Notas
Jaque y sus problemas por no "cacarear" hacia adentro
El gobernador insistió este sábado en la necesidad de “cacarear” su gestión. Una respuesta bastante simplista si lo que busca es sintetizar los problemas de la administración a su cargo.
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Por eso Bermejo, junto a su núcleo íntimo, eligió este sábado quedarse en Maipú, en lugar de asistir a un acto importante que se realizó el gobernador en el hotel Ejército de los Andes, de Guaymallén. Y al cual Jaque intentó cargarle el aura de “relanzamiento del gobierno”, tal como se aprecia en este festivo video captado durante la cobertura que realizó MDZ:
Los azules de Maipú apenas mandaron algunos emisarios al evento, pero el grueso (el jefe del bloque de Diputados, Carlos Bianchinelli; la presidenta provisional del Senado, Miriam Gallardo, entre otros), se quedó rumiando su dolor y mandando mensajes a la Casa de Gobierno.
Trataban de entender por qué Jaque actuó como lo hizo. El viernes en la mañana, Ruggeri se enteró que “la iban” por la prensa. Varias de sus colaboradoras, entre ellas la subsecretaria Patricia Di Cataldo, se encontraba a esa hora asistiendo a las víctimas de la feroz tormenta que se desató en San Rafael. El gobernador estaba a unos pasos de los funcionaria en el departamento y tampoco le dijo nada.
El bloque maipucino acusa a Jaque de haber sido desleal. “Así como vino a pedir funcionarios en su momento, tendría que haber avisado que sacaba uno de los nuestros”, blanqueó un bermejista en la tarde del sábado. La tensión es muy fuerte: “Estamos con este gobierno, pero no se hasta cuando”, lanzó a modo de advertencia uno de los allegados al senador nacional.
La relación de los azules con Jaque nunca fue óptima, pero hasta aquí nunca se rompió. Hoy, se están produciendo los temblores más fuertes e impredecibles. Aunque los roces siempre han sido a causa de “la metodología” del gobernador, su estilo hermético y sordo para manejar el poder.
Antes silenciosos, sobre el fin de año, los discípulos de Mazzón en Mendoza han decidido revelar sin pudores una crítica hasta ahora oculta contra el gobernador: afirman que no cuida el equilibrio de los sectores en el "reparto" del gobierno. La tibia queja del pasado contra los manejos de Alejandro Cazabán, ahora parece reeditarse con mucho más fuerza, esta vez (aunque no lo digan) para intentar parar la incidencia del justicialismo de Las Heras, que a través de Carlos Ciurca, tendrá desde este lunes el control de dos ministerios (Desarrollo Humano y Seguridad).
Sea como fuere, Jaque no logra ordenar el oficialismo provincial, en el que, por el contrario, a cada paso aparecen divisiones, resquemores, dolores, partidas y problemas políticos que rebotan directamente en la gestión.
A esta altura, es casi un dato menor la ausencia del vicegobernador Racconto en el relanzamiento de ayer.
La cuestionada “metodología” de los cambios jaquistas
La desprolija comunicación de cambios a nivel ministerial no es nueva en la era de Jaque. Por el contrario, ha sido una constante. A los ministros que comenzaban a caer en desgracia, el gobernador siempre los sometió a la erosión de los rumores y al karma diario de tener que ser ratificados en sus puestos. Y siempre demoró hasta el extremo las remociones, a veces sólo para contradecir a los medios.
La penúltima vez que Jaque decidió hacer un recambio en el gabinete, ni siquiera realizó un anuncio oficial: mandó a un ministro a que soplara a los medios por entonces “amigos” las nuevas designaciones en Dirección General de Escuelas y Economía. A algunos intendentes del PJ –en un curiosa variante del cacareo interno- los “informó” por mensajes de texto.
Antes, cuando tuvo que cambiar al ministro de Gobierno, por la renuncia de Juan Marchena, dejó que la olla a presión del peronismo dejara escapar todo tipo de versiones, hasta que, después de varias semanas, confirmó al candidato que sonaba desde el primer día (Mario Adaro).
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En esa lista de errores de Jaque puede inscribirse el repentino despido del ministro de Salud, Sergio Saracco (en la foto, junto a otros militantes en el hotel de Guaymallén, ya que estuvo en el relanzamiento de Jaque), a quien corrió de su puesto este viernes sin tener todavía decidido el nombre del sucesor. ¿Existía la necesidad de apurar la salida de un funcionario que extraoficialmente ya había echado mil veces, cuando todavía no decide a quien va a poner allí?
