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Por qué Francisco dice que le queda poco tiempo como Papa

Las palabras pronunciadas en 2015 en torno a su papado de "4 o 5 años más" tienen un doble sentido. Su aniversario como pontífice.

 El próximo lunes, Jorge Bergoglio cumplirá 4 años como papa Francisco. Una primera evaluación deja en claro que no pasa inadvertido por el Vaticano. Hacia adentro de la Iglesia, está impulsando una reorganización saludable, aunque los cuestionamientos dogmáticos de los más conservadores lo tengan todo el tiempo en la picota y hasta hayan amenazado con un cisma en algún momento más álgido.

Hacia afuera, Bergoglio consiguió contener la fuga masiva de católicos y las deserciones. Durante el reinado de Josep Ratzinger, Benedicto XVI, la Iglesia tuvo al frente a uno de los intelectuales más pesados del mundo del siglo pasado, pero con poca -sino nula- cintura política. Ratzinger tuvo que lidiar con la "basura bajo la alfombra" que le dejó Juan Pablo II, Karol Wojtyla, difícil de ser acusado por las cosas "malas" que encubrió habida cuenta de la popularidad que tiene en la Humanidad por cosas consideradas "buenas". Bergoglio, en tanto, lo nombró santo para los católicos en simultáneo con Juan XXIII,  Angelo Giuseppe Roncalli. Una de cal y una de arena, muy argentino.

Los casos de pedofilia cometidos por sacerdotes, entre otros muchos delitos de sus miembros jerárquicos, tanto como el descontrol del Instituto para Obras de Religión, el IOR (conocido como Banco Vaticano) le estallaron a Ratzinger en las manos sin saber qué hacer o, mejor dicho, sin el poder político y operativo para ocultarlo, disimularlo o resolverlo que habían tenido sus antecesores. En un hecho histórico, quien es considerado un "representante de Dios en la Tierra" dejó de serlo por propia dimisión y allí entró a tallar la figura del "hombre del fin del mundo", Bergoglio, frente a quien los escandalosos obispos italianos resignaron todo su poder con la finalidad de sostener en pie una estructura milenaria que amenazaba con caerse debido a su propio peso, y en la que ya muchos no podían refugiarse debido al hedor que emergía en muchos de sus ámbitos.

A eso llegó Bergoglio al Vaticano: a darle un F5 a la iglesia católica de modo de que no sucumbiera. Hacía falta un habilidoso político y los cardenales se convencieron de que eso quería el Espíritu Santo, a quien le endilgan por protocolo la responsabilidad de cada una de sus elecciones papales, se haya tratado de Francisco o de algún Médici.

Hay costados altamente positivos de la gestión de Francisco en estos cuatro años, mirados desde su contexto, obviamente, y otros que lo dejan mal parado frente a las enormes expectativas que generó. Una cosa es el pontífice visto desde Argentina y otra bastante diferente, observado desde el resto del mundo y, particularmente, desde Asia y África, continentes hacia los que puso proa para conquistar nuevos adeptos y no quedarse solo con los ya hartos e ingenuos europeos que se conocen de memoria las mañas de la Iglesia y sus excusas.

Ahora, hay un dato fuerte que en su momento causó impacto cuando lo dio el propio Francisco: "Mi pontificado va a ser breve, 4 o 5 años", le dijo a Televisa en una entrevista de 2015. Y justo ahora empezaría a rozar los límites de su premonición.

Quienes lo rodean, cuando MDZ pudo indagar al respecto por sus afirmaciones, señalaban que respondía a dos cuestiones:

1- Por un lado, una lógica humana: era pesimista en torno a cuántos años podría vivir, teniendo en cuenta sus afecciones físicas, como es la falta de un pulmón y sus problemas en las articulaciones que tempranamente ya le impidieron participar activamente en las procesiones tradicionales del Vaticano.

2- Por el otro, una actitud fuertemente política: al ponerle espacio temporal a su "mandato" tranquilizaba por un lado a sus adversarios y los empujaba a una "espera del final", y por el otro les avisaba a los propios, los afines, esa masa de sacerdotes que alentó a salir a la conscripción de acólitos en todo el mundo, a apurarse en la tarea.

Las dos son interpretaciones posibles en torno a las palabras de Bergoglio sobre el final de su papado.

Los "sí", los "no" y los "ya veremos"

En el camino han ido quedando algunas esperanzas sobredimensionadas en torno a su papado. Por ejemplo, aquellos que creyeron los ademanes que se percibían en sus primeros mensajes en torno a la tolerancia y aceptación de homosexuales católicos, que no pasó de un comentario a los periodistas en un avión. O la incorporación de sacerdotisas, obispas y cardenales, que alentara con gran nivel de convicción (en vano hasta ahora) Leonardo Boff en diálogo con MDZ.

Así y todo, su "apuro" y estrategia política, permitió limpiar el denominado Banco Vaticano. En el "debe", hay que sumar la expulsión del obispo Krzystof Charamsa del Vaticano debido a su condición sexual. Como positivo -más allá de los intereses de la Iglesia- el clamor por los refugiados y una vez más, como deuda, que no se termina de expulsar de la Iglesia a los sacerdotes que delinquen en todos los aspectos y que abusan de personas indefensas y menores de edad.

 En el "ya veremos", rápidamente podemos encuadrar sus fracasos en política internacional, cuyas propuestas no cuajan o, directamente, fracasan, como sucedió en Colombia, país que visitará próximamente, pero en

Una conclusión rápida es que FRancisco no ha pasado desapercibido. 

Estos cuatro años, en definitiva, "hizo lío". Y si sigue durante más tiempo -a pesar de su pronóstico cortoplacista, podría ver el resultado de ese lío.