La extrema experiencia de vida que Julián Weich vivió junto a su hijo Jerónimo

La extrema experiencia de vida que Julián Weich vivió junto a su hijo Jerónimo

Cinco años atrás, al cumplir 50, el conductor de TV decidió celebrar su natalicio de una manera muy particular.

Napsix

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Julián Weich continúa presentando mejorías luego de haber estado muy complicado de salud tras ser diagnosticado con coronavirus. El conductor de TV llegó a estar en terapia intensiva y generó mucha preocupación en sus miles de fanáticos. Él fue uno de los primeros comunicadores argentinos en ponerse al frente de los novedosos realities de la pantalla chica argentina (Fort Boyard o Expedición Robinson) y se ganó el corazón de cientos de argentinos.

Julián Weich

Cinco años atrás, al cumplir 50, el mediático decidió celebrar su natalicio de una manera muy particular: embarcándose en una aventura similar a las que debían enfrentarse los participantes de los concursos que él mismo condujo en la televisión. Así es que compró un boleto de avión y se dirigió a Panamá, donde vivía su hijo Jerónimo. Llegó a dormir en la calle y comer gracias a limosnas.

"A los 19 años Jerónimo decidió irse de mochilero con rumbo desconocido. Dejó el trabajo, sus estudios de cine, el gimnasio, el rugby. Al padre, a la madre, la familia... Dejó todo", explicó tiempo atrás en una entrevista que brindó al programa radial Perros de la Calle.

Y agregó: "Estuvo así dos años por Sudamérica. Cuando le corté la tarjeta me dijo que me entendía. Vivió de lo que ganaba con los malabares que hacía y de lo que aprendió a hacer en el camino. El de acá se fue haciendo bombones, pulseritas, pintaba casas, era mozo, cualquier cosa. Se fue rebuscándosela. Aprendió a hacer malabares y se profesionalizó con otros malabaristas".

Julián Weich

Con respecto a su experiencia extrema, contó: "Me fui a vivir una semana a Panamá con él, a hacer malabares y vivir en la calle con él. Fue una experiencia increíble. Dormimos en la calle, en la playa, y mientras él hacía malabares y yo pasaba la gorra. En Panamá, que el clima es cálido, es fácil dormir en la calle. No como un homeless, pero nos colamos en un parque nacional y armamos la carpita ahí, otro día fuimos a una playa. Así tres o cuatro días. Después, dormimos en un hostel, porque nos teníamos que volver".

"Fue una experiencia alucinante. Me hubiera quedado a vivir, porque uno se da cuenta no se necesita nada para vivir, que es más fácil vivir de lo que uno vive porque no teníamos celular, las comodidades y éramos felices", cerró.

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