Notas
Soda Stereo en River: el clásico encanto
Es la banda argentina más internacional, aún hoy, en un regreso tan anunciado como programado. Fue el grupo que siempre pareció ideal para las rubias tontas, y, sin embargo, ni una cosa ni la otra. Creó antinomías, marcó un estado de ánimo, arriesgaron, pero, siempre, siempre, la mayoría silenciosa estuvo detrás de sus registros, aún los más experimentales. Ya nadie discute a Soda Stereo, bajo ningún aspecto. ¿O sí?
Palabra de un fans en la incierta madrugada de los blogs: "Vengo de ver el recital del viernes 2 de noviembre. Me pareció un show correctísimo desde lo musical, muy profesional. El sonido fue impecable y las luces hipnóticas. Pero... Así y todo me llevo una sensación de decepción. La banda no tuvo alma, no tuvo garra, no tuvo fuego. Tocaron para cumplir con un contrato y nada más. A mí eso no me alcanza. Sí, van a hacer muy buena guita. Pero me parece un poco patético. Lo siento por el rock". Pero hay para todos los gustos: "¡Qué show impresionante! Cerati sacadísimo, los tres muy conectados y muy buena onda. Zeta impresionante, Gustavo descosió y Charly.. mi amor! jaja, pero (¿será porque era viernes y la gente estaba cansada?) el público apagadísimo. Nunca pensé un recital de Soda en que la gente no salte, creo que ni con De música ligera se llegó al climax de tantos otros conciertos de Soda. En fin, supongo que hoy la gente se pondrá la pilas por ser el "último".
Con el concierto de anoche, ante 65 mil personas, Soda Stereo equiparará lo que hasta ahora es la marca más contundente de los shows musicales en la historia de este país: ni más ni menos que llenar 5 estadios de River Plate. Y esa categoría, la de clásico, sobrevoló anoche por el cielo de Nuñez, luego que el trío retornara al país tras haber tocado en Ecuador y Chile (allí también alcanzaron la cima de entradas vendidas). Y entonces es un clásico decir "Buenas noches, Buenos Aires", y lo es tanto como comenzar con "Juegos de seducción".
Y en el siempre alto standar que ya es marca registrada se movió el show, inobjetable, a veces encantador, pero nunca excitante. La magia está intacta, es cierto, aunque ya conocemos los conejos que salen de la galera. Y aunque pareciera sumamente aguda la reflexión, por el contrario, deberá decirse que la irrupción de Soda en el 2007 es aleccionadora. Como apunta el crítico Sergio Marchi, aún "no nació el grupo que lo reemplace". ¿Esto habla bien de Soda? Quizá. Lo que no hay dudas es que el juicio habla bastante mal del chato panorama del otrora rock argentino actual.
La previa del concierto e incluso todo el recital de hoy podrá ser escuchado en Mendoza por la radio que tiene la señal de La 100.
Y en el sitio de videos Spymac ya pueden apreciarse las imágenes de los últimos recitales, tanto aquí, como el de Chile. Los usuarios que registraron imágenes de los conciertos y las subieron al sitio, de este modo, aumentaron sus posibilidades de ganar premios en dinero, ya que Spymac reparte el 50 % de sus ingresos en publicidad de acuerdo a la popularidad y creatividad de los mismos posteos.
Aquí algunos contenidos on line:
Ganadoras del sorteo
Las ganadoras, todas féminas, del sorteo que las llevó al concierto, son, a su manera, un registro exponencial de lo que ha significado el rock en las profundidades culturales de las últimas décadas. María Fernanda Maure se inscribió con su nombre, pero también con el de su madre, Viviana Lubelchik, quien finalmente fue la agraciada por el azar. Lo curioso es que Viviana comenzó a escuchar a Soda Stereo cuando estaba embarazada de María Fernanda. Y anoche, mientras el trío tocaba "Persiana Americana", ella llamó a su padre y le puso el teléfono en alto para que oyera una canción que sin duda marcó a fuego al matrimonio. "Estoy más que feliz, me parece un sueño", dice Viviana, la madre. Para completar el cuadro familiar se apunta que el otro hijo del matrimonio ayer llegó a Mendoza desde Santiago de Chile, adonde viajó ¿saben para qué? Para ver a Soda Stereo. ¿Sodamanía? Sí, y desde hace años.
La otra elegida fue Carina Leiva, casada, de 37 años. Nunca había visto en vivo al grupo. Y fue recién ahora que pudo sacarse las ganas. Ella viajó con su hermana, Mónica. Ambas estaban con una sonrisa difícil de explicar. Una mezcla de satisfacción e incredulidad aún, como si lo de anoche jamás hubiera pasado en sus vidas. Han guardado las entradas ganadas en buena ley y esos tickets ya serán parte de algún cajón de los recuerdos o los hitos o los hits, como prefieran llamarlo. El hermano de ambas, al despedirlas en Mendoza, repetía como mantra: "Yo voy a ir a verlos, adonde sea, adonde sea". Sobre el show dijeron que estuvo genial, pero notaron un poco sin pilas al público. "Pasa que si él no tiraba onda es difícil", dijo Mónica. El es Cerati, claro.
El otro Festival
Difícil oficio el del cronista con dos conciertos el mismo día, disfrutando del maravilloso fluido vehicular de un viernes por la tarde. En Liniers, en el estadio de Vélez Sársfield, se realizó la primera fecha del Yeah Festival. Anoche tocaron bajo el cielo porteño tres grupos que podrían ser el delirio de cualquier capital del mundo: Starsailor, Travis y The Killers. El set entero de los primeros (que culminó con el casi glorioso "Four To The Floor") y la mitad de los primeros. La actuación de The Killers será para otra vida, en cualquier caso, ya que se impuso la ultima mitad de Soda Stereo.
Los escoceses de Travis subieron al ritmo de Rocky, ataviados como boxeadores en busca del ring. Fue un momento delirante, mucho más cuando se quitaron las batas y dejaron ver sus camisetas de fútbol del seleccionado de Alfio y sus muchachos, lo que ya parece, además de una cargada, una especie de demagogia fuera de contrato. Aún así todo muy divertido, muy fresh. Público adolescente y brit pop en Liniers, y bastante escaso para las cuentas de los organizadores. Desde la intensidad dramática de "Why Does It Always Rain On Me" al estigma británico de Oasis (y de allí boleto directo a los Beatles) con "Hit Me Baby One More Time".
Y de allí hasta Nuñez, para comprobar algo fuera de lo musical: los jugadores de Vélez no se han quejado del estado del campo de juego, como sí Ariel Ortega y compañía. ¿Los hombres duros bailan o no bailan? ¿En qué quedamos?
