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Bolsonaro vs. Lula: la alegría (o tristeza) no será solo brasileña

Latinoamérica se verá impactada este domingo por la elección mas importante del año. La continuidad o el cambio en Brasil tendrán eco desde Buenos Aires hasta Washington. Alineamientos cruzados de ambos candidatos en todo el mundo.

“La alegría no es solo brasilera”, dice una famosa canción de Charly García. Y ese parece ser el caso de las elecciones en el gigante sudamericano. Gane quien gane el balotaje, habrá festejos en diversos países de la región y, por qué no, del resto del mundo.

Por supuesto, habrá motivo más que suficiente para celebrar: Brasil tiene la economía más grande de Latinoamérica y tiene una gran influencia en todos sus vecinos.

Pero, antes de enumerar quiénes festejarían si gana el conservador Jair Bolsonaro o el izquierdista Lula da Silva, es necesario mencionar -aunque sea de manera muy escueta- qué es lo que está en juego.

Una aproximación la podemos encontrar en el último debate, ocurrido el viernes por la noche. Si bien estuvo marcado por la tensión y los insultos, el minuto y medio de cierre de Bolsonaro graficó los dos modelos de país que estarán en disputa el domingo y que buscan expandirse a las naciones hispanoamericanas:

“Más que elegir a un presidente de la república, es elegir el futuro de nuestra nación. Si viviremos en libertad, o no. Si se respetará la familia brasileña. Somos un 90% cristianos. Si el aborto seguirá siendo prohibido o no en Brasil. Nosotros respetamos la vida desde su concepción. No queremos la liberación de las drogas en Brasil (...) Nosotros respetamos la propiedad privada. Somos de los colores verde y amarillo, de orden y progreso, y no de la bandera roja (...) Brasil sobre todo, y Dios sobre todos”.

Paralelamente, y al igual que en prácticamente toda la campaña, Bolsonaro acusó a Lula de querer implementar en Brasil el mismo modelo de sus “amigos” socialistas en la región. Y en gran parte, tiene razón.

Hay que recordar que, en 1990, Lula da Silva fundó -junto al difunto dictador cubano, Fidel Castro- el Foro de São Paulo, un espacio que reagrupó a los movimientos izquierdistas de Latinoamérica luego de la caída del Muro de Berlín. Y su estrategia tuvo éxito: de allí surgieron -entre tantos otros- Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y el propio Lula en Brasil.

De hecho, durante su gobierno (2003-2010), el líder del Partido de los Trabajadores mantuvo estrechas relaciones con Chávez. Y lo mismo ha pasado con su sucesor, Nicolás Maduro, que gobierna un país con mano dura y falta de libertades esenciales; Lula lo ha calificado como un “amigo”. De hecho, el propio dictador venezolano lo ha apoyado en su carrera para retornar al Palacio de Planalto?.

¿Y qué decir de Cuba? Lula es un habitué de la isla y un gran defensor del régimen comunista en los foros internacionales, pidiendo por el fin del mal llamado “bloqueo”.

Sin duda, en caso de ganar Lula, Caracas y La Habana celebrarán a lo grande. Pero no serán los únicos.

Otro en la lista es el líder sandinista de Nicaragua, Daniel Ortega, quien viene persiguiendo de manera atroz a sacerdotes católicos, ante la condena abierta de Bolsonaro y el silencio cómplice de su amigo, Lula.

Por otro lado, la afirmación de Bolsonaro de que no quiere la liberación de las drogas en Brasil, tiene relación con otro líder de la región, muy cercano a Lula -y miembro del Foro de São Paulo: Gustavo Petro.

El actual presidente de Colombia -y exguerrillero- ha defendido en la última Asamblea General de las Naciones Unidas la legalización de la marihuana y la cocaína en su país. Es más, dijo que quiere liberar a todos los narcotraficantes encarcelados.

Para finalizar el recuento de los que celebrarían un triunfo de Lula se encuentran los presidentes que abogan por la legalización del aborto y la imposición de la ideología de género en todas las esferas gubernamentales y sociales -incluidos los colegios-. Por ejemplo, Alberto Fernández de Argentina y Andrés Manuel López Obrador de México.

En un continente marcado por el “izamiento de la bandera roja” en las sedes de gobierno, Bolsonaro tiene apoyo más que nada en los sectores religiosos -evangélicos, pero también católicos. De hecho, el líder conservador ha hecho de la defensa de la libertad religiosa una de sus principales banderas de gobierno y de campaña electoral.

También suma seguidores en los movimientos provida y pro familia tradicional de toda la región, que entienden que la vida comienza en la concepción -hecho confirmado por la biología- y que la familia que forma la base de la sociedad está constituida por un padre y una madre.

Además, el líder conservador se ha ganado la simpatía de vastos sectores liberales, sobre todo en el ámbito económico, y tiene su razón: tras 15 años de intervencionismo estatal por parte del PT, su gobierno ha sido marcado por la liberación y la desregulación de la economía brasileña. Por eso, una buena parte de los sectores productivos de Latinoamérica, sobre todo en el ámbito de los agronegocios, ven con buenos ojos la reelección del candidato del Partido Liberal.

Yendo al ámbito global, Lula cuenta con el “guiño” de los presidentes de los países más importantes del mundo: Joe Biden (Estados Unidos), Xi Jinping (China), Emmanuel Macron (Francia), Olaf Scholz (Alemania) y la Unión Europea en general. En tanto que Donald Trump (Estados Unidos), Viktor Orbán (Hungría) y Santiago Abascal (España) han apoyado abiertamente a Bolsonaro.

En definitiva, y aunque a esta altura a alguno todavía le resulte paradójico, si gana  Lula da Silva, festejará no solo la izquierda internacional, sino también los gobiernos más poderosos del mundo.

En tanto que si logra la hazaña la derecha de Jair Bolsonaro, celebrarán las familias tradicionales, los creyentes religiosos y buena parte del empresariado, de Brasil, de Latinoamérica y del resto del mundo.

Este domingo hablarán las urnas, y sabremos si se repite el resultado bíblico de David y Goliat.