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Notas

“Cuando abrís un vino de alta gama, duele si pasa desapercibido”

En su primera visita de 2010 a Mendoza, “nuestra” especialista en sommellerie, Marina Beltrame, dedicó unos minutos a dialogar con Club House. El tema central de la charla, por supuesto, giró en torno al vino, pero teniendo en cuenta la relación de esta bebida con la mujer y con la realidad de la provincia.
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Expresiva, femenina, simpática, prudente y sincera son algunos de los adjetivos que encajan con la personalidad de esta “súper” mujer. Contrariamente a lo que puede pensarse de antemano, dos copas de agua mineral mediaron la conversación. ¿La sensación? La misma que la periodista experimentó al salir del cine hace algunos años después de ver “Entre copas”, una maravillosa película que debería disfrutarse con unos cuantos centímetros cúbicos del tan nombrado elíxir en la mano.

En una oportunidad dijiste que “el mundo del vino es muy masculino”. ¿Esto sigue siendo así?

Cuando yo estaba en Hotelería -mi primera carrera-, parecía un mundo totalmente masculino el del vino. Yo lo veía así porque en ese tiempo -año ´91, ´92- nunca me pasó que en una mesa una mujer me pidiera el vino, yo nunca acercaba una carta a una mujer, el que cataba era el hombre…La tendencia era muy marcada, muy obvia.

Cuando elijo irme y hacer mi carrera de sommelier afuera y demás, pensé en una vuelta poco triunfal, volví con pocas expectativas y la sorpresa fue enorme: las puertas se empezaban a abrir con muchísima facilidad por ser mujer, porque era una novedad, porque era curioso. Además se dio la coincidencia con el tema de la compra; porque teóricamente la mujer es la que hace la compra para la casa y para todos los eventos que tengan que ver con comidas, recepciones, cenas, almuerzos, fiestas, etc. Entonces, que supiera de vinos, estaba bueno.

¿Cuál es la participación de la mujer en la etapa de producción del vino y en lo que tiene que ver con cargos gerenciales?

En la enología me da la sensación de que hay más hombres, hay muchas mujeres en marketing, en turismo, pero los puestos gerenciales siguen siendo de los hombres. Antes no había ninguna bodega con mujeres, hoy son varias las que llevan adelante una empresa vitivinícola, si no es la gerencia general, es el segundo puesto. El avance ha sido enorme.

¿Y cómo es la relación en las distintas sedes de la Escuela Argentina de Sommeliers? (La EAS tiene sede en Mendoza, Buenos Aires, San José de Costa Rica, Panamá y Bogotá).

En la escuela no hay una tendencia de género, hay años que puede haber más hombres, pero casi siempre es algo parejo.

Dicen que las mujeres tienen mejor olfato que los hombres y que por eso son mejores catadoras. ¿Es verdad?

Conozco muchos hombres catadores fantásticos, entonces no me parece que sea conveniente hablar de una generalidad. Yo creo que el catador se tiene que entrenar. Quizás en una primera etapa hay más sensibilidad en la mujer, eso puede ser; olemos cremas, reconocemos flores, cocinamos más, tenemos más aromas, más registros incorporados. Pero en un punto se encuentran y la formación es pareja. Ninguna mujer y ningún hombre llega a ser reconocido catador si no entrena.

¿Hay varietales que prefieren las mujeres a la hora de tomar vino?

Hombre y mujer por ahí eligen el mismo estilo de vinos al principio, los vinos blancos, los vinos suaves, el Malbec, y después todos por igual pasan a otros vinos de más estructura. Pero después están los gustos, el catador que ya probó todo, vuelve a lo más franco, a lo más simple. Para mí tiene que ver con la evolución de esa persona y las tendencias de la oferta.

De las ciudades donde se encuentran las sedes de la EAS, Mendoza es la única productora de vinos. ¿Esto marca alguna diferencia en la formación de los alumnos?

Cada lugar tiene sus pro y sus contras. El acceso a tener a los grandes profesionales tan a la mano, poder ver -al estar en una bodega- la creación, saber qué pasó en tal o cual cosecha, es muy fuerte en el sentido de la conexión. Acá hay mucha gente relacionada con la actividad, la misma familia, amigos, mucha gente está vinculada y eso hace que esto se haga un núcleo más sólido. En ese sentido creo que hay una ventaja.


Por otro lado, lo que tiene de atractivo Buenos Aires es ser tan “polo gastronómico”, es muy fuerte en eso. Ahí tenés la oportunidad de probar vinos de la mano de platos increíbles, unos maridajes impresionantes. Se pueden probar cosas nuevas, cosas raras, sumado al buen servicio.

Después están las sedes de San José, Panamá o Bogotá, que no son productoras, pero tenés vinos de todo el mundo. Son lugares a los que me encanta ir por eso, por lo que pruebo. A veces viajar por trabajo es complicado, pero para mí en estos casos es una fiesta. Yo soy la profesora y mis alumnos prueban más cosas que yo, llega todo y acá no llega nada. Yo voy ahí a aprender también y descubro los vinos con ellos.


¿Podemos hablar entonces de una importante falencia de variedad en nuestro país?

En Argentina falta eso: vinos de afuera. Entiendo que se defienda lo nacional y demás, pero para mí si solo tenés una marca -de lo que sea, no solamente de vino- te quedás con lo que hay y eso es peligroso. Y para quienes trabajamos en esto, la formación es limitada.

Aparecen algunos vinos de afuera, pero con precios tan imposibles que la gente no los puede comprar, -o es un segmento muy chico el que lo hace- y acá hay vinos tan accesibles, que no son competitivos.

Más allá del vino, creo que un país necesita tener en todos los campos productos de otros lugares. Es fundamental poder elegir. El precio se vuelve más interesante entonces, porque como hay que competir, los precios bajan y hay mayor consumo. Todo tiene un lado muy bueno que hay que aprovechar y potenciar, pero también hay que reconocer que falta algo y buscar alternativas.

“Disfrutar un vino en compañía de gente que lo sepa apreciar, es mejor, es más interesante”, aseguraste en alguna ocasión. ¿Cuán importante es esto?

Yo creo que cuando abrís una botella de alta gama o algo especial, duele si pasa desapercibido, si le cambiás el vino y no se da cuenta porque no le está prestando atención. Creo que hay vinos para todos los momentos, hay vinos muy agradables y honestos que tienen esa finalidad: estar, acompañar en cualquier momento. Es un vino amigable y todas las bodegas se ocupan de tener esa línea. Y hay otros - muchas empresa hacen un gran esfuerzo para lograrlos- que tienen otra dedicación y otro valor. El que compra -o a quien le regalan- un vino especial, tiene aprecio y respeto por lo que hay detrás.

Hay vinos que hay que compartirlos con gente que medianamente aprecia. Y no es que tengan que saber de vinos, que se interesen, a mi ya me entusiasma. Lo mismo pasa cuando invitás gente a comer y te ocupás, comprás, esperás, preparás, ponés una linda mesa... Querés que prueben, coman, aprecien.
 
Técnica en Administración Hotelera, sommelier, docente, madre de dos hijos -de 5 y 2- y esposa... ¿Cómo hacés con todos estos roles?

¡Siento una culpa espantosa! Porque en el fondo está esto de querer hacer las cosas de la mejor manera siempre y sentís que cuando estás en un lugar, no estás en el otro. La sensación es que tendría que estar un poquito más en cada lugar. Hoy siento que hago un gran esfuerzo por hacer todo lo que adoro. Pero mi peor enemigo hoy es el tiempo.

¿Pensás que un hombre podría ocuparse de tantos aspectos?

Pueden más que lo que dicen que pueden, pero es más cómodo decir que no pueden así lo hace otro. Hoy el hombre está haciendo cosas que en su vida sus padres hicieron, y sus abuelos mucho menos.

Además tienen más resistencia física, que no es poco. El hombre ocupa esos roles femeninos y le encontró el gusto por la conexión que tiene con los hijos, que es espectacular. Hay hombres a quienes les encanta cocinar, que se divierten. Antes las mamás estaban mucho más en la casa, ahora los roles están más divididos, la mujer sale a trabajar, el hombre ayuda, se comparten muchas cosas.

Yo creo que todos estamos más exigidos en todo aspecto, ellos y nosotras. Yo me siento muy feliz y agradecida por todo lo que tengo y lo que Dios me dio, también sé que mucho de lo que logré, lo hice con un gran esfuerzo. Un poco de suerte sí, de estar en el lugar y el momento justo, pero muchas cosas con el esfuerzo de todos los días.

Es la primera vez en el año que Marina viene a Mendoza a dar clases. Los alumnos de la Escuela la esperan ansiosos: compartián un momento preciado con una de las mujeres que más sabe de vinos.

“Nosotros tenemos que lograr que nuestros alumnos nos superen, ellos no son mi competencia. Para mi, no tener que venir cada mes significa que hice las cosas bien, yo confío en mi gente plenamente, hay que estar atenta, pero saber delegar”, afirma, generosa y con sabiduría, y parte hacia el aula en donde la están esperando.

Marina Beltrame:

Nació en Buenos Aires en 1969. Inicialmente formada como Técnica en Administración Hotelera, fue invitada a París a estudiar la carrera de Sommelier en la Ecole de Métiers de la Table.
Volvió a la Argentina y fundó la Escuela Argentina de Sommeliers, que hoy cuenta con sedes en Mendoza, Buenos Aires, Bogotá (Colombia), San José (Costa Rica) y Panamá. Desde entonces coordina y dicta cursos, seminarios y encuentros en vinotecas, restaurantes, hoteles, bodegas y empresas.