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Con otros ojos: los corresponsales extranjeros y la gripe gauchesca

Hablamos con un grupo de corresponsales de medios extranjeros en la Argentina. La manipulación de las cifras de la pandemia en el país, la actuación del Gobierno y de la gente. Comparaciones con países vecinos y del resto del mundo.
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La Argentina ha logrado que se hable más de lo que rodea a la pandemia de Gripe A que de la enfermedad en sí misma. Esto marca la diferencia. Hay tanto debate y polémica en torno al tema que resulta muy difícil encontrar la versión de lo que sucede que más se aproxime a la verdad.

Por eso recurrimos a lo que pueden decir otras voces. Lo que han visto otros ojos. Lo que relevan y escriben los corresponsales periodísticos extranjeros radicados en el país.

De ellos, tres reportan a diarios mexicanos, la nación en donde nació el virus, cuando lo conocimos como “gripe porcina” y, también, la primera destinataria de medidas oficiales del gobierno argentino, cuando decidió negarle el derecho a aterrizar a las naves de empresas de ese origen.

Además, la visión de medios europeos instalados en Buenos Aires y que, en la mayoría de los casos, operan desde allí cubriendo lo que pasa en toda Latinoamérica.

El disparador fue la percepción de que Chile ha abordado mejor que la Argentina el problema. Hubo opiniones contrapuestas, pero sobresalió una coincidencia: la politización del tema, de uno y otro lado.

La primera voz es de protesta y la levanta Ricardo Rivas, representante en el país y en Paraguay de la agencia de noticias china Xinhua y, además, directivo de la Asociación de Corresponsales extranjeros (ACE). Deja en claro el reclamo de la entidad por la falta de acceso a la información con la que se han topado institucionalmente frente al Gobierno. “No es sencillo saber qué pasada de boca de los funcionarios y nuestras peticiones o quejas por ello, como profesionales, como medios extranjeros o como entidad, no son escuchadas. Son ignoradas”, denuncia Rivas.

De lleno en el tema, Stella Calloni, corresponsal del diario La Jornada, de México, considera que no es lo mismo “comparar países más pequeños donde el control se hace más fácil que países grandes. Estados Unidos, México, Argentina –dice- precisamente países con una gran cantidad de proporción de clase media, que viaja normalmente al exterior, son los más afectados”.

Alejandro Pairone, el periodista del también mexicano diario Reforma, fue crítico con el rol de los medios de comunicación en el manejo del tema. “No hace falta abundar mucho para ver lo relativo de su manipulación y cómo se la analiza según los posicionamientos respecto del oficialismo, y no con criterios profesionales”.

Mientras que el hombre de El Universal en la Argentina, José Vales, fue muy crítico con el Gobierno: “Hubo una improvisación absoluta”, sostiene.

Manipulación informativa: mal de muchos

No todos creen que se trate de una actitud argentina esto de esconder las cifras o de manipular a la gente desde los medios de comunicación.

Por ejemplo, Norma Domínguez, de la agencia suiza Swissinfo, cree que “la desinformación que hubo en la Argentina y la manipulación de datos creo que se ha repetido también en otros países de la región que no quisieron padecer el 'sincericidio' mexicano. Me cuesta creer –aporta desde su visión de corresponsal para Latinoamérica- en las cifras que dan algunos países grandes de Sudamérica, como Brasil, por ejemplo”.

“Por otro lado –dice- creo que en esta última época no hay demasiado lugar para engaños, aunque considero que sí se manipulan los datos. Por ejemplo, decir que hay 10 o 12 muertes por gripe A y otros 100 casos sospechados es una manipulación porque basta con demorar el dato para que la cifra se pierda en la coyuntura. También los famosos casos de pérdidas de los resultados de los exámenes”, aporta Domínguez.

Volviendo a Pairone (foto), indica que “sólo a modo de ejemplo 8de cómo se manipula la información desde los grandes grupos periodísticos), puede observarse que tanto Chile como Uruguay tienen más muertos que la argentina, según las cifras que sus gobiernos declaran -y siempre con lo relativo que puede ser eso- Chile declara 35 muertos, pero si toma en cuenta que su población poco más de un cuarto de la argentina, un índice básico revela que proporcionalmente están equiparados”. Ofrece otro punto de comparación: “Reconoce 15 muertos, con una población que ronda entre el 7 y 8 por ciento de la argentina. Es el equivalente a unos 180 fallecidos argentinos o el doble de los chilenos”.

Pero para Robert Friele (foto) , corresponsal de la Asociación Holandesa de Prensa (GPD) en América Latina, la cuestión es que aquí le damos un tono político a todo. Opina que, “en general, mi impresión es que todo en Argentina está politizado” incluyendo a “algo sumamente neutral, como es la salud de la población, lo cual influye probablemente en las decisiones que termina tomando Ministerio de Salud, como también pasó con la epidemia de dengue anteriormente”.

Sobre la politización del asunto, es Domínguez quien pone sobre la mesa un elemento más para el debate: “La responsabilidad de que aún no se haya controlado es de las autoridades en general. No sólo la Presidenta y el Ejecutivo Nacional tienen responsabilidad (sea por impericia o negligencia), sino que el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y los gobiernos provinciales la comparten”.

