Notas
Dilemas para pensar en los días de playa y descanso
Enero debe servir para recargar las pilas porque se viene un año explosivo en materia política.
Es que la vuelta a la actividad marcará el comienzo de una disputa por el poder en Mendoza y el resto del país con desenlace dramático en octubre, fecha de las elecciones de legisladores nacionales y provinciales.
La apuesta del matrimonio Kirchner y sus aliados provinciales para conservar el crédito de las urnas está más que clara. Con fondos frescos asegurados a fuerza de suprimir el federalismo y ahogar a las provincias, Cristina y su marido Néstor tratarán de demostrar que son los únicos capaces de dar gobernabilidad en el país, en un contexto internacional donde por primera vez en mucho tiempo el primer mundo empieza a preocuparse por fenómenos “tercermundistas” como el desempleo y la inflación.
Entre los sumisos colaboradores de esta estrategia se encuentra el gobernador Celso Jaque. De lo poco que deja ver el hermético estilo de gobierno de Jaque, se puede intuir una confianza ciega en que las puertas de la Casa Rosada permanecerán abiertas para él y los bienes, en obras y recursos, llegarán con fluidez a Mendoza a lo largo de este trascendental año.
La incógnita es cómo articulará Jaque esa decisión política con su propia gestión. El año que acabó reveló muchas flaquezas y unos cuantos problemas ajenos a su relación de devoción con el kirchnerismo. Problemas domésticos, desnudados a pleno en muchas áreas del Poder Ejecutivo, y que necesariamente lo empujan a la renovación de buena parte de su gabinete.
Pero el malargüino no es sólo cerrado con la prensa, sino también con sus propios funcionarios. Prueba de ello es que algunos miembros del gabinete dijeron en la cercanía de las fiestas que el recambio era inminente, pero todavía no hay novedades al respecto.
También es de esperar que los mendocinos saquen cuentas durante 2009 de los pro y contras de que su gobernador se haya mantenido en la trinchera K, con el casco puesto. Esta postura provocó, entre otras cosas, que Mendoza resignara unos 400 millones de pesos debido a que el oficialismo provincial votó en el Congreso en contra de la coparticipación plena del impuesto al cheque.
¿Las obras que ordenará hacer la Casa Rosada en Mendoza y que Jaque concretará, superarán ese monto? ¿Valió la pena darle la espalda también a la coparticipación plena de los fondos de las AFJP, que aportarían otros recursos importantes a su provincia, para fortalecer al kirchnerismo en el año electoral que se avecina, como ocurrió la mayoría de los distritos del país? El gobernador debe prepararse para estas y otras preguntas, porque va a tener que responderlas con hechos en los albores del próximo comicio.
En la otra esquina, persiste la incógnita de que la oposición logre constituir un proyecto político sólido y coherente, que amenace realmente al aparato oficial. Que haga confiar al ciudadano (en 2009 y 2011) en que alguien más que el matrimonio Kirchner puede mantener parado al país en medio de la tormenta económica y social.
El fenómeno Julio Cobos se mantiene como el ícono de la oposición. La popularidad que goza el vicepresidente sigue siendo, en buena medida, poco coherente con sus antecedentes como gobernador de Mendoza: así como tuvo aciertos en el área educativa, no logró en cuatro años apagar el incendio de la inseguridad, que sigue siendo el karma de los mendocinos.
¿Podría Cobos timonear infortunios a escala internacional si eventualmente llegara a la presidencia? Y de ser así: ¿No debería pensar en abandonar pronto un gobierno con el que ya no tiene ningún vínculo?
Al margen de estos dilemas, Mendoza es el segundo gran problema del vicepresidente. El 2008 cerró con notas de suspenso para la alianza electoral entre radicales y cobistas, que no se pudieron poner de acuerdo para condicionar el articulado del presupuesto 2009. Sería improbable disputar las elecciones con chances si la UCR no se reunifica. Salvo que la respuesta sea la que algunos cobistas defienden: que Julio Cobos descienda de la vidriera nacional y baje a dar la pelea en Mendoza, convirtiéndose en candidato a senador nacional por Mendoza. Una variante quizás resultadista, ya que no piensa tanto en el armado de una oposición sólida como en las bondades de explotar el fenómeno popular del vicemandatario maratonista.
Todos los interrogantes se abren en estos días de playa, viaje y descanso. Una cuota de esperanza para que este año la cosa pública esté por encima de las intrigas de poder, también.