Notas
Dos playas, dos naciones, dos formas de encarar el verano
Desde la Avenida Libertad, que nace hacia el Oeste desde el puente que lleva el mismo nombre y que desde la altura cruza al Estero Marga Marga, se puede llegar caminando hacia las playas que en el Océano Pacífico posee Viña del Mar, en la República de Chile.
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Los bañistas chilenos, muy respetuosos y discretos en la playa.
Playa del Sol, primero, y Playa Blanca después, son los lugares que prefieren los chilenos a la hora de distraerse de un año continuo de trabajo a la orilla del mar. Allí la distracción discurre casi familiarmente. Los niños junto a sus padres obedecen y no toman riesgos. Los bañistas, entran al mar sólo hasta las rodillas y respetan los carteles de: “Playa No Apta Para Baño”. En realidad muy pocas playas en Viña del Mar son aptas para introducirse y nadar en el mar.
En esos lugares, existen muchos lugares donde poder echar raíces una horas y así encontrar un poco de paz. No tanto ruido de festejos de verano, o de promociones, o de decenas de torneos de paleta que se disputan el mismo tiempo y en forma descoordinada.
A unos cinco kilómetros al Norte, la historia es otra y los lugares a la orilla del mar parecen transformarse por las poses de los presentes. Gritos, carreras, música en volúmenes descontrolados saliendo de los autos con dominios argentinos, chicas glamorosas y que miran de soslayo, es la postal, por ejemplo, de una tarde de sol en Reñaca. Allí hasta la arena parece argentina porque hasta es un poco más seca.
Al medio día en punto en Reñaca caben algunas sombrillas más sobre la playa, en los distintos sectores que, para no complicarla más con tantos nombre que el turista debe recordar, han sido llamadas simplemente como: “Sector uno, dos, tres…”
Entre ambos lugares, que marcan claramente las características de dos playas y dos naciones, se pueden encontrar veraneantes argentinos que no necesariamente provienen de Mendoza.
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Alejandro Fernández Lecce y Verónica Isard de La Plata: "Quisimos cambiar y conocer la tranquilidad del Pacífico y esto nos parece hermoso"
Ellos son quienes se han cansado de tanto ruido en las playas argentinas del Atlántico y por consejo se arriman hasta el Pacífico.
Entre otras diferencias, de ambas playas, la que más se destaca es la osadía y la falta de respeto al mar demostrado por los argentinos. Se puede apreciar, que donde la mayoría son chilenos, los salvavidas están como más relajados. Donde están los argentinos, obviamente que la adrenalina es otra. Y también la emoción. Claro que la tranquilidad también es distinta.
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