Más fuerte que patada de Chola: la lucha libre a 4 mil metros de altura
El Alto, Bolivia, 2002. Dos cholas, es decir, dos mujeres aymaras, discuten por el lugar de un puesto de comida. Las dos se sienten con derecho a reclamar ese espacio. El espectáculo es impresionante: sus largas polleras, su sombrero al estilo bombín. Dos mujeres robustas que se desafían con fiereza una a la otra. Al segundo, vuelan las piñas, los empujones y hasta hay patadas voladoras. Nadie se atreve a detenerlas. Meses después, un productor de lucha libre tomó la idea y empezó a incluir esta lucha de cholas entre los tiempos libres de la lucha profesional masculina, y en poco tiempo ya era un deporte profesional que tiene sus estrellas, su público y rivalidades.
La Mamacha, Julia La Paceña, Juanita la Cariñosa, Benita la Intocable son algunas de las estrellas de este deporte. Los impresionantes saltos, llaves y acrobacias que hacen estas mujeres macizas pueden confundir al espectador. Esto no se trata de ficción. Entre las cholitas se pegan de verdad y se pegan fuerte.
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"Me han partido la ceja, dislocado el codo... Todo lo tengo mutilado", confirmó Yenni Mamani, una luchadora que ya es conocida en España. La lucha de cholas no es para cualquiera; hay que estar dispuesta a dejar un diente en el ring. Sin embargo, para Yenni, su público la ayuda a aguantar todos los golpes: "Cuando oigo los aplausos, me siento una estrellita".
Pero no todo es brillo y aplausos en la vida de las cholas luchadoras. La Mamacha, auténtica prócer de este deporte, explica que si bien lo suyo es la lucha, tiene un puesto de comida callejero para sobrevivir.
“La lucha libre en Bolivia no da para vivir, tenemos que hacer muchos espectáculos para juntar algo, pero aun así no llega”, lamenta Juanita la Cariñosa.
Además, está el lado B de la lucha de cholitas, la que se hace en la calle, de manera clandestina, tomando apuestas de paceños y turistas que se acercan a un círculo de calles del Alto para jugarse algún vuelto.
A pesar de todo esto, las cholas siguen luchando. El deporte sigue creciendo y los fans aumentan gradualmente a lo largo del mundo. "No puedo vivir sin la lucha, es algo que se lleva en la sangre", "me gusta pegar y sentir la adrenalina que provoca la lucha", son algunos de los testimonios de estas mujeres fuertes, más fuertes que patada de chola.