China: bonos, default y la muerte programada del mercado
En 2025 solo hubo un default en China, no por fortaleza económica, sino por control estatal: el mercado de bonos ya no mide, solo obedece.
China mantiene un programa para evitar que las crisis económicas sean un cimbronazo
ShutterstockEl dato pasa desapercibido si no se comprende su significado profundo: en lo que va de 2025, solo una empresa incurrió en default en el mercado de bonos corporativos onshore de China. No se trata de un síntoma de fortaleza, sino de una señal inequívoca de manipulación estructural.
El mercado de bonos, una de las herramientas más sensibles para detectar la salud económica de un país, está desactivado. Ya no mide, no corrige, ni disciplina nada. China eliminó una de las últimas válvulas funcionales del capitalismo dentro de su sistema mixto.
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La lógica de permitir defaults es sencilla: los impagos actúan como un mecanismo de limpieza y ajuste. Las empresas que no cumplen sus obligaciones son depuradas, y ese proceso reasigna capital de manera eficiente. Cuando un gobierno impone artificialmente que no haya defaults —como lo ha hecho el Partido Comunista Chino— se rompe esa cadena. Obliga el pago de bonos a toda costa, aun si eso implica dejar sin fondos otras obligaciones contractuales. El resultado es una distorsión de la jerarquía crediticia: el mercado deja de ser un espacio de confianza, se convierte en una ficción sostenida por órdenes políticas.
El retroceso es evidente. En lugar de evolucionar hacia normas globales —como parecía ser la dirección entre 2014 y 2020— China regresa a una forma de administración centralizada que no requiere mercados funcionales, sino obediencia. La caída de los defaults no implica estabilidad: implica intervención. El capital extranjero ya lo percibe. La participación externa en el mercado de bonos chino cayó al 0,29% en 2024, el mínimo en más de una década. Sin transparencia ni riesgo medible, no hay inversión posible. Y sin inversión, no hay crecimiento.
Cómo impacta esta lógica china en el mercado
El sistema se autodevora. Las empresas estatales, que dominan el mercado, están ahora protegidas de cualquier consecuencia negativa, pero ese resguardo las hace ineficientes y las aísla del escrutinio externo. Las compañías privadas, en cambio, enfrentan un entorno en el que los préstamos bancarios son renegociados en silencio y los impagos se maquillan. La información pierde valor, y con ella se desmorona el interés del inversor.
Este movimiento revela una debilidad estructural. El Partido Comunista ya no intenta reformar, solo sostiene la fachada. Lo que alguna vez fue el mayor experimento de convergencia entre autoritarismo político y eficiencia de mercado entra en su fase final. Lo que queda es un sistema opaco, rígido y en retirada.
China no se dirige hacia la pobreza: ya avanza en ella. Con cada intervención, se aleja del capitalismo y se acerca a un modelo en el que el crecimiento se vuelve incompatible con la verdad. El default desaparece, pero con él también desaparecen el riesgo, la confianza y finalmente, el capital. Sin capital, no hay sistema productivo que aguante. La escena está montada. Solo resta observar cómo se desploma el telón.
Las cosas como son.
*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

