Notas
Rumores, runrunes y ausencias vendimiales
¿Qué pasó que Cristina y Cobos no participaron de la Fiesta? Crónica de un almuerzo dominado por la presencia de dos ausentes. Sobre miedos y madurez política y una incógnita sobre la verdadera situación institucional del país. La picardía de un Celso Jaque al que le importan más lo chiflidos ajenos que los propios.
Dos notorias ausencias en la Vendimia aportaron una inusitada calma política al país: la de la Presidenta y su vice, Cristina y Cobos.
Como si hubiesen estado coordinadamente planeadas, una evitó el escarnio público y el acecho periodístico, la obligación de compartir espacios con muchos de los adversarios que vinieron desde Buenos Aires a "hacer rostro" a la fiesta mendocina. El otro, a un costo altísimo -por ser mendocino, por estar en Mendoza y por gozar de una popularidad que se privó de demostrar- esquivó las incómodas preguntas que hubiesen logrado separarlo más de su sísmica relación con la primera.
(En el medio quedó el galimatías jaquista, exacerbado por el ministro de Gobierno local, Mario Adaro, quien delante de los periodistas llamó a la oficina de Cobos para rogarle que venga a la Fiesta, pretendiendo dejarlo en ridículo. Y el propio Jaque, dándole vueltas al tema, queriéndole sacar provecho, como una picardía de nene malo que ya ni le importa si lo rechiflan muchos, poquitos o nadie. Pero este episodio sólo vale un paréntesis).
Ésta es una de las versiones de las notorias ausencias. Otras, originadas en informaciones generadas por usinas propias y contrarias a cada uno de los máximos protagonistas, despliegan variadas historias que, seguramente, serán contadas.
Pero al ocuparnos de ésta, cabe preguntarse si con el faltazo se consolidó un punto de madurez en la relación de la Presidenta y el vice o si fue una decisión extrema, frente al delicado equilibrio institucional por el que se podría estar atravesando.
Aceptar la segunda opción, implicaría darle visos de realidad a las palabras de la mandataria nacional quien esta semana denunció un tema de tremenda envergadura: intentos de alejarla del poder.
En todo caso, el hecho de que ambos se hayan relajado este fin de semana, recluyéndose para evitar agitar las ya turbulentas aguas por las que en la semana navegaron acciones y discursos, es un dato político de grandes dimensiones.
Un legislador cobista, durante el Agasajo a las Reinas realizado en la bodega Navarro Correas, lo analizó más o menos así, fundando el "teorema de la existencia del cobismo": "Nosotros existimos por Cobos y Cobos, a su vez, es producto del cariño que le tiene la gente. Ahora: sin ese afecto de los mendocinos, Cobos se cae; y con él, nosotros".
La elucubración no es inocente. Tiene sustancia en la preocupación que les causó primero, las fuertes versiones que estaba todo listo en el anfiteatro y aún en los diversos actos vendimiales, para "escrachar" al vicepresidente y hacer rodar su foto con algún huevo estampado en la camisa por las portadas y pantallas de los medios afines. Pero, además, en el pánico de que estando en Mendoza, siendo mendocino y, además, tan afecto a dar la cara en estos actos populares, Cobos terminará siendo repudiado por "la gente".
Con insistencia, le pidieron que "apareciera", aunque sea, por casualidad.
Pero la respuesta fue el hermetismo total. Al punto que sus amigos personales fueron quienes dejaron entrever que "la del Julio fue una decisión personal que nada tiene que ver con lo que se dice", según se oyó decir. Esa misma voz contó que el vicepresidente el sábado almorzó con su familia, tranquilo y confirmó el anticipo de MDZ de que no asitiría al acto central de la Vendimia.
El Plan B será que Cobos asista a alguna repetición, tal vez a la última. Pero siempre que logre evitar tener que hablar: "Si habla -especuló un empresario vitivinícola, abonando la idea de la repentina adultez de Cristina y Cleto- se verá obligado a echarle leña al fuego. Y estamos en verano; ya está demasiado caliente el ambiente. Está bien que lo enfríen. Los dos actuaron bien", opinó y calificó a la vez.
El momento político hizo que quedara de lado la apuesta personalísima de Cobos de producir un gran gesto de parte del vicepresidente, apartándose del cargo y lanzándose al ruedo como candidato, ahora. Primó, dicen quienes lo conocen, uno de sus múltiples costados: el "institucionalista".
Mientras tanto, un kirchnerista nacional de los pocos que se acercaron a Ugarteche, reconoció que a Julián Domínguez, el ministro de Agricultura de la nación, le faltó un golpe de horno en los temas vitivinícolas. El funcionario cometió dos gaffes terribles: se olvidó de formular los anuncios que le habían encargado que hiciera, por la mañana en el desayuno de la Coviar, en el Hyatt. Y antes del tardío almuerzo siestero, cuando se vio forzado a hablar debido las ausencias nacionales, pesó las uvas en toneladas en lugar de quintales, recibiéndose -para los vitivinicultores de todo el país presentes- de forastero total.
