Notas
Con otros ojos: los corresponsales extranjeros y la gripe gauchesca
La Argentina ha logrado que se hable más de lo que rodea a la pandemia de Gripe A que de la enfermedad en sí misma. Esto marca la diferencia. Hay tanto debate y polémica en torno al tema que resulta muy difícil encontrar la versión de lo que sucede que más se aproxime a la verdad.
Por eso recurrimos a lo que pueden decir otras voces. Lo que han visto otros ojos. Lo que relevan y escriben los corresponsales periodísticos extranjeros radicados en el país.
De ellos, tres reportan a diarios mexicanos, la nación en donde nació el virus, cuando lo conocimos como “gripe porcina” y, también, la primera destinataria de medidas oficiales del gobierno argentino, cuando decidió negarle el derecho a aterrizar a las naves de empresas de ese origen.
Además, la visión de medios europeos instalados en Buenos Aires y que, en la mayoría de los casos, operan desde allí cubriendo lo que pasa en toda Latinoamérica.
El disparador fue la percepción de que Chile ha abordado mejor que la Argentina el problema. Hubo opiniones contrapuestas, pero sobresalió una coincidencia: la politización del tema, de uno y otro lado.
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De lleno en el tema, Stella Calloni, corresponsal del diario La Jornada, de México, considera que no es lo mismo “comparar países más pequeños donde el control se hace más fácil que países grandes. Estados Unidos, México, Argentina –dice- precisamente países con una gran cantidad de proporción de clase media, que viaja normalmente al exterior, son los más afectados”.
Alejandro Pairone, el periodista del también mexicano diario Reforma, fue crítico con el rol de los medios de comunicación en el manejo del tema. “No hace falta abundar mucho para ver lo relativo de su manipulación y cómo se la analiza según los posicionamientos respecto del oficialismo, y no con criterios profesionales”.
Mientras que el hombre de El Universal en la Argentina, José Vales, fue muy crítico con el Gobierno: “Hubo una improvisación absoluta”, sostiene.
Manipulación informativa: mal de muchos
No todos creen que se trate de una actitud argentina esto de esconder las cifras o de manipular a la gente desde los medios de comunicación.
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“Por otro lado –dice- creo que en esta última época no hay demasiado lugar para engaños, aunque considero que sí se manipulan los datos. Por ejemplo, decir que hay 10 o 12 muertes por gripe A y otros 100 casos sospechados es una manipulación porque basta con demorar el dato para que la cifra se pierda en la coyuntura. También los famosos casos de pérdidas de los resultados de los exámenes”, aporta Domínguez.
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Sobre la politización del asunto, es Domínguez quien pone sobre la mesa un elemento más para el debate: “La responsabilidad de que aún no se haya controlado es de las autoridades en general. No sólo la Presidenta y el Ejecutivo Nacional tienen responsabilidad (sea por impericia o negligencia), sino que el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y los gobiernos provinciales la comparten”.
Al respecto, recuerda que “Argentina es un país federal y las decisiones de cerrar determinados lugares o de tomar determinadas medidas es de cada gobierno. No entiendo –confiesa- cómo la Ciudad de Buenos Aires no dudó en cerrar escuelas pero no suspendió, por ejemplo, los partidos de fútbol o cerró temporalmente los boliches bailables”.
“Hay que mirar la crisis epidémica sin lentes partidistas” –aporta Domínguez. “Tanto el oficialismo como la oposición porteña han actuado irresponsablemente. Sea por las elecciones, sea por el negocio del fútbol o por lo impopular que sería cerrar los lugares de diversión, no se tomaron las medidas necesarias. El costo económico va a impactar sin duda en los balances nacionales, pero el costo en el largo plazo de una epidemia no controlada sería aún mayor. Y esto México pudo verlo”, señala en su evaluación para MDZ.
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Cómo actuó la Argentina
Al ubicar el problema en el contexto político del país, representante de la agencia italiana IPS (Inter Press Service) Marcela Valente, indica que “al gobierno argentino le toca enfrentar la Gripe A en momentos en que la confianza de los ciudadanos en la información impartida por el gobierno está en franca decadencia”.
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“Por otro lado –abunda- pareciera que esta nueva gripe, que asusta porque no respeta edades ni clases sociales, pone en evidencia problemas sanitarios estructurales mayores que se vienen arrastrando como, por ejemplo, la gran cantidad de personas que mueren al año en Argentina por gripe y por enfermedades respiratorias en general, muchas de ellas evitables con una buena política de prevención y promoción de la salud”. Y con respecto a nuestros vecinos, opina que “(esto último) parece estar mejor resuelto en Uruguay y en Chile, donde tienen el mismo clima pero se muere menos gente por estas causas”.
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Según su criterio, “tampoco lo hizo tan mal comparativamente con lo que sucedió en los países donde comenzó esto, que contabilizan cientos de fallecidos pese a que el virus atacó cuando ya estaban en avanzada primavera. Habrá que ver que sucede cuando el invierno llegue, por ejemplo, a México y los Estados Unidos, que son dos países con altos niveles de pobreza, exclusión social y en consecuencia, desatención médica”.
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Como parte de “una serie de incongruencias y medidas sin sentido”, Vales examina que en nuestro país “a pesar de las recomendaciones de la ex ministra de Salud, las elecciones se hicieron igual, jugando con la vida de la gente”.
Y en cuanto a las diferencias entre el abordaje de la pandemia en México y en la Argentina, está convencido de que allí “la gente, además de las medidas rápidas del Gobierno, la gente las acató en función del bien común”.
Confrontando países, Stella Calloni, de La Jornada, opina que “en México hubo miles y miles de casos como aquí ´sospechados´ que luego se descartan, pero entran en las gráfica. Y hay variaciones en el mismo virus, según el ambiente más seco o más húmedo”.
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Pero pone en negro sobre blanco una reflexión, para que le caiga encima a quien corresponda: Lo único que no se puede hacer en caso de una pandemia, es confundir a la población, mentir o exagerar sin dar precisiones y menos utilizar políticamente. Especular con el tema de salud en momentos como estos es violar las mínimas normas éticas del periodismo”.








