Notas
El Club Urquiza de Costa de Araujo renace con el esfuerzo popular
El tradicional club de Lavalle ha logrado ser recuparado por los mismos vecinos que hace cinco años se preocuparon en trabajar por en el renacimiento del tradicional establecimiento. Actualmente se tramita la personería jurídica ante la municipalidad lavallina.
El Club Social y Deportivo General Urquiza, de Costa de Araujo, según Ángel Ligori (73) y antiguo dirigente, llegó a ser una de las instituciones más grandes y prestigiosas del norte provincial. Fue uno de los clubes con mayor hinchada, con un salón cerrado en el que albergaba sus trofeos y todo un amplio historial de grandes competencias ganadas. También contaba con una pista para bailes familiares a los que asistían cientos de personas, mientras que llegó a tener un circuito de automovilismo, y sin dudas fue y sigue siendo cuna de destacados futbolistas.
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Esa infraestructura que movilizaba a gran parte del distrito, ya no existe. Solo hay una cancha de fútbol y una pequeña habitación destinada a muchas funciones, carece de electricidad y el agua depende de uno de sus vecinos. Lo único que nunca perdió es el amor que algunas personas conservan por ese simple club de barrio, ya que familias, jóvenes y aficionados buscan incansablemente devolverle parte de la gloria perdida. Expresaron que para ello, hacen todo lo posible por mejorar las instalaciones y mantener en actividad sus instalaciones. En este sentido, se destaca la tarea de las mujeres que hacen de futbolistas, madres y esposas, todo al mismo tiempo.
Con mucho esfuerzo desde hace cinco años algunas personas, en su mayoría obreros rurales o simples trabajadores, comenzaron a moverse y formaron nuevamente una comisión. Hugo Díaz (36) directivo, jugador y director técnico del equipo femenino destacó que, “era un descampado, con una cancha sin entelar, razón por la que no podíamos jugar de local en nuestra cancha”.
Pero todo eso comenzó a cambiar, Fabián Ligori (44), comerciante de Costa de Araujo, comentó que en una charla con personas de la comisión, “decidimos comenzar a trabajar para cerrar la cancha. Con la ayuda de familias, comerciantes y la comuna conseguimos lo necesario, haciendo peñas y campeonatos”. Además agrego que, “hasta los días sábados a la tarde nos juntábamos a plantar algunos palos”.
De esta manera, también cambiaron el terreno del campo de juego, extendiendo más de 30 camionadas de arena sobre este y modificando el sistema de riego para que el agua entre y salga y “se lleve el salitre”.
Fabián, que no jugó nunca al fútbol y no tiene hijo varones, solo es hijo de un integrante de la vieja dirigencia, resaltó que “todo se hace por amor a los colores y porque es un lugar de contención para muchas personas”. Sintetizó que, “realizar todo esto nos significó invertir casi 30 mil pesos, aportes que en su mayoría conseguimos de comerciantes y de la comunidad en general. Para la mayoría de los clubes esto es imposible de hacerlo solos”.
Hugo Díaz dijo que, “actualmente seguimos trabajando para poder obtener la personería jurídica que nos está tramitando la comuna. De esa manera vamos a tener la autorización para bajar la corriente. Esto algo muy importante para recaudar fondos y no tener que alquilar canchas para entrenar a nuestros jugadores. Todo lo hacemos poniendo un poco cada uno y gracias sobre todo los papas de las categorías inferiores.”
Con mucho esfuerzo desde hace cinco años algunas personas, en su mayoría obreros rurales o simples trabajadores, comenzaron a moverse y formaron nuevamente una comisión. Hugo Díaz (36) directivo, jugador y director técnico del equipo femenino destacó que, “era un descampado, con una cancha sin entelar, razón por la que no podíamos jugar de local en nuestra cancha”.
Pero todo eso comenzó a cambiar, Fabián Ligori (44), comerciante de Costa de Araujo, comentó que en una charla con personas de la comisión, “decidimos comenzar a trabajar para cerrar la cancha. Con la ayuda de familias, comerciantes y la comuna conseguimos lo necesario, haciendo peñas y campeonatos”. Además agrego que, “hasta los días sábados a la tarde nos juntábamos a plantar algunos palos”.
De esta manera, también cambiaron el terreno del campo de juego, extendiendo más de 30 camionadas de arena sobre este y modificando el sistema de riego para que el agua entre y salga y “se lleve el salitre”.
Fabián, que no jugó nunca al fútbol y no tiene hijo varones, solo es hijo de un integrante de la vieja dirigencia, resaltó que “todo se hace por amor a los colores y porque es un lugar de contención para muchas personas”. Sintetizó que, “realizar todo esto nos significó invertir casi 30 mil pesos, aportes que en su mayoría conseguimos de comerciantes y de la comunidad en general. Para la mayoría de los clubes esto es imposible de hacerlo solos”.
Hugo Díaz dijo que, “actualmente seguimos trabajando para poder obtener la personería jurídica que nos está tramitando la comuna. De esa manera vamos a tener la autorización para bajar la corriente. Esto algo muy importante para recaudar fondos y no tener que alquilar canchas para entrenar a nuestros jugadores. Todo lo hacemos poniendo un poco cada uno y gracias sobre todo los papas de las categorías inferiores.”
