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Notas

Jaque y su desafío express de mejorar la seguridad

El gobernador recibió esta semana un fuerte respaldo K para enfrentar el peor problema de los mendocinos. El inconveniente es el tiempo: cuando asumió se impuso el desafío de bajar el delito en seis meses, pero ahora sólo tiene tres para intentar hacer algo. Para colmo de males, su ministro del área se dispersa entre el control de la inseguridad y su deseo de ser candidato en las elecciones de junio.
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Cuando Celso Jaque ideó la promesa de reducir la inseguridad de la provincia un 30 por ciento en seis meses, quizás no era consciente de que estaba creando un monstruo que lo acosaría durante buena parte de su gestión.

Aquella vez (campaña electoral de 2007) fue el único culpable de una promesa irresponsable, pero esta vez es la Casa Rosada la que se ha encargado de revivir su Frankenstein. Y lo peor es que la criatura ahora se mueve más rápido: sólo tiene el gobernador tres meses (plazo que falta para las próximas elecciones) para hacer algo con el dinero que los Kirchner le van a mandar para que la lucha del delito empiece a rendir sus frutos.

Tiene una a favor Celso: esta vez no hay compromiso en números de por medio. Pero también tiene una en contra: cumplido el plazo, no habrá marchas ni expresiones de clamor o repudio; la condena o el premio de la sociedad mendocina se harán sentir directamente en las urnas.

Así las cosas, como si fuera un cuento que termina en el mismo lugar donde empezó, otra vez nos encontramos con un gobernador ultra necesitado de mejorar la seguridad y con un dinero en efectivo para hacerlo que es casi igual al de la “promesa” de Cristina (aquellos eran 40 millones de pesos, en esta caso hablamos de cincuenta millones).

A no dudar que, por cuestiones de la política, la plata esta vez tiene muchas chances de llegar en tiempo y forma. Pero para que eso fuera posible, primero Jaque se tuvo que someter al escrache nacional de quedar marcado, junto a su par de Buenos Aires Daniel Scioli, como el conductor de una de las dos provincias donde la seguridad marcha peor.

Maradona y la Gendarmería. Le debe Jaque esas dos cosas (el regalo de dinero de los Kirchner y el escrache por cadena nacional) a que el matrimonio presidencial "descubrió" el problema de la seguridad repentinamente en los últimos días. Como detectaron hace poco que coparticipar fondos provenientes de las retenciones a la soja (o, lisa y llanamente, distribuir entre las provincias en vez de acaparar los fondos fiscales) es una noble causa, en una febril maratón de anuncios que apunta a provocar el shock de la ciudadanía y de la oposición política.

Está a la vista con estos estertores millonarios que el matrimonio K sólo piensa en las urnas. Y a esta hora a Jaque no le queda otra opción que poner velas para que sus ideas funcionen.

Veamos cuáles son las posibilidades de que así sea. La medida más importante para Mendoza, y a la que están más atentos sus ciudadanos, es la llegada de un regimiento de gendarmes para custodiar las calles.

Pero el pedido de Gendarmería por parte de la gente es a esta altura un clamor similar al grito de “¡Maradona!” que no hace mucho tiempo sonaba en las canchas cuando la Selección Argentina jugaba mal. Un artículo de este diario, escrito por un conocedor del tema, demuestra que esa medida quizás no es la solución.

La Gendarmería es una fuerza creada para fines específicos, ajenos a la seguridad ciudadana, y encima con efectivos que no son conocedores del lugar donde se mueven.

¿Quién va a coordinar entonces la estrategia de trabajo de los gendarmes que vendrán en masa a Mendoza? ¿Terminarán como aquel puñado de muchachos de uniforme verde que recorría la peatonal Sarmiento casi al cuete, en el marco del acuerdo que el ex gobernador Julio Cobos labró (con menos ambiciones que el actual) con la fuerza nacional para enfrentar la inseguridad?

