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Notas

Histórico: Se unieron los dos modelos de la vitivinicultura argentina

El jueves fue un día que debería figurar en un libro de historia provincial. Por vez primera, el sector vitivinícola con menos recursos formó parte de la agenda de la Vendimia. Los bodegueros que estaban fuera del esquema de los “grandes de la vitivinicultura” fueron invitados al Brindis de la Vendimia, por un gobernador desesperado. Algunos afirman en la industria que comienzan a acabarse los ghettos.
Así lució el nuevo espacio común de ambos modelos de la vitivinicultura argentina.
Así lució el nuevo espacio común de ambos modelos de la vitivinicultura argentina.
El Brindis de Vendimia (el nuevo suceso de la agenda oficial), fue la coronación de un largo lapso de trabajo estratégico de reposicionamiento de los típicos convidados de piedra del pasado, frente a los poderosos del mundo del vino en Mendoza.

Es que, hace no muchos años, el caracú político y empresario del otrora poderoso vino argentino, sólo estaba al alcance de unos pocos invitados al banquete que históricamente se sirve en tiempos de Vendimia.

Antes lo llamaban el Almuerzo de las Fuerzas Vivas, ahora es el Agasajo de Vendimia, el suceso que hasta el jueves en soledad marcaba el rumbo de los diálogos -con mayor apoyo oficial- de la vitivinicultura argentina. Ahora, hay un acto más.

Con el logro del Brindis de Vendimia, el Fondo Vitivinícola Mendoza y la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar), dos grandes herramientas del país vinario que habitamos,  han quedado completas por la invitación al diálogo y la fiesta, que se cristalizó por obra y gracia de Celso Jaque. En la historia de la vitivinicultura nacional estimo que quedará el sello del malargüino, como el responsable de juntar a dos modelos de la industria del vino. Ya antes la Fiesta de la Cosecha había iniciado el camino de sentar a los “influyentes” frente a una serie de espectáculos de calibre internacional, frente a un viñedo y en un aeropuerto.

No es secreto para nadie de la industria con varios años en el sector, que casi nunca se pudo ver a un dirigente de los sectores con menos recursos en los tradicionales e influyentes almuerzos de Bodegas de Argentina. Ahora, puede que se entienda mejor las palabras de Jaque cuando afirmó que “aquí está lo mejor de Mendoza”. Una frase desacertada por naturaleza, que tal vez se refería al efecto de la convocatoria colectiva. 

Tal vez, la intención fue terminar con el ninguneo a los  más pobretones y que el sector con menos capacidad de mercado adquiriera valor para ser competitivo e influyente y para plantear un espacio donde poder expresarse con quienes toman decisiones nacionales.

Algo que agregar: el vino es argentino, no solamente mendocino o sanjuanino o riojano. Es argentino. Y aunque muchos aún no lo reconozcan (como los porteños), depende de un esquema nacional que tiene a una de sus cristalizaciones en el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), el rector de la industria y su famosa Ley de Alcoholes.

Al parecer, todo indica que el Brindis... ha sido introducido en la agenda oficial de la Vendimia Nacional. Luego de la Fiesta de la Cosecha y del Brindis de Vendimia, buena parte del sector vitivinícola no deja de festejar el logro, al tiempo que considera que el gobernador aún no se ha dado cuenta del significado de haber juntado por primera vez a los dos modelos de la vitivinicultura argentina.

“Basta de ghettos”, fue la expresión más pintoresca que obtuvo MDZ luego de lo que ocurrió el jueves en el Ángel Bustelo.

La afirmación refiere precisamente a esto de que ya no se puede seguir entendiendo que para lograr beneficios a nivel país los ricos deben seguir festejando por un lado y los pobres, por el otro. Un festejo que tiene que ver con el cierre de un año de trabajo y está muy bien que los productores más pequeños, al menos por unos minutos, hayan estado parados con una copa de vino tinto, cerca de un gobernador y algún ministro de la Nación.

Pero la realidad indica que el proceso se inició hace años, cuando el modelo era cerrado y los más chicos comenzaron a organizarse, a través de un trabajo colectivo que ha permitido que puedan hacer cosas que antes eran exclusividad de los más grandes.

Antes, el modelo vigente era el australiano. Todos morían por la eficiencia y quien no andaba por esos carriles estaba “loco”. Hoy el vino es el argumento de vida de diversos actores que aún no están contemplados, por ejemplo, en el glamoroso mundo del vino, donde el hedonismo es el protagonista. Esto está muy bien, pero no es la realidad, es sólo una parte del cuento que únicamente pueden apreciar a diario quienes se dan el lujo de tomar espumante (en argentino, champán) a discreción.

Y es que el vino, en tanto producto cultural, también es fruto de una construcción social.

Si las cosas funcionaran como corresponde, cualquier mendocino debería disfrutar a diario de nuestros mejores vinos y del mágico encuentro entre el hombre y las estrellas que descubrió Dom Perignon. ¿Por qué? Porque el vino es tan antiguo como el mismo pueblo.

Lamentablemente, la celebración se opaca –aunque no minimiza el logro colectivo- cuando se observa que el modelo pobre está más pobre que antes, dicen ahora que por la crisis, un tópico que últimamente es pretexto para casi todo, hasta para las oportunidades. Por eso, hoy los bodegueros chicos están brindando, pero el lunes deberán seguir trabajando denodadamente como hasta ahora.

No obstante, el Brindis ha sido una forma de acercamiento interesante y por ello hay que destacarlo.