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Dos playas, dos naciones, dos formas de encarar el verano

Viña del Mar luce lugares prácticamente vacíos junto al mar y otros donde no cabe un alma. Las playas del Sur, cerca de esta ciudad, son las elegidas por los chilenos. Ellos no se vuelcan atropelladamente hacia la arena, como los argentinos. En cambio, Reñaca es una sucursal de Mendoza y en sus playas casi no se puede caminar libremente según la hora.
Rincón Norte de Reñaca cuando comienza la playa a llenarse.
Rincón Norte de Reñaca cuando comienza la playa a llenarse.

Desde la Avenida Libertad, que nace hacia el Oeste desde el puente que lleva el mismo nombre y que desde la altura cruza al Estero Marga Marga, se puede llegar caminando hacia las playas que en el Océano Pacífico posee Viña del Mar, en la República de Chile.

La agradable caminata ofrece a su paso la vista de la hermosa iglesia Carmelitas, cuyo estilo gótico puede deslumbrar al amante de las construcciones que tratan de rozar el cielo con sus ladrillos en punta.

También se puede visitar la Feria del Libro, que en todo momento ofrece distintas actividades a quienes ingresan al predio donde se puede consultar todo tipo de literatura. Sobre todo los más chicos, quienes poseen la oportunidad de conocer sobre fantásticas historias de autores del pasado y también contemporáneos.

Ya sobre la calle 14 Norte, virando hacia Sur, se puede acceder, tras cubrir una distancia de unos 400 metros, a la arena que tanto fascina al visitante que proviene, sobre todo, de lugares de altura como desde Mendoza.

Allí comienza la aventura de las culturas separadas, las que por alguna razón tratan algunas veces de no mezclarse. En esas playas, casi un 99% de los bañistas son chilenos, provenientes de distintas partes del interior del país trasandino. Lejos el caminante está de poder contactarse con algún mendocino. Una simple caminata por la arena permite escuchar las conversaciones y el tonito inconfundible de los habitantes de la tierra de Bernardo de O´Higgins. La gente ríe parecido pero distinto, no son tan aparatosos como los argentinos que innegablemente fuera de su tierra –y también en la propia- dejan traslucir la sangre de unos antepasados italianos, efusivos, que llaman la atención con cualquier expresión social y grupal.

Los bañistas chilenos, muy respetuosos y discretos en la playa.

Playa del Sol, primero, y Playa Blanca después, son los lugares que prefieren los chilenos a la hora de distraerse de un año continuo de trabajo a la orilla del mar. Allí la distracción discurre casi familiarmente. Los niños junto a sus padres obedecen y no toman riesgos. Los bañistas, entran al mar sólo hasta las rodillas y respetan los carteles de: “Playa No Apta Para Baño”. En realidad muy pocas playas en Viña del Mar son aptas para introducirse y nadar en el mar.

En esos lugares, existen muchos lugares donde poder echar raíces una horas y así encontrar un poco de paz. No tanto ruido de festejos de verano, o de promociones, o de decenas de torneos de paleta que se disputan el mismo tiempo y en forma descoordinada.

A unos cinco kilómetros al Norte, la historia es otra y los lugares a la orilla del mar parecen transformarse por las poses de los presentes. Gritos, carreras, música en volúmenes descontrolados saliendo de los autos con dominios argentinos, chicas glamorosas y que miran de soslayo, es la postal, por ejemplo, de una tarde de sol en Reñaca. Allí hasta la arena parece argentina porque hasta es un poco más seca.

Al medio día en punto en Reñaca caben algunas sombrillas más sobre la playa, en los distintos sectores que, para no complicarla más con tantos nombre que el turista debe recordar, han sido llamadas simplemente como: “Sector uno, dos, tres…”

Entre ambos lugares, que marcan claramente las características de dos playas y dos naciones, se pueden encontrar veraneantes argentinos que no necesariamente provienen de Mendoza.

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Ellos son quienes se han cansado de tanto ruido en las playas argentinas del Atlántico y por consejo se arriman hasta el Pacífico.

Entre otras diferencias, de ambas playas, la que más se destaca es la osadía y la falta de respeto al mar demostrado por los argentinos. Se puede apreciar, que donde la mayoría son chilenos, los salvavidas están como más relajados. Donde están los argentinos, obviamente que la adrenalina es otra. Y también la emoción. Claro que la tranquilidad también es distinta.

Recién llegados: Alberto Páscolo y Pablo Barbier, en medio de un partido de paleta.