Notas
Guía para degustar un vino: la vista y los colores
Convertite en un degustador inteligente de vinos. Cada semana veremos un tema diferente para que pronto puedas tomar la copa por el lugar indicado, mirar el color del vino, oler los aromas delicados y finalmente degustarlo.
Como sommelier te recomiendo que la mejor forma de comenzar es por el análisis detallado de la degustación o cata del vino. Iremos viendo el paso a paso de cada una de estas etapas.
El primer contacto que tenemos con el vino es su aspecto. Debe estar limpio, sin sedimentos extraños lo cual demuestra que ha tenido un buen cuidado durante su elaboración.
Una de las tares más difíciles a la hora de catar es ponerse de acuerdo a cerca del color, ya que no existen patrones sobre pequeñas diferencias que el catador pueda percibir en los colores.
Cuando las copas son de buena calidad y se encuentran limpias aparecen las lágrimas, un término utilizado en la cata para nombrar a pequeñas gotas que se deslizan por la pared interior de la copa ocasionadas por el contenido alcohólico del vino.
Los vinos deben su color a diferentes pigmentos, que en el caso de los vinos tintos, se llaman antocianos. La concentración de éstos dependerá de la variedad de uva, maduración y condiciones climáticas del lugar. Cuando son jóvenes puede variar entre púrpuras, rojos y ruby, que con los años van adquiriendo notas ladrillo y anaranjados.
Para realizar una cata debemos ubicar la copa a 45 ° sobre una superficie blanca (papel o mantelería). Así, se pueden diferenciar dos zonas bien marcadas: el disco y el centro. En el primero se observa el tono y edad del vino, mientras que en el centro de la copa, el color y su intensidad.
Por su lado los vinos blancos se expresan con colores cristalinos, amarillos con variantes como el verde, pajizo, dorado y ámbar. Las uvas blancas también contienen fenoles, llamados flavonas, que a diferencia de los tintos se expresan en colores amarillos. Los años también tienen influencia pero a diferencia de los tintos que se van aclarando, los blancos van tomando tonos más oscuros.
Un vino con mucha guarda puede asemejarse al tono ámbar de un vino tinto también añejo. Al igual que en los tintos, cuando se realiza una cata la copa se ubica a 45 ° sobre una superficie blanca, pero aquí tenemos una diferencia, se pueden distinguir dos zonas bien marcadas: la herradura en la zona baja de la copa y el centro. En la primera se observa el tono y reflejos del vino, mientras que en el centro de la copa el color y su intensidad.
Ahora bien, el ojo humano no es bueno para recordar colores. Intenten sólo una vez seleccionar un color e ir a otra habitación y elegir el mismo… Imposible.
Para realizar una cata debemos ubicar la copa a 45 ° sobre una superficie blanca (papel o mantelería). Así, se pueden diferenciar dos zonas bien marcadas: el disco y el centro. En el primero se observa el tono y edad del vino, mientras que en el centro de la copa, el color y su intensidad.
Por su lado los vinos blancos se expresan con colores cristalinos, amarillos con variantes como el verde, pajizo, dorado y ámbar. Las uvas blancas también contienen fenoles, llamados flavonas, que a diferencia de los tintos se expresan en colores amarillos. Los años también tienen influencia pero a diferencia de los tintos que se van aclarando, los blancos van tomando tonos más oscuros.
Un vino con mucha guarda puede asemejarse al tono ámbar de un vino tinto también añejo. Al igual que en los tintos, cuando se realiza una cata la copa se ubica a 45 ° sobre una superficie blanca, pero aquí tenemos una diferencia, se pueden distinguir dos zonas bien marcadas: la herradura en la zona baja de la copa y el centro. En la primera se observa el tono y reflejos del vino, mientras que en el centro de la copa el color y su intensidad.
Ahora bien, el ojo humano no es bueno para recordar colores. Intenten sólo una vez seleccionar un color e ir a otra habitación y elegir el mismo… Imposible.