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Notas

Cómo actuó Chile y qué nos critican de nuestra actuación

El juego de las diferencias: cómo actuó el Gobierno aquí y allá, pero sobre todo, detrás de la cordillera. En Chile tenían un plan de contingencia desde 2007 ante la eventualidad de otra pandemia de influenza. Algunas voces trasandinas que cuentan cómo viven la situación, qué valoran de su gobierno y qué nos critican a nosotros.

La Gripe A llegó a Chile antes que a la Argentina.

Un día antes de que el 18 de mayo se confirmaran los dos primeros casos de la enfermedad en el vecino país, se conformó el Comité Nacional de Brotes y Emergencias con epidemiólogos y autoridades de Salud.

Pero no todo fue color de rosas, ya que también hubo declaraciones altisonantes: "Estamos a 24 horas de detener la influenza humana en nuestro país", dijo un funcionario de Salud, en un innecesario alarde que se desmintió con el paso de las horas.

Sin embargo, lo que se precia del caso chileno es la gran capacidad de coordinación del Gobierno y el autocontrol de sus habitantes. Sin ambas cosas funcionando a la vez, la situación podría haber sido catastrófica, ya que  la enfermedad tuvo una explosión que costó pero que se logró controlar.

Cómo se actuó

Chile tenía diseñado, desde el año 2007, un “Plan de Preparación para una Pandemia de Influenza", elaborado bajo el alerta de la Gripe Aviar, pero un útil ejercicio a la hora de actuar frente a un nuevo caso, como el que finalmente ocurrió.

Además de tener previsto qué rol debía cumplir cada efector estatal de salud en caso de que ésta se produjera, preparó, subió a la web en formato PDF, imprimió y distribuyó un manual de “Riesgos Estratégicos de Negocios”  nada menos que un informe con recomendaciones que le indicaban a las empresas cómo debían prepararse y actuar frente a una pandemia.

Entre los materiales que el Gobierno de Chile puso a disposición de la sociedad, se incluyó, además, un “Estudio de Impacto Económico” de la potencial pandemia. Allí, cada empresario pudo saber con qué riesgos se enfrentaría:

- Cambios en el consumo y patrones sociales.

- Consecuencias por la falta de confianza de inversionistas.

- Reducción de la fuerza laboral debido a la incapacidad o muertes.

El juego de las diferencias

Cuando uno hace clic en el portal de Salud del Gobierno argentino, encuentra noticias oficiales y una maraña de links a otras áreas estatales. Es que hay una trampa: no se trata del sitio web del Ministerio, sino de la Administración de Programas de Salud que ocupa la dirección salud.gov.ar. Cuando se hace lo propio en el del Minsalud de Chile, lo primero que se ve es un banner que indica: “Influenza: infórmese y prevenga. Todo lo que hay que saber sobre la nueva influenza humana H1 N1 aquí”. Inmediatamente, “Reporte sobre situación de influenza humana H1 N1” actualizada.

La información argentina sobre la pandemia se encuentra, sí, en Msal.gov.ar, el portal del Ministerio de Salud. De todos modos, está plagado de noticias oficiales y, si bien ofrece los partes estatales sobre el avance de la enfermedad, no ofrece guías de actuación.

En el portal chileno, hay información disponible para ser impresa, destinada a cómo deben manejarse las escuelas, pero fundamentalmente, guías para el personal de la salud: cómo debe manejarse la influenza en niños, en adultos, medidas de prevención para los trabajadores sanitarios, guía clínica para el manejo de casos y muchos otros que dan un claro y único itinerario de actuación.

Las voces trasandinas

Juan Tsukame (foto), es un experto chileno en seguridad industrial y minero. Tiene 71 años y vive a medio tiempo entre Chile y Mendoza. Valoró “la rapidez con que la presidenta Bachelet actuó en el tema”. Valoró el sistema de salud de su país, en “donde todos los jubilados, al igual que los niños chicos, tienen la obligación de vacunarse contra la gripe y, si no lo hacen, pierden algunos derechos”.

