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Sin pasado, sin futuro: Celso Jaque, Gobernador

El gobernador sepultó esta semana el sueño de la promoción industrial para Mendoza. Pero en un acto menos difundido, enterró también un hito forjado por el PJ: la reforma policial de 1998. La violencia polítical es otro problema para el gobierno; por qué la interna peronista casi empaña la visita que esta semana hizo Alicia Kirchner a la provincia.
Foto: Nacho Gaffuri / MDZ
Foto: Nacho Gaffuri / MDZ
Celso Jaque se quedó esta semana sin pasado y sin futuro.

Casi ningún medio lo notó, pero el gobernador desconoció el miércoles la reforma policial de 1998, un logro importante del peronismo mendocino. Lo demostró al no destacar el protagonismo que tuvo en aquellos años alguien que es, hoy, el funcionario más importante de su gabinete.

En el acto por el aniversario 200 de la creación de la Policía, que se celebró en el auditorio Bustelo, el secretario Alejandro Cazabán fue apenas una sombra en la sala. Se sentó, por supuesto, en la primera hilera de sillas, la de las autoridades. Pero ni al gobernador ni a nadie más del Gobierno se les ocurrió mencionar que ese hombre conflictivo y áspero, cuestionado en las filas del PJ, fue el primer ministro de Seguridad que tuvo Mendoza.

Fue, tal vez, el hito mayor en la carrera política de Cazabán. Por primera vez un civil controlaba la Policía. Toda la corporación uniformada estaba en contra y él tenía la misión expresa de descabezarla. Ocupar ese puesto representó un gran desafío.

La reforma de seguridad que encaró el gobierno peronista de Arturo Lafalla, incompleta y para muchos incluso fallida, buscó desarticular los vicios de una policía por aquellos tiempos reconocida como “dura” a nivel nacional y que, en el momento de la reforma, amenazaba incluso el orden institucional de la provincia.

La “purga” de ese entonces, que dirigió con mano férrea Cazabán, retiró del servicio a efectivos que habían ido en contra de los derechos humanos. Hace 13 años, quizás ni los Kirchner pensaban en los derechos humanos.

Injustos con el pasado reciente del peronismo mendocino, ni Jaque ni el ministro de Seguridad, Carlos Aranda, le dieron méritos al funcionario en el acto policial. No hubiese venido mal reconocerlo y aprovecharlo, en momentos en que precisamente no se habla de logros.

El nuevo ministro prefirió, en cambio, deshacerse en elogios hacia su predecesor, Carlos Ciurca, y todo su equipo de colaboradores.

Jaque y Aranda vaciaron de contenido sus discursos. Según lo que dijeron por los micrófonos, mejorar la seguridad hoy implica apenas llenar de cámaras de vigilancia los lugares céntricos y dotar de otros elementos tecnológicos a la Policía para el combate del delito.

Con errores y uno que otro acierto, en el pasado, se discutían políticas, palabra que ha quedado desterrada del léxico gubernamental respecto de la seguridad.

Cazabán fue protagonista de aquellos viejos tiempos y su intervención en el aniversario de la Policía puede reducirse a la broma al oído que le hizo a un colaborador en la entrada del auditorio Bustelo: “Nosotros acá adentro tenemos que estar espalda contra espalda”, afirmó, recordando la época en que la “vieja policía” lo asediaba.

Afortunadamente, gracias al recambio policial y a algunas decisiones políticas afortunadas, Mendoza va dejando atrás de a poco el estigma de tener una policía brava. Y eso lo impulsó un gobierno justicialista.

Pero el gobernador se remonta en el pasado sólo para criticar la gestión de Cobos. Jamás va un poco más allá. Aunque ese límite le impida revalorizar lo que hizo el propio justicialismo, en otro periodo. Perdiendo la oportunidad de que ese ejercicio coloque en primer plano a quien es hoy su mano derecha en el Poder Ejecutivo.

No hay futuro. Más evidente que el ninguneo de la reforma policial fue la demolición jaquista del futuro,  cuyo símbolo era, según el propio gobierno, la promoción industrial.

El sueño de atraer ese beneficio a Mendoza se apagó esta semana, sin penas ni gloria. El propio Jaque resignó casi todas las esperanzas de recibirla antes del fin de su mandato, sólo un mes después de haber proclamado que había conseguido un logro histórico para la provincia.

Ahora, todo el consuelo para el Gobierno radica en la acción judicial de los empresarios de San Rafael, que mantiene frenado el decreto 699, el de la promoción que excluía a la provincia. Como la promoción no la tiene ninguna provincia actualmente, no hay perjuicio, razona Jaque.