No fue así la consideración que recibió la ministra de la Producción, Débora Georgi. Al punto que un diputado nacional opositor se animó a meter el tema en una de las tantas ruedas de conversación durante la espera del inicio de los discursos del encuentro organizado por Bodegas de Argentina y fue acompañado. "Es más sólida y -dijo- aunque uno pueda discrepar con ella- sabe de lo que habla".
El final del almuerzo llegó con los relojes acusando que pronto debían alistarse para rumbear hacia el teatro griego. Pero un rumor salpicó la sala: ¿será que el ministro de Economía Amado Boudou está más "ido" de lo que se acepta y que Marcó del Pont, la golpeada titular del Central en veremos sería su remplazante? Nadie descartó la idea. Y un ocurrente empresario metió la cuchara a fondo: "...Y bueh, si no se les ocurrió a ellos, démosela nosotros".
Aceptar la segunda opción, implicaría darle visos de realidad a las palabras de la mandataria nacional quien esta semana denunció un tema de tremenda envergadura: intentos de alejarla del poder.
En todo caso, el hecho de que ambos se hayan relajado este fin de semana, recluyéndose para evitar agitar las ya turbulentas aguas por las que en la semana navegaron acciones y discursos, es un dato político de grandes dimensiones.
Un legislador cobista, durante el Agasajo a las Reinas realizado en la bodega Navarro Correas, lo analizó más o menos así, fundando el "teorema de la existencia del cobismo": "Nosotros existimos por Cobos y Cobos, a su vez, es producto del cariño que le tiene la gente. Ahora: sin ese afecto de los mendocinos, Cobos se cae; y con él, nosotros".
La elucubración no es inocente. Tiene sustancia en la preocupación que les causó primero, las fuertes versiones que estaba todo listo en el anfiteatro y aún en los diversos actos vendimiales, para "escrachar" al vicepresidente y hacer rodar su foto con algún huevo estampado en la camisa por las portadas y pantallas de los medios afines. Pero, además, en el pánico de que estando en Mendoza, siendo mendocino y, además, tan afecto a dar la cara en estos actos populares, Cobos terminará siendo repudiado por "la gente".
Con insistencia, le pidieron que "apareciera", aunque sea, por casualidad.
Pero la respuesta fue el hermetismo total. Al punto que sus amigos personales fueron quienes dejaron entrever que "la del Julio fue una decisión personal que nada tiene que ver con lo que se dice", según se oyó decir. Esa misma voz contó que el vicepresidente el sábado almorzó con su familia, tranquilo y confirmó el anticipo de MDZ de que no asitiría al acto central de la Vendimia.
El Plan B será que Cobos asista a alguna repetición, tal vez a la última. Pero siempre que logre evitar tener que hablar: "Si habla -especuló un empresario vitivinícola, abonando la idea de la repentina adultez de Cristina y Cleto- se verá obligado a echarle leña al fuego. Y estamos en verano; ya está demasiado caliente el ambiente. Está bien que lo enfríen. Los dos actuaron bien", opinó y calificó a la vez.
El momento político hizo que quedara de lado la apuesta personalísima de Cobos de producir un gran gesto de parte del vicepresidente, apartándose del cargo y lanzándose al ruedo como candidato, ahora. Primó, dicen quienes lo conocen, uno de sus múltiples costados: el "institucionalista".
Mientras tanto, un kirchnerista nacional de los pocos que se acercaron a Ugarteche, reconoció que a Julián Domínguez, el ministro de Agricultura de la nación, le faltó un golpe de horno en los temas vitivinícolas. El funcionario cometió dos gaffes terribles: se olvidó de formular los anuncios que le habían encargado que hiciera, por la mañana en el desayuno de la Coviar, en el Hyatt. Y antes del tardío almuerzo siestero, cuando se vio forzado a hablar debido las ausencias nacionales, pesó las uvas en toneladas en lugar de quintales, recibiéndose -para los vitivinicultores de todo el país presentes- de forastero total.
No fue así la consideración que recibió la ministra de la Producción, Débora Georgi. Al punto que un diputado nacional opositor se animó a meter el tema en una de las tantas ruedas de conversación durante la espera del inicio de los discursos del encuentro organizado por Bodegas de Argentina y fue acompañado. "Es más sólida y -dijo- aunque uno pueda discrepar con ella- sabe de lo que habla".
El final del almuerzo llegó con los relojes acusando que pronto debían alistarse para rumbear hacia el teatro griego. Pero un rumor salpicó la sala: ¿será que el ministro de Economía Amado Boudou está más "ido" de lo que se acepta y que Marcó del Pont, la golpeada titular del Central en veremos sería su remplazante? Nadie descartó la idea. Y un ocurrente empresario metió la cuchara a fondo: "...Y bueh, si no se les ocurrió a ellos, démosela nosotros".