ver más

Más chavistas que Chávez: una cuestión de fe

En Venezuela se designó un nuevo Canciller "por decisión de Chávez". Pero de Chávez, ni noticias. Las dudas, contradicciones y conflictos de un momento difícil.

De Chávez, ni noticias. Puede que esté bien; puede que esté mal. Si le creemos a sus seguidores, está fantástico, parlotea en su cama de la clínica Cimeq de La Habana y recibe biblias de regalo. Si les creemos a sus seguidores esto, deberíamos creerles todo lo que dicen. Y no es poco. Entre otras cosas, porque dicen que Chávez dice qué es lo que hay que hacer con cada cosa de Venezuela. Las de orden interno y también en torno a las relaciones internacionales.

Pero ocurre un problema: lo que los seguidores dicen que dice Chávez no tiene mucho que ver con lo que Chávez realmente dijo la última vez que habló en público y que fue esto:

El líder venezolano, consciente de la gravedad de su afección enfrentó la situación con una altura conmovedora. Puede verse en el video su integridad cargada de dolor. Póngase quien se ponga en su lugar sentirá escalofríos de sólo imaginarse hablando ante millones, avisando que se va y que no sabe si va a volver y que, en todo caso, estás son las instrucciones.

En este último asunto radica la diferencia que se hace evidente como si se tratara de un teléfono roto entre Caracas y La Habana o de un diálogo de señas malinterpretadas. Chávez dijo bien clarito cuando se iba para Cuba a someterse a la cuarta intervención quirúrgica debido a su cáncer que:

- Debería respetarse a rajatablas la Constitución Bolivariana.

- Que si no retornaba, imponía hacia adentro de su espacio político a Nicolás Maduro como candidato único a sucederlo.

- Que si esta tragedia llegaba a su vida tan lejos de su tierra, lo que la Constitución indica es que hay que llamar a nuevas elecciones y que en ellas Maduro debería enfrentarse con quien fuera, pero ya con el apoyo de un Chávez vuelto mito.

No fue así.

Dicen que Chávez dijo que el Tribunal Supremo de Justicia (lo que en la Argentina es conocido como “la Corte”) debía decir que está bien que Maduro sea presidente desde ahora y con todo el gabinete que ya venía gobernando.

En cierta medida, parecía lógico y hasta los opositores reconocieron que había que darle más tiempo al Comandante para tratar de conseguir una mejoría y, por lo tanto, no importaba que no estuviese en Caracas el 10 de enero, fecha fijada para su reasunción en el cargo. De hecho, su triunfo había sido contundente.

Pero entonces lo que se señaló es que, si se debía cumplir la Constitución (tal como todo el mundo escuchó decirle a Chávez la última vez que se le oyó en público),

- Debería seguirse el orden sucesorio que indica que es Diosdado Cabello, el presidente de la Asamblea (su Congreso) la autoridad electa de mayor importancia después del Presidente;

- Tendría que fijarse un plazo para esperar la llegada de Chávez a su país y no dejarlo gobernando fantasmagóricamente por tiempo indefinido.

Tampoco fue así. No se cumplió con el mandato del propio presidente enfermo.

Por ello es difícil creerle a los seguidores de Chávez. Porque acