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Orquesta Sinfónica de la UNCuyo: plena de intensidad y dinamismo

El Cine Teatro Roma fue el escenario del gran concierto de la Orquesta Sinfónica de la UNCUYO, en el marco de una noche de lluvia. Los sesenta instrumentistas de la misma realizaron una excelente presentación dirigida por el director de orquesta invitado Guillermo Scarabino.
Foto: Agustín Mauricio/Mediamza.com
Foto: Agustín Mauricio/Mediamza.com

Los intérpretes de la Orquesta Sinfónica de la UNCuyo estuvieron en el escenario del Cine Teatro Roma durante la noche del jueves 18 de noviembre, ante un escaso público que, tras apreciar el talento y la calidad interpretativa de los músicos, aplaudió -al terminar el concierto-, con tal vigor y entusiasmo que acabó por ocupar aquellos lugares con el estallido de las palmas en demostración de satisfaccón y cumplido.   

Guillermo Scarabino (foto), reconocido como uno de los directores latinoamericanos de mayor prestigio, dirigió la impecable presentación ante un público que disfrutó y gozó de la interpretación musicla de los integrantes de la Orquesta.

El programa dio apertura con una obra de Mikhail Glinka característica por una gran libertad rítmica que por momentos parece quedar “fuera de tonalidad”. Esta composición instrumental denominada "Russlan y Ludmilla" que musicaliza los avatares que sufren dos enamorados que finalmente logran el triunfo y la dicha final, resultó ser acogida con un éxito resonante.

El director introdujo “La Pampeana 3”, obra puramente sinfónica de Alberto Ginastera, ubicándonos en un clima patagónico donde las leyes de la construcción musical invadió por distintas y cambiantes impresiones, alegres y melancólicas, llenas de euforia cuando no de serenidad, originadas por la inmensidad de una incesante naturaleza que aparecía como una personalidad real, imponiendo su influencia en los protagonistas presentes.

Se dio por finalizada la presentación con la sinfonía número 2 de  Peter L. Tchaikowsky, denominada “Pequeña Rusia”, una excelente interpretación con un carácter de ensueño cada vez más agitado por las ráfagas ascendentes de las cuerdas, en la que se percibió movimiento y misterio que iban perdiéndose paulatinamente y retomaba con acentos repentinos, vertiginosos, ligeros y abundantes. La misma pasó por la sencillez de un aire campesino brindando el movimiento de una danza vigorosa. Una realización graciosa y pausada por una serie de silencios proseguidos por múltiples encadenamientos armónicos, concebidos por la originalidad y la audacia que concluyeron en un sentimiento exultante de poderosa alegría.

Cecilia Nuñez de Roca, Cristina Lafalla, Lila Sbaco (violinista de la orquesta) y Lucia Angelica Ordoñez.

 

José Gutierrez (Director del Coral de los Andes), Jorge Elias (solista y clarón de la orquesta), Adriano Calcagno (solista y flautín) y Sebastián Alcaráz (violinista).

Sofía Bittar de Roculé y Emma Bittar.

(de derecha a izquierda) Marta Castellano, Susana Bernal, Lía Ruiz de Mauricio, Raúl Tabanera, Roberto Batistón, María del Carmen Pérez de Martinez, Esther Labiano, Eugenio Ballarini, Antonio Martinez y Horacio Scheimberg.