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Notas

Cine Santo: religión en la pantalla grande

La Semana Santa es, para muchos, una excusa que se traduce en mayores ganancias económicas, para otros, una época de reflexión, y para algunos un espacio para reencontrarse con algunas joyas cinematográficas.Conocé quiénes decidieron llevar al cine la vida de Jesús de Nazareth.
La Pasión de Cristo dirigida por Mel Gibson. Foto: web
"La Pasión de Cristo" dirigida por Mel Gibson. Foto: web

¿Porqué Semana Santa en esta fecha?

La fecha en la que la Semana Santa se conmemora,  es el resultado del cálculo de una fórmula establecida por el Emperador Romano Constantino el Grande, en el primer Concilio de Nicea, en el año 325 dC.

De acuerdo con esta regla, la fecha más tardía posible para Semana Santa sería el domingo 25 de Abril y la próxima vez que caiga en esta fecha será en 2038.

Santas historias

Son muchos los que se aprovechan de esta religiosa fecha para generar sus propios y personales negocios. Desde la tentadora industria del chocolate, hasta la incipiente y sobrevalorada del turismo, todos buscan estar presentes en los corazones de los fieles del mundo entero.

El cine, quizá más lejos del negocio y más cerca del arte, ha tomado prestado varios momentos de temática religiosa, en especial la pasión, como columna narrativa de muchos guiones y los ha llevado a la pantalla grande. Los resultados han sido en algunos casos excelentes, en otros mediocres y muchos, definitivamente malos.

Con más de 212 películas en su haber, la figura de Jesucristo es la más representada en la historia del cine. La temática ha sido tan fuertemente abordada, que ya son varios los festivales que nacen, para darle un espacio de expresión a este sub-género cinematográfico, podemos nombrar Seminci o la actual Semana de Cine Espiritual de Barcelona.

A la hora de contar historias, el cine tiene algunas fórmulas que por utilizadas se hacen necesarias para el espectador, la tensión, el suspense, el final sorpresivo, los puntos de giro, esos que hacen que en el momento, que como espectadores creíamos conocer los futuros pasos de nuestro héroe, el director nos sorprende con decisiones que no estaban en nuestra lista de posibilidades. Este es el vademécum indispensable para que una historia funcione. Ahora bien, si estas son reglas a cumplirse  ¿que sentido pueden encontrarle los grandes directores a la vida de un hombre que ya todos conocemos en detalle y casi de memoria?

El hijo de Dios bajó a la tierra a mezclarse con los mortales, sufrió y fue tratado como un paria, perdonó, aceptó y comprendió, para finalmente entregar su vida en manos de un traidor, con el único objetivo de salvarnos.

En estas pocas líneas podríamos definir la sinopsis de una religión que mueve multitudes, y porque no decirlo, que también posee ingerencia en las decisiones que toman los países más poderosos de la tierra.

Y quizá esta historia, por contada y conocida, por trillada y poco efectiva, presente desafíos más grandes y complejos para directores que también son, más grandes y complejos.

Que Dios nos dirija

El realismo de Pier Paolo Pasolini en “El Evangelio según San Mateo” será defendido a rajatabla por los más extremos críticos y cinéfilos, repartidos en los pasillos de algún oscuro cine o escondidos detrás de las puertas de sus casas con el control remoto en la mano, dispuestos a sufrir ellos también, un poco del dolor de aquél Jesús.

 

 

Algunos más refinados, blandos les dirían los pasolinistas, aplaudirán y felicitarán con palabras extrañas y poco comunes el esteticismo del “Jesús de Nazareth” de Franco Zeffirelli.

 

 

También estarán los emocionados, que intentarán comprar remeras de recuerdo, con el rostro de un Jesús sufriendo por nosotros, pero preocupado por dar su mejor perfil, mientras entre pochoclo y pochoclo comentan la espectacularidad de Hollywood, atrapada por Nicholas Ray en “Rey de reyes” o Cecil B. De Mille en “Los diez mandamientos”.

 

 

El hiperrealismo también llegó de la mano del siglo XXI, para refundar las bases de un cine religiosos que había comenzado a agonizar. Un director que pide perdón por su alcoholismo, decidió volver a las fuente de la vida y de la historia y nos sorprendió con una fuerte mirada construida a través de personajes de interpretación magnífica.

Una obra épica, sustentada por muchos millones de dólares de presupuesto y una gran precisión en su hechura. Mel Gibson dio que hablar con “La Pasión de Cristo”, a la iglesia, a los fieles, a los críticos y a nosotros, el público común y corriente.

 

 

Sea como fuere, la religión, ese tema que muchos prefieren excluir de sus reuniones y de sus mesas porque despierta pasiones desencontradas, ha sido siempre una fuente inagotable de recursos, a la que recurren el cine y otras industrias con fines quizá, menos altruistas que los artísticos.

Seamos o no creyentes, católicos, judíos o protestantes. Estemos del lado de acá o del lado de allá. Seamos altos, bajos, jóvenes o viejos, estas son fechas que intentan llevarnos a la reflexión, al encuentro y al perdón, actos que se encuentran fuera de cualquier color religioso y que hoy en día, son cada vez más complejos de reconocer y llevar a cabo.

Intentemos detener un poco nuestra terrible carrera para ganar algunos minutos o algunos billetes más. y tratemos de pensar, o más bien de sentir, limpios, libres, aunque más no sea por algunas pocas horas.

Intentemos que estas pascuas sirvan para encontrar algo más, que zapatos sueltos en las rutas.