Notas
Una alerta peligrosa: la falta de crédito
Una de las principales causas por las que la mayor industria conservera de Mendoza pidió el concurso preventivo de acreedores es la falta de financiamiento, un problema que no sólo puede condicionar el crecimiento sino la continuidad de otras empresas en un contexto de alta inflación y usos al límite de la capacidad instalada.
La apertura de un concurso preventivo de acreedores para salvar de la quiebra a Industrias Alimenticias Mendocinas SA (Iamsa), la segunda mayor industria conservera (la otra es Arcor que compró en 2006 La Campagnola) de la provincia y que comercializa sus productos bajo las marcas Alco y Canale, enciende la luz sobre un problema central: la falta de crédito. Un problema que no es nuevo, pero que se vuelve central en un contexto donde la industria está trabajando ya sobre niveles máximos de capacidad instalada y se enfrenta a un escenario de crecimiento con inflación.
Entre los principales motivos que generaron la cesación de pagos de la mayor industria conservera de Mendoza, explicaron desde Iamsa (a fines de octubre cuando se oficializó el concurso en el Juzgado Nacional de primera instancia en la comercial Nº 1, secretaría 2 de la Capital Federal), se encuentra la baja de precios provocada por la crisis internacional, que produjo una reducción de los ingresos de la empresa por caída de las exportaciones y ventas al mercado interno, sumada al incremento de los costos de producción, tanto en pesos como en dólares durante los últimos años, y los altos requerimientos de capital de trabajo que necesita este tipo de industria, con el grueso de sus actividades marcadamente estacionales, todo ello en un contexto financiero de tasas de interés variables altas y crecientes, y de difícil acceso al crédito de lago plazo.
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Entre los principales motivos que generaron la cesación de pagos de la mayor industria conservera de Mendoza, explicaron desde Iamsa (a fines de octubre cuando se oficializó el concurso en el Juzgado Nacional de primera instancia en la comercial Nº 1, secretaría 2 de la Capital Federal), se encuentra la baja de precios provocada por la crisis internacional, que produjo una reducción de los ingresos de la empresa por caída de las exportaciones y ventas al mercado interno, sumada al incremento de los costos de producción, tanto en pesos como en dólares durante los últimos años, y los altos requerimientos de capital de trabajo que necesita este tipo de industria, con el grueso de sus actividades marcadamente estacionales, todo ello en un contexto financiero de tasas de interés variables altas y crecientes, y de difícil acceso al crédito de lago plazo.
Con mayor o menor grado de afectación, según la espalda financiera y el tamaño de cada una, la caída en los ingresos por la baja en las ventas al mercado interno y externo (las exportaciones se ajustaron en cantidades y en precio durante el 2008 y 2009 en varios sectores y productos de Mendoza) sumado a la inflación, que siguió castigando por el lado de los costos internos y suba en salarios, debilitaron la capacidad de las empresas para preparase para la recuperación que arrancó este año y se espera continúe durante el 2011. Y es en este contexto que la falta de crédito se vuelve un problema central para apalancar el crecimiento de Mendoza y, en algunos casos, un determinante para la continuidad de ciertas empresas más comprometidas.
¿Pero por qué falta el crédito? Para responder esta pregunta, conviene analizar qué está pasando en el sistema financiero argentina. Tomando datos al 1 de noviembre del Banco Central de la República Argentina (BCRA) a nivel país, en los últimos 12 meses el nivel de depósitos totales del sistema aumentó un 35,14% para alcanzar los $352.647 millones. En el mismo período, los préstamos al sector privado (familias y empresas) crecieron 32,34% hasta llegar a los $182.237 millones. En un primer análisis, la tasa de crecimiento de los préstamos es similar a la que registran los depósitos, por lo que no estamos frente a un problema de reticencia de los bancos a prestar dinero por falta de liquidez del sistema. Todo lo contrario.
Entonces por qué las empresas reclaman tanto que no tienen crédito. Es simple: hay que mirar cómo están prestando los bancos. Tomando como base el último boletín estadístico del BCRA publicado en octubre de 2010, con información hasta el cierre de septiembre, sobre un total de $175.599 millones entregados por los bancos al sector privado en créditos en pesos y en dólares, el 10,03% son adelantos en cuenta corriente, el 27,75% documentos descontados y a sola firma, 14,18% son tarjetas de crédito, 20,68% representan los préstamos personales, 11,3% son créditos hipotecarios y 4,95% son prendarios.
Esto muestra que en la composición general de los créditos otorgados al sector privado por los bancos, por cada $100 prestados sólo $16,25 son en créditos hipotecarios y prendarios, dos líneas sobre las que se sustenta la inversión o el consumo de durables que requieren pagos a largo plazo. El resto de estos mismos $100 prestados, $37,78 se lo llevan los adelantos de Cuenta Corriente y los Documentos descontados o a sola firma (instrumentos a corto plazo usados mayoritariamente por empresas) y $34,86 se destinan a créditos personales y a financiar saldos con tarjetas de créditos.
El por qué ocurre esto también es simple de explicar. Por un crédito personal a más de 180 días un banco cobra una tasa (el costo financiero total incluye otros gastos y es todavía más alto) del 29,33% promedio anual, según datos a septiembre del BCRA, mientras que para un crédito hipotecario a más de 10 años de plazo la tasa promedio es del 13,68%. ¿Para qué voy a darle a una pyme un crédito prendario para que invierta en un vehículo, que según el BCRA tiene una tasa del 17,01%, cuando puedo cobrar el 32,28% anual financiando saldo en tarjetas de crédito?
En un contexto de alta inflación (las expectativas inflacionarias para los próximos 12 meses alcanzan ya el 34%) y con el uso al límite de la capacidad instalada de las industrias, se está llevando directamente a las empresas a un sendero de aumento en sus costos (insumos y salarios) y caída en las ventas, porque la inflación termina lesionando la capacidad de consumo. Es por eso que ampliar la capacidad de producción, para vender más y así aumentar los ingresos con el objetivo de recuperar rentabilidad, se vuelve indispensable para la continuidad del sector productivo. Alco en Mendoza está encendiendo la señal de alerta.
Esto muestra que en la composición general de los créditos otorgados al sector privado por los bancos, por cada $100 prestados sólo $16,25 son en créditos hipotecarios y prendarios, dos líneas sobre las que se sustenta la inversión o el consumo de durables que requieren pagos a largo plazo. El resto de estos mismos $100 prestados, $37,78 se lo llevan los adelantos de Cuenta Corriente y los Documentos descontados o a sola firma (instrumentos a corto plazo usados mayoritariamente por empresas) y $34,86 se destinan a créditos personales y a financiar saldos con tarjetas de créditos.
El por qué ocurre esto también es simple de explicar. Por un crédito personal a más de 180 días un banco cobra una tasa (el costo financiero total incluye otros gastos y es todavía más alto) del 29,33% promedio anual, según datos a septiembre del BCRA, mientras que para un crédito hipotecario a más de 10 años de plazo la tasa promedio es del 13,68%. ¿Para qué voy a darle a una pyme un crédito prendario para que invierta en un vehículo, que según el BCRA tiene una tasa del 17,01%, cuando puedo cobrar el 32,28% anual financiando saldo en tarjetas de crédito?
En un contexto de alta inflación (las expectativas inflacionarias para los próximos 12 meses alcanzan ya el 34%) y con el uso al límite de la capacidad instalada de las industrias, se está llevando directamente a las empresas a un sendero de aumento en sus costos (insumos y salarios) y caída en las ventas, porque la inflación termina lesionando la capacidad de consumo. Es por eso que ampliar la capacidad de producción, para vender más y así aumentar los ingresos con el objetivo de recuperar rentabilidad, se vuelve indispensable para la continuidad del sector productivo. Alco en Mendoza está encendiendo la señal de alerta.
