Notas
Todos quieren un lugar en el ascensor de Julio Cobos
El ascensor del Hotel Huentala que abordó Julio Cobos y al que todos los radicales se querían subir anoche para festejar la victoria electoral resulta una adecuada metáfora política.
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No necesariamente el proyecto presidencial de Julio Cobos tiene que paralizarse, como el ascensor del Huentala. Pero sí vale la pena detenerse un minuto a analizar tanto frenesí irracional en torno a la figura del vicepresidente, adentro y afuera de la UCR. Y acerca de la tendencia de Cobos a subir a todos los que quieran venir.
Sobre el primer punto, el radicalismo mendocino ha experimentado una transformación tan notable en los últimos dos años por culpa de Cobos, que el fenómeno no para de sorprender.
En 2007, estaban todos peleados. Cobos, que era entonces el gobernador de la provincia, se paró en el centro de una guerra política interna que, a instancias de algunos aliados, como Alfredo Cornejo, terminó con todos los dirigentes de Roberto Iglesias afuera del Poder Ejecutivo.
Uno de los que cayó por esta batalla fue el entonces subsecretario de Servicios Públicos, Claudio Romano, figura trascendente en aquellos días, por ser hombre de extrema confianza para Iglesias, el gran rival que tenía el hoy vicepresidente.
Iglesias no asomó la cara anoche en el Huentala. Pero varios hombres suyos, entre ellos el propio Claudio Romano, se mostraron en el hall y estuvieron a los abrazos con otros cobistas, como Juan Carlos Jaliff.
También podemos nombrar en el grupo de iglesistas que se arrimaron al Huentala del triunfo a Roberto Grillo, malogrado primer ministro de Seguridad de Cobos. ¿Los iglesistas ahora están convencidos del fenómeno Cleto, o es pura especulación política lo que los trae de vuelta a su entorno? ¿Se habrán percatado de que el ascensor de Cobos los puede llevar muy alto y no se la quieren perder?
La lista de redimidos incluye a los radicales más importantes. Aunque la “campaña sucia” del justicialismo haya sido una realidad criticable, no es mentira que Ernesto Sanz haya sido un rival intenso de Cobos, al punto de no impedir que se profundizara la desestabilización política que sufrió el presidente del Senado Nacional en medio de la guerra con el campo, antes de que lo inmortalizara el voto no positivo a la resolución 125.
Pero Sanz vio lo que se venía y saltó a tiempo. El voto de Cobos en el Senado lo ayudó mucho, por supuesto. Hoy está al lado suyo, disfrutando del calor que brinda su imagen, festejando un triunfo que mezcla méritos propios y el aura a veces inexplicable del vicepresidente. En este video dice qué significa para él ésta victoria:
Más allá de vanagloriarse por haber sido artífice de “la reconstrucción del radicalismo”, Sanz afirma, incluso, que está dispuesto a sumar al proyecto a figuras ajenas a la UCR. Ya tiran nombres nuevos. Por ejemplo, el intendente de Morón, Martín Sabatella, a quien mencionó en la madrugada de este martes durante el videochat de MDZ.
Es por lo menos curioso este grado de apertura. Sin ir más lejos, los radicales de paladar negro de Mendoza relegaron al peronista-cobista Enrique Thomas en un lugar difícil de la lista: tercer candidato a diputado nacional del Frente Cívico. Había que ganar muy bien las elecciones para que Thomas llegara a una banca. Y fue lo que ocurrió.
Thomas, al ganar, se convirtió en uno de los emblemas del momento que vive Cobos. Y parece ser también el portador de un mensaje importante para los radicales que han decidido por fín seguirlo al vicepresidente.
Uno de ellos es que la vocación frentista y de apertura es una de sus principales características: se pueden subir al ascensor de Cobos todos los que quieran. Y Cobos es capaz de hacer gravitar a sus socios, más allá de que en principio puedan quedar relegados de los lugares de protagonismo.
Pragmático y cada vez más ganador, Cobos puede provocar muchas más sorpresas en su entorno de aquí a 2011. Sapos como el que tuvieron que tragarse Gerardo Morales y Elisa Carrió, al ver la foto del vicepresidente con el peronista disidente Francisco De Narváez. Venenos como el que ingirió Néstor Kirchner cuando Cobos lo dejó en la guerra con el campo. Néstor ya empieza a ser pasado mientras Cleto sigue subiendo.
No obstante, todos los radicales hacen sus cálculos y ya a casi ninguno le quedan excusas, críticas ideológicas, rechazos de piel u otras cuestiones para estar lejos de Cobos. Al final, estar arriba del ascensor cobista es indudablemente mejor que ser condenado a quedar afuera de todo.
Como Roberto Iglesias, quien sólo puede marcar presencia en la vida partidaria de la UCR a través de silenciosos emisarios y se autoexcluye de los ascensores del vicepresidente, que hoy llevan para arriba en política.
O como Víctor Fayad, que se le paró firme a Cleto y por eso no va a conseguir que el ascensor pare en su piso. Aunque se canse de apretar el botón de llamada.
