Notas
Lo que el viento nos dejó
En los últimos tiempos, en Mendoza nos hemos acostumbrado a jugar al límite siempre. Hace dos días la provincia, en plena época de tormentas, no contaba con los cartuchos para combatir las tormentas de granizo, hace un año sufrimos una tormenta de inusitada violencia y todavía no fuimos capaces de arreglar un puente que sirve como puerta de entrada a los turistas que nos visitan.
En el tema del riego los ciudadanos deben aceptar que muchas veces el agua no llega porque las acequias están llenas de basura y esto se puede comprobar en cada tormenta cuando los desagües no dan abasto y se inundan las calles porque el agua no puede fluír por las acequias, que hace ya mucho tiempo, dejaron de ser cauces de riego para transformarse en depósitos de basura, por la desidia popular.
Ahora bien la responsabilidad de la poda corresponde al Municipio y durante mucho tiempo inclusive con esta Administración nadie tomó medidas. Recién hace 5 meses el Intendente junto a sus colaboradores tomó la decisión de implementar un operativo para desramar los árboles.
Tampoco la provincia a tomado cartas en el asunto, hay muchos álamos como el quecayó sobre el Fiat Duna, que están viejos y secos y nadie toma la decisión de talarlos salvo el viento.
Estuvimos cerca de una tragedia, la pérdida de un solo ser humano que se puede evitar, es sencillamente una tragedia. La naturaleza también condiciona con la fuerza de sus meteoros, pero esto no es excusa porque la cantidad de ramas que se vieron por las calles podrían haber sido cortadas si hubiese habido un plan.
Evidentemente la ciudad no está preparada para fenómenos climáticos que la puedan castigar y esto se debe a que los argentinos siempre jugamos al límite. ¿ Habrá llegado la hora de actuar entonces o habrá que esperar una muerte para despertar?