con especial pedido de calma: Junín ganó por partida doble, hoy tiene la reina y también la virreina.
Si la actitud de los presentes pudiera medirse con los parámetros de una encuesta (de las bien hechas, claro está) deberíamos decir que hubo un mayor porcentaje de opiniones locales en la segunda noche que en aquella en que recibieron al gobernador Celso Jaque de peor manera que a un rock star en decadencia.
¿Qué chiflaron los asistentes al anfiteatro cuando chiflaron a la reina nacional de la Vendimia, elegida en la noche anterior?
Primero, hay que hacer un discernimiento: ¿quiénes chiflan? Las señoras del té en la Emilio Civil no lo hacen. Tampoco, suponemos, las señoras del mate en mi barrio, comedidas y acostumbradas a dar latigazos, pero por lo bajo.
Una que otra piba pudo hacerlo, pero seguramente los que más soplaron en la repetición vendimial fueron los hombres. ¿Por qué es fea? Sería una barbaridad decirlo. Si bien la soberana que representó a Santa Rosa no es Pampita, tampoco es fea.
Posiblemente haya funcionado el “mendocinómetro” del sexto sentido telúrico e intentaremos dilucidar aquí algunos de los posibles motores psicológicos de tamaño gesto de reprobación:
- Es posible que haya sido porque se supo que la “fórmula” reina-virreina representa a un mismo departamento. ¿Cómo? Sí: la virreina es de Junín. Y la reina, también. Se conoció el dato de que aunque representó a Santa Rosa y tiene sus raíces y a su tía, la ex reina nacional Estela San Sebastián, en las agitadas arenas políticas santarrosinas, reside en el mismo departamento que la virreina.
Aquí, entonces, aparece alguna razón entendible: no somos tan malos e irrespetuosos, sino que hay motivos para desconfiar.
Pero busquemos más motivos, a ver si realmente –como canta Sabina- “nos sobran los motivos”:
- “Alcoyana – Alcoyana”, diría Berugo Carámbula si descubriera que, además, María Flor representó al único municipio del que podría decirse que tiene un intendente “jaquista jaquista”, Sergio Salgado, suspendido y luego restituido con mucho esfuerzo por acción y presión del Gobierno provincial.
- Y una más: la virreina vino desde Junín, las tierras del cobista Mario Abed, quien casi construyó un carro más de la Vía Blanca con la pelea entre Gobierno y oposición por las entradas de la Vendimia.
Planteadas así las cosas suena más lógico que los mendocinos hayan reaccionado pensando en que se puso sobre el escenario la pelea Gobierno – oposición, Jaque vs. Abed.
Y que un día chiflaron a Jaque y al siguiente, a “la reina de Jaque”.
Dos cositas más para el cierre de esta indagación: un alto dirigente justicialista, confirmó algunas sospechas al hablar con MDZ. Reveló que los ministros provinciales votaron repartidamente, para disimular. Pero sus esposas tenían un madato: lograr que los locutores gritaran “¡Saaaanta Roooosaaaa!” cada vez que leyeran sus votos.
Y, finalmente, un tranquilizante para el intendente Abed, con especial pedido de calma: Junín ganó por partida doble, hoy tiene la reina y también la virreina.