Pero también observó que “en Chile no hubo pánico”. Tsukame contó que “se decidió abrir todos los hospitales y clínicas para que la gente vaya y que el estado luego negociaría con los privados los costos insumidos por la emergencia”. Como curiosidad, dijo que en su país no hay ese furor argentino por el uso del alcohol.

Su postura es coincidente con la relatada por Doris Gamarra, una maestra que vive en Valparaíso y que, ante nuestra consulta, dijo que “lo primero que hicimos todos fue no politizar el asunto y meternos de cabeza a prevenir”. Admitió que “al principio, entramos en pánico y queríamos que cerraran las escuelas”, pero señaló que fue “mucho más atinada” la medida estatal de “ir cerrando aquellas escuelas en donde habían casos sospechosos y no todos a la vez, sino hubiésemos tenido a todos los alumnos fuera del escuela, pero juntos en cualquier otro lado”.

Precisamente eso es lo que ve mal de nuestro país (y de Mendoza en particular) Mariana Gutiérrez, escribana, residente en Santiago y que está de paso por esta provincia. “Acá dicen que hay que encerrar a los niños, pero allá dicen todo lo contrario: hay que ventilarlos, sacarlos a la calle, aunque teniendo la precaución de no generar tumultos y, siempre, asegurando una buena higiene”.

Henoch Cuchacovich

, ingeniero químico e importador de medicamentos consideró que “no hay ningún secreto en cómo se abordó el asunto aquí, sino que hubo una fuerte campaña publicitaria. Hay un programa permanente de los cuidados que debe tener la gente y todo el Tamiflu necesario para darle a la gente que lo necesite. Además, inmediatamente se le da licencia a la gente que manifiesta los primeros síntomas”.

Gutiérrez está de acuerdo con el protocolo aplicado en su país. Y algo mejor: lo conoce. “Todos sabemos como hay que actuar porque los medios han sido muy responsables en difundir una sola versión de cómo hay que hacer las cosas”, sostiene.

Por su parte, Francisco Puelles Quintana, jubilado y abuelo de 12 nietos, de visita en Mendoza, dijo tenerle miedo a la gripe, pero aseguró que está “seguro de que no la voy a contraer por mi propia torpeza”. “Lo que le digo a mis nietos: lávense las manos y la cara muchas veces al día y en la casa hay que cambiar las sábanas y las toallas a diario, además de evitar los besos y abrazos que allá (en Chile) no son tan comunes como acá, de todas formas”, explicó.

Mientras que Mladen Tomicich, un ingeniero atómico que reside en Santiago, hace un balance sencillo de cómo se actúa en su país: sostiene que lo bueno está en que se le asigne el medicamento indicado a toda persona que acredite tener más de 38 grados de fiebre.

Finalmente, Juan Gómez un alto directivo de Amnistía Internacional de Chile que es químico farmacéutico de profesión, le dio su percepción a MDZ en torno a las diferencias de abordaje entre su país y el nuestro. “No hay una diferencia tan clara en términos del control del avance de la influenza humana. En Chile –dijo- debemos estar bordeando los 100 mil infectados que no es tan distinto de lo que ocurre en Argentina. En términos de mortalidad eso sí ha sido bastante baja”.

Gómez identificó tres pasos “claves” de la actuación de su país:

- Alerta comunicacional plena y desde el primer momento con medidas claras y concretas hacia la población en términos de prevención, e instructivos claros sobre la sintomatología de la enfermedad y de que hacer en caso de sentirse contagiado.

- Detección precoz y tratamiento oportuno en centros asistenciales preparados para efrentar una pandemia de alta prevalencia. En una primera etapa hubo un manejo cuarentenario riguroso, pero se abandonó gradualmente dado que la cifra de contagiados crecía exponencialmente de todas formas.

- Actualmente se atiende a todas las personas en todos los centros hospitalarios, en donde independiente de la condición económica del paciente, se le regala el tratamiento con oseltamivir, y luego se le deriva a su domicilio con las recomendaciones sanitarias necesarias para evitar el contagio del resto de los componentes del grupo familiar, lo que no siempre se logra.

Colaboración: Marcela Casas