¿Cómo desligar este conjunto de decisiones previsibles (la ida de Saracco, la llegada de Carlos Ciurca a Desarrollo Humano) de la necesidad de dar un golpe de efecto, de generar la sensación de poder y liderazgo, un día después de que los gremialistas de ATE se llevaran por delante a medio gabinete en una discusión paritaria en la propia Casa de Gobierno?
Es demasiado obvio el intento de manejar comunicativamente un gobierno que, primero y antes que nada, tiene problemas de gestión, antes que de comunicación.
Por estas horas, las fuentes del peronismo dan cuenta de una pelea violenta por definir quién sucederá a Saracco. El principal candidato era hasta hace horas Juan Carlos Behler, pero algunos cuestionamientos en el ámbito privado le estarían cerrando el camino.
Mientras tanto, otros, como el director del Hospital Lagomaggiore, José Moschetti; y el subsecretario de Salud, Pedro Masman, se comen las uñas sin ninguna certeza sobre su futuro. Y algunos hasta denuncian que hay intereses ajenos a la cosa pública en juego: “Hasta los laboratorios meten presión en la elección del ministro”, afirman en el peronismo.
Debido al estilo indescifrable de Jaque, nadie puede vislumbrar hasta cuando se extenderá el misterio de Salud.
Aquel plan de seguridad
En medio de todas estas urgencias, Carlos Aranda, casi un desconocido en el mundo de la política, fue anunciado como ministro de Seguridad en el pack del último viernes.
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A Aranda (foto de hoy) lo conocen poco en el mundo de la política, pero en sus diversas participaciones oficiales, podría haber generado un compromiso que ahora estaría casi obligado a cumplir. Es que el funcionario llegó a desempeñar varios cargos (de asesor y director) en gestiones radicales, demócratas y peronistas de la seguridad, debido a su vínculo con el presidente del Consejo Asesor de Seguridad Pública, Roberto Godoy Lemos. Un dirigente filoperonista que ha sido la puerta de ingreso de varios familiares a la gestión de Jaque.
En mayo del año pasado, Godoy Lemos quedó confirmado por el propio Jaque como presidente del organismo asesor y Aranda, por entonces director de Planeamiento Estratégico, fue designado como vicepresidente.
El funcionario no llegó a ministro por ser autoridad de un organismo asesor que casi ha devenido en abstracto. Ciurca lo eligió por su acompañamiento en las cuestiones operativas y diarias. Por secundarlo en sus frecuentes salidas para enfrentar las rabiosas familias de las víctimas de algún delito.
Hace mucho que en Mendoza no se habla de un plan de seguridad. Pero los planes integrales, aunque nadie los vea, están.
Y uno de los más amplios y reconocidos planes es precisamente el que elaboró la UNCuyo bajo la tutela de Godoy Lemos, con quien está muy comprometido el nuevo ministro de Seguridad de manera directa.
¿Se ocupará de intentar aplicarlo? Dependerá de que la inseguridad vuelva a discutirse en términos de planes, no de tandas de gendarmes. Y eso no pasó durante la gestión de Ciurca.
Algo para cacarear
Hay lecturas un tanto curiosas del momento político del Gobierno. Cierta parte del oficialismo analiza en estas horas que, a pesar de los problemas internos y los choques con los gremios, y más allá de la mala imagen del gobierno, la gestión de Jaque ha recobrado protagonismo.
“Por una cosa u otra, desde hace cuarenta días estamos ocupando plenamente la agenda política”, afirman para explicar su optimismo, algunos referentes del jaquismo. Lo hacen mirándose en el espejo que le ofrece una oposición que termina el año enfrascada en sus propios conflictos, que son un freno para sus pretensiones y una esperanza para el peronismo.
El problema es que el menú de esa agenda ocupada por el PJ ha sido muy diverso: la victoria del endeudamiento en la Legislatura, la pelea de Cazabán con el multimedios Uno (una guerra que parece haber tenido un parate en los últimos días), los hospitales obligados a mantenerse con colectas, los trompazos entre gremialistas y funcionarios en la paritaria con el ATE. Y en el medio, la polémica por la no inclusión de la Fiesta de la Vendimia en la agenda nacional del Bicentenario.
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Ensayemos una síntesis: tan importante como cacarear lo que se hace, es tener cosas buenas para cacarear. Ese debería ser el punto de partida para todo análisis o reflexión del Gobierno.



