Notas
Anibaladas: a un bigote de distancia de la agresión desbocada
El ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Aníbal Fernández quedó, por primera vez en mucho tiempo, acorralado en su propia salsa.
Fue anoche, durante la emisión del programa “Tres poderes” por el canal América, cuando, luego de denunciar a los opositores de Unión PRO bonaerenses y hasta al vicepresidente Cobos por los escarches sufridos por Scioli, los conductores, Reynaldo Sietecase, Gerardo Rozín y Maximiliano Montenegro, le pidieron que, ya que es el ministro de Justicia, debía presentar las pruebas que fundamentaran las denuncias que estaba profiriendo.
Encerrado en su propio trabalenguas, Fernández pasó la brasa para otro lado: “Es que son los intendentes los que permanentemente me informan quiénes son los que están participando de los escarches”, atinó a decir, dejando en claro que lo suyo son solo palabras.
Fernández cumple el rol de escudero del Gobierno que, en otros gobiernos, cumplieron los ministros del Interior. Él mismo lo fue, pero se llevó el rol con la mudanza de ministerio, junto con las funciones que más le gusta conducir, como las de jefe de las fuerzas de seguridad.
Antes, esa tarea la había desarrollado Antonio Tróccoli en tiempos de Alfonsín, con César Jaroslawsky en el Parlamento cumpliendo una función “espejo”. Con Menem, la tarea se profesionalizó al extremo y tuvo en el ex radical Carlos Corach todo un regenerador del género.
Con la incorporación de la figura de Jefe de Gabinete, De la Rúa encontró en Christian Colombo a su escudero, ya que el titular de Interior, Federico Storani, mal podría haber defendido lo que no sentía como propio.
Pero Aníbal Fernández ha llegado a un récord que, de acuerdo con su personalidad, seguramente agendará para contárselo a los nietos una vez jubilado: le sobrevivió a tres presidentes “sin solución de continuidad”, como le gusta decir.
Sin embargo, en medio de esta campaña, le ha tocado recorrer cuanto estudio de televisión se le abra para cumplir con su tarea. Lo hizo con Jorge Lanata en Canal 26, inaugurando su teoría de que tanto Macri como De Narváez son “vagos” que “gastan la fortuna familiar”.
Estuvo con Roberto Pettinatto, en donde le tocó ridiculizar al líder cegetista Hugo Moyano. Habló en lo de Mauro Viale, sembrando inquietudes en los referentes del peronismo disidente e intervino por teléfono en el programa de chimentos conducido por Jorge Rial.
Pero anoche se produjo una bisagra. Rompió el molde y, atrapado en su propia labia, el alfil cayó en lo inesperado: ya no era el defensor, el escudero del matrimonio presidencial, sino que pasó al ataque directo.
- Primero, insistió con que el canal en el que estaba hablando es propiedad de De Narváez.
- Acorralado, disparó contra los conductores: “…si lo que les preocupa es la continuidad de su contrato en el canal…”, dijo, dejando atrás su rol de ministro del Poder Ejecutivo nacional y metiéndose al barro.
- Acusó al dirigente agrícola Hugo Biolcatti de ser “un pichón de golpista”.
- Metió al vicepresidente Cobos en la bolsa de los que “alientan los escarches” violentos como los sufridos por Daniel Scioli y Agustín Rossi.
- Le facturó a Cobos que tiene “más de cien custodios de la Policía Federal” y que, por eso, “no puede decir que él puede caminar tranquilo por la calle”.
- Y dejó en off side, de manera “macartista” –tal como fue señalado por los propios conductores del programa- a la actriz y candidata de Unión PRO Claudia Rucci, al denunciar que firmó un convenio para recibir una indemnización por más de 220 mil dólares por el asesinato de su padre, y ya, a esta altura, salpicando barro de campaña.
Ya no se trata de las “anibaladas” simpáticas que alguna vez recolectó en su blog el analista político Artemio López.
A un mes de las elecciones y ante los pronósticos de derrota oficialista, el debate está en riesgo de irse al demonio.
Con la incorporación de la figura de Jefe de Gabinete, De la Rúa encontró en Christian Colombo a su escudero, ya que el titular de Interior, Federico Storani, mal podría haber defendido lo que no sentía como propio.
Pero Aníbal Fernández ha llegado a un récord que, de acuerdo con su personalidad, seguramente agendará para contárselo a los nietos una vez jubilado: le sobrevivió a tres presidentes “sin solución de continuidad”, como le gusta decir.
Sin embargo, en medio de esta campaña, le ha tocado recorrer cuanto estudio de televisión se le abra para cumplir con su tarea. Lo hizo con Jorge Lanata en Canal 26, inaugurando su teoría de que tanto Macri como De Narváez son “vagos” que “gastan la fortuna familiar”.
Estuvo con Roberto Pettinatto, en donde le tocó ridiculizar al líder cegetista Hugo Moyano. Habló en lo de Mauro Viale, sembrando inquietudes en los referentes del peronismo disidente e intervino por teléfono en el programa de chimentos conducido por Jorge Rial.
Pero anoche se produjo una bisagra. Rompió el molde y, atrapado en su propia labia, el alfil cayó en lo inesperado: ya no era el defensor, el escudero del matrimonio presidencial, sino que pasó al ataque directo.
- Primero, insistió con que el canal en el que estaba hablando es propiedad de De Narváez.
- Acorralado, disparó contra los conductores: “…si lo que les preocupa es la continuidad de su contrato en el canal…”, dijo, dejando atrás su rol de ministro del Poder Ejecutivo nacional y metiéndose al barro.
- Acusó al dirigente agrícola Hugo Biolcatti de ser “un pichón de golpista”.
- Metió al vicepresidente Cobos en la bolsa de los que “alientan los escarches” violentos como los sufridos por Daniel Scioli y Agustín Rossi.
- Le facturó a Cobos que tiene “más de cien custodios de la Policía Federal” y que, por eso, “no puede decir que él puede caminar tranquilo por la calle”.
- Y dejó en off side, de manera “macartista” –tal como fue señalado por los propios conductores del programa- a la actriz y candidata de Unión PRO Claudia Rucci, al denunciar que firmó un convenio para recibir una indemnización por más de 220 mil dólares por el asesinato de su padre, y ya, a esta altura, salpicando barro de campaña.
Ya no se trata de las “anibaladas” simpáticas que alguna vez recolectó en su blog el analista político Artemio López.
A un mes de las elecciones y ante los pronósticos de derrota oficialista, el debate está en riesgo de irse al demonio.