Al respecto, recuerda que “Argentina es un país federal y las decisiones de cerrar determinados lugares o de tomar determinadas medidas es de cada gobierno. No entiendo –confiesa- cómo la Ciudad de Buenos Aires no dudó en cerrar escuelas pero no suspendió, por ejemplo, los partidos de fútbol o cerró temporalmente los boliches bailables”.

“Hay que mirar la crisis epidémica sin lentes partidistas” –aporta Domínguez. “Tanto el oficialismo como la oposición porteña han actuado irresponsablemente. Sea por las elecciones, sea por el negocio del fútbol o por lo impopular que sería cerrar los lugares de diversión, no se tomaron las medidas necesarias. El costo económico va a impactar sin duda en los balances nacionales, pero el costo en el largo plazo de una epidemia no controlada sería aún mayor. Y esto México pudo verlo”, señala en su evaluación para MDZ.

Mientras tanto, Ricardo Rivas, de Xinhua, luego de repasar las cifras que dan los sitios de Internet de Salud argentino y del resto de los países latinoamericanos, reprocha que “no es posible obtener de los responsables de Salud de la Nación respuestas verosímiles ni, mucho menos, que se sostengan en el tiempo”. “Recordemos –propone- que mientras que el ministro de Salud, Juan Manzur, luego de asumir reconoció más de 100.000 infectados, horas más tarde, en su presencia y ante la prensa, fue categóricamente desmentido por la presidenta Cristina Fernández quien, además, instó a ´informar con responsabilidad´ sobre el tema”.

Cómo actuó la Argentina

Al ubicar el problema en el contexto político del país, representante de la agencia italiana IPS (Inter Press Service) Marcela Valente, indica que  “al gobierno argentino le toca enfrentar la Gripe A en momentos en que la confianza de los ciudadanos en la información impartida por el gobierno está en franca decadencia”.

En su análisis, Valente indica que “aún cuando se decidieran medidas que están en línea con las recomendaciones de la OPS, por ejemplo, dejar de hacer hincapié en la cantidad de casos, los ciudadanos sospecharán que son maniobras para no informar lo que sucede”.

“Por otro lado –abunda- pareciera que esta nueva gripe, que asusta porque no respeta edades ni clases sociales, pone en evidencia problemas sanitarios estructurales mayores que se vienen arrastrando como, por ejemplo, la gran cantidad de personas que mueren al año en Argentina por gripe y por enfermedades respiratorias en general, muchas de ellas evitables con una buena política de prevención y promoción de la salud”.  Y con respecto a nuestros vecinos, opina que “(esto último) parece estar mejor resuelto en Uruguay y en Chile, donde tienen el mismo clima pero se muere menos gente por estas causas”.

Pairone, de Reforma, evalúa que “tengo la certeza de que cada sociedad hace lo que puede con lo que tiene. Y me parece –dice- que la Argentina no lo ha hecho tan mal como dicen los grandes grupos de comunicación, que son los primeros interpretadores de los hechos, y quienes fijan los criterios de la agendas”.

Según su criterio, “tampoco lo hizo tan mal comparativamente con lo que sucedió en los países donde comenzó esto, que contabilizan cientos de fallecidos pese a que el virus atacó cuando ya estaban en avanzada primavera. Habrá que ver que sucede cuando el invierno llegue, por ejemplo, a México y los Estados Unidos, que  son dos países con altos niveles de pobreza, exclusión social y en consecuencia, desatención médica”.

José Vales, del diario El Universal, tiene un punto de vista distinto. A su opinión de que “hubo una absoluta improvisación” no bien se conoció el nacimiento de la enfermedad en México, le agrega que se actuó “en contra de las empresas mexicanas de aviación, ya que suspendió solamente sus vuelos, mientras los mexicanos seguían llegando a la Argentina vía Lima, Santiago, San Pablo o Río de Janeiro por otras líneas aéreas”.

Como parte de “una serie de incongruencias y medidas sin sentido”, Vales examina que en nuestro país “a pesar de las recomendaciones de la ex ministra de Salud, las elecciones se hicieron igual, jugando con la vida de la gente”.

Y en cuanto a las diferencias entre el abordaje de la pandemia en México y en la Argentina, está convencido de que allí “la gente, además de las medidas rápidas del Gobierno, la gente las acató en función del bien común”.

Confrontando países, Stella Calloni, de La Jornada, opina que “en México hubo miles y miles de casos como aquí ´sospechados´ que luego se descartan, pero entran en las gráfica.  Y hay variaciones en el mismo virus, según el ambiente más seco o más húmedo”.

“En Chile –agrega- hay mucha más disciplina en la población  y a nadie,  por ejemplo, se lo ocurrió utilizar políticamente el tema de la Gripe A como  ariete contra un gobierno. En México se protestó contra duras medidas del presidente que parecían impuestas  más para control político que para un control epimediológico, pero hubo disciplina al acatar las medidas sanitarias  en la población”, evalúa Calloni.

Pero pone en negro sobre blanco una reflexión, para que le caiga encima a quien corresponda: Lo único que no se puede hacer en caso de una pandemia, es confundir a la población, mentir o exagerar sin dar precisiones y menos utilizar políticamente. Especular con el tema de salud en momentos como estos es violar las mínimas normas éticas del periodismo”.