Las dudas son muchas. Es que el “fenómeno” del pedido de la Gendarmería no revela otra cosa que la desconfianza y el desprecio histórico de la gente por su policía propia. Pedir a la Gendarmería es, entonces, poco más que una mala señal para los mendocinos y para su gobierno.

Y sólo funcionará en el caso de que los Kirchner estén en lo cierto cuando califican a la inseguridad real como una “sensación”. Efectivamente, mejorará la “sensación de seguridad” con más gendarmes en las calles mendocinas. Pero que el delito suba o baje, será un asunto que transitará por otros carriles.

El ministro-candidato. Mientras Jaque sigue jugando la madre de las batallas contra la inseguridad, el justicialismo trata de ordenar sus piezas para la pelea electoral del 28 de junio.

Los peronistas se preparan para un “superdomingo”, o en su defecto un “superlunes”, que terminarán de definir cual es el grado de fragmentación del oficialismo, ya que en estos días cierra el plazo para el cierre de listas de candidatos. Una situación (la fragmentación) que de por sí es incómoda para los peronistas en el gobierno.

Jaque intentaría este domingo lograr una "lista de unidad" de candidatos. Según comentó un conspícuo operador, el gobernador quiere que los legisladores nacionales le acerquen sus sugerencias respecto de las candidaturas. Después dará su postura. También, desde el mediodía, un grupo de funcionarios, intendentes y hasta el presidente del partido, Juan Marchena, recibirán en un hotel  las sugerencias de los militantes de los departamentos que no controla el PJ.

Pero por ahora, los bandos no se desarman. El llamado “Eje peronista”, que comandan los intendentes Omar Félix (San Rafael) y Alejandro Abraham (Guaymallén) todavía quiere hacerle interna al sector azul, comandado desde Buenos Aires por el operador K Juan Carlos Mazzón.

Para ellos, el único candidato en firme sigue siendo el maipucino Adolfo Bermejo. “Todo lo demás hay que discutirlo”, señalan desde uno de los hoteles tomados este fin de semana como cuarteles por los militantes de los intendentes rebeldes. Habrá que ver si en estas horas hay acuerdo, algo que es todo un desafío para Jaque.

Pero si hay una situación curiosa en el marco de la interna peronista, es la del ministro de Seguridad, Carlos Ciurca. Alguien que tiene un ojo mirando al problema más grave de los mendocinos, mientras el otro (tapado como el de un pirata) atiende la puja por la lista de candidatos para junio.

Ciurca se floreó esta semana con la crema del kirchnerismo en Buenos Aires, allí donde se discutían los fondos para atenuar la inseguridad en la provincia más grande del país y en Mendoza. Salvando la experiencia de Alfredo Cornejo, a quien Cobos promovió como candidato a diputado nacional cuando era ministro del área, lo más lógico es pensar que Ciurca tiene demasiada tarea en su cartera como para preocuparse de las candidaturas.

Si no fuera porque el ministro no se cansa de dar señales de que efectivamente quiere candidatearse. La última ha sido el desopilante “Noticiurca”, un espacio radial comprado por el Gobierno en las dos principales emisoras de la provincia sólo para que Ciurca le hable directamente a la gente de la situación de la seguridad en Mendoza. Cualquier parecido (a escala menor) con el general venezolano Hugo Chávez, que tiene su programa televisivo propio, no es mera casualidad.

Atentos a estos movimientos de Ciurca, en los hoteles donde se cocina la interna del PJ dicen que el ministro tiene la puerta abierta de par en par para dejar su sillón en el Ministerio de Seguridad y convertirse en candidato a senador provincial en primer término por el primer distrito electoral. Más arriba, afirman, es difícil que el hombre de Las Heras pueda trepar.

La pregunta es: ¿Le conviene a Jaque tener a un ministro de Seguridad disperso en debates de comité cuando su gestión en esta área podría marcar su suerte en las próximas elecciones?