Como todas las provincias de la región pierden sin la promoción, pierde también el gobernador sanjuanino, José Luis Gioja, piensa Jaque, regodéandose tal vez con la idea de que su poderoso colega pierda una pelea, en medio de tantas victorias. 

 

Pero no se puede olvidar que fue el propio Jaque quien subió a los mendocinos, el 21 de setiembre, a un supuesto tren del éxito que ahora quiere detener con un par de razonamientos políticos elaborados sobre la marcha y que de ninguna manera han sido propuestas de su gestión.

Los intendentes de todos los colores habían empezado a construir escenarios de crecimiento económico y sueños de grandeza a partir de las inversiones que traería el nuevo decreto, por el cual “Cristina se acordó de Mendoza”, según los inflados discursos gubernamentales del día del Estudiante.

Políticos y empresarios soñaban y tenían esperanzas. En esta provincia, hacía mucho que no se soñaba. Pero la alegría duró demasiado poco.

El gobierno no tiene más la bandera política de la lucha contra la promoción (la entregó cuando el fiscal de Estado renunció a la demanda contra Cristina por el decreto 699) y fundamentalmente no tiene la promoción, a la que buscó plegarse, previo arriar el emblema de una causa histórica para Mendoza.

El ánimo ahora es desolador en el gabinete.

La gran pregunta es si Jaque tiene tiempo para remontar esta realidad adversa. Lo había en junio de 2009, cuando el gobernador salió a pedir perdón por su promesa electoral de reducir la inseguridad en seis meses, que tampoco cumplió.

Pero esta vez el gobernador tiene poco más de un año de gestión por delante para inventar otra esperanza y tratar de llevarla a la práctica, en medio de los espasmos de una nueva elección general, crujidos que han comenzado a sentirse de manera prematura.

Todo por nada. Llamativamente Jaque anunció a la vuelta de su viaje por Estados Unidos su alineamiento pleno con el proyecto presidencial de Néstor Kirchner, el mismo dirigente que todos señalan a la hora de tratar de explicar quién fue el culpable del bochorno de la promoción industrial.

Su secretario Cazabán había sondeado unos días antes el clima partidario en Buenos Aires y mantuvo conversaciones con el operador Juan Carlos Chueco Mazzón, según se hizo público durante la semana. El resultado de estas charlas fue, según parece, la confirmación de que el oficialismo provincial, en cualquiera de sus versiones, seguirá ligado al proyecto nacional del kirchnerismo. A pesar del destrato recibido por parte del Gobierno Nacional.

 


El problema es que este encolumnamiento no ofrece nada a cambio al Gobierno provincial. Kirchner no devolvió el gesto con una visita para celebrar la esperada reunión del Consejo Nacional del PJ en Mendoza, mitin que el oficialismo provincial viene armando en vano desde setiembre.

El presidente del PJ se hizo anunciar tres veces, pero jamás pisó la provincia, a la que no visita desde 2008, cuando tenía de aliado a Julio Cobos y su popularidad era grande.

Un ministro descartó esta semana de plano las vagas explicaciones del propio Jaque acerca de los problemas de organización del Consejo justicialista, así como las que esbozó el ministro de Gobierno, Mario Adaro, sobre los efectos que tuvo la interna de Néstor Kirchner con el gobernador bonaerense Daniel Scioli en la venida del ex presidente a Mendoza.

“No viene a Mendoza porque no se puede parar frente a los empresarios de acá sin el decreto de la promoción”, se sinceró el funcionario. Nadie puede a esta altura ocultar la verdad, a pesar de formar parte del gobierno.

El plato está servido para la desgajada oposición, que tiene en sus manos el destino del fiscal Joaquín de Rosas. Y que se burla del extraño vínculo de Jaque con el matrimonio presidencial, ese gobernador que –dicen con sorna- padece el “síndrome de Estocolmo”.

Un round para cada bando en la interna. El posjaquismo puede ser un parto difícil para el PJ en este contexto conflictivo para la provincia.

Los peronistas ya iniciaron un proceso de renovación, separándose en dos bandos claramente diferenciados por historia y estilos: el gobierno de Jaque y cinco intendentes justicialistas por un lado (la Línea Mendoza), los azules y tres intendentes por el otro.

La Línea Mendoza arrancó dando un golpe de efecto en un salón de Guaymallén y confirmando su apego a la causa kirchnerista, mientras que los azules prefirieron comenzar un armado sereno y cauteloso.

Dos semanas atrás, la Línea Mendoza ganó el primer round. Pero la agonía de la promoción y los desplantes de Kirchner le hicieron perder el segundo.

Los azules, en estos días, mantuvieron la oreja pegada a la Casa Rosada. Estudiaron el escenario con mesura y al compás de información que derramaba Mazzón. Finalmente fue el Chueco quien levantó el teléfono para calmar a su tropa. “Mendoza tiene problemas muy graves como para ocuparse de la interna. El fiscal de Estado está cerca del Jury y el decreto de la promoción no aparece”, reflexionaron los azules el lunes por la noche, cuando ya había trascendido, además, que Kirchner no vendría a Mendoza.

Buscando apaciguar los bombos de la contra y los azules decidieron entonces cambiar el discurso: estaban por lanzar un documento fundacional del sector para la interna, que al final quedó en la nada.

Los azules también están con Kirchner, pero cuentan con un margen de maniobra que la Línea Mendoza no tiene. Son diferentes. Pisan fuerte en el Congreso, cerca de donde atiende Dios. No se pierden ninguna novedad del matrimonio presidencial. Y en Mendoza incluso albergan peronistas no kirchneristas, como el presidente de la Cámara de Diputados, Jorge Tanús.

Difícilmente se pintarán la cara para participar de “6, 7, 8”, el programa ultraoficialista que el domingo pasado sentó al ministro Adaro. Aunque tal vez exageran un poco al decir que “hasta el alineamiento nacional está en duda” en situaciones críticas como la que vive Mendoza por la promoción.

Alicia en la provincia de las disputas. La convivencia en el seno de este oficialismo dividido en dos puede ser un problema para este peronismo, que otra vez perdió el horizonte. 

 

La ministra Alicia Kirchner, única integrante de la familia presidencial que se ha permitido pisar Mendoza, vino a la provincia a principios de esta semana para hacer trabajo social.

La hermana del ex presidente visitó varias localidades de San Martín, inauguró un centro integrador comunitario y presentó el “tren sanitario” que brindó atención a los vecinos de Palmira.

Pero los ecos de un pequeño escándalo casi empañan su visita. Un grupo reducido de militantes del MUP, una agrupación kirchnerista explícitamente alineada con el gobierno de Jaque (fueron sus "aplaudidores" en varios actos oficiales) y la Línea Mendoza, buscaron acercarse a la ministra de Desarrollo Social en su silenciosa visita.

Portaban carteles que los identificaban como militantes de Las Heras, el departamento que conduce el presidente provincial del PJ, Rubén Miranda.

La gente del MUP forcejeó un poco con la Policía para acercarse a Alicia Kirchner. En principio no pudieron hacerlo y culparon por ello al intendente de San Martín, Jorge Giménez, un hombre de Mazzón que, por lo tanto, está en la otra vereda de la interna justicialista.

Giménez todavía no termina de digerir los cantitos que recibió de los muchachos lasherinos y si bien no ha puesto las quejas, culpa a Miranda de haber intentado calentar la interna en la cara de la hermana de Néstor Kirchner. “Alguien los tiene que haber llevado cuarenta kilómetros con un cartel hasta San Martín. Alguna vinculación debe haber con Las Heras. Lo que hicieron me parece poco prudente”, señaló el presidente del Concejo Deliberante de San Martín y cuñado del intendente, Bartolomé Robles.

La paz en peligro. El episodio del Este encendió una mecha que debería preocupar a los peronistas. Hay caldo en el país para la violencia política en estos días: en Buenos Aires, un militante del Partido Obrero murió de un balazo en medio de una marcha, presuntamente disparado por otro de la Unión Ferroviaria.

 


Evitar que el virus de la violencia que anida en parte de la política se expanda en Mendoza no será una misión menor para un Gobierno que ha perdido o entregado otras batallas.

Y no sólo se trata de contener el frente interno: en un par de días, la sociedad mendocina pondrá a prueba su espíritu de convivencia cuando en Uspallata se debata, en audiencia pública, los pro y contras del millonario proyecto minero San Jorge.

La Iglesia quedó enredada en esta discusión gracias a un documento que invocó la necesidad de parar el avance minero para mantener la paz social en la villa cordillerana. Jaque en persona salió inmediatamente al cruce de ese documento. Con los ojos puestos en la inversión dineraria que hará la empresa Coro Minning (inicialmente, unos 300 millones de dólares) y tratando, a la vez, de silenciar las divisiones del propio oficialismo en torno a la minería, el gobernador calificó directamente de "aberrantes" las advertencias clericales.

Si bien hay quienes aseguran que Uspallata no es un polvorín por la minería, el Gobierno pondrá a prueba el martes su capacidad de arbitrar un debate en el que se ponen en juego los recursos naturales.

Se sabe, además, que el cruce ideológico en torno a la minería es muy fuerte y se reaviva ante cada nuevo emprendimiento en cualquier lugar del país. Por eso no sería poco lograr que los bandos en pugna expongan sus posturas sensatamente, sin utilizar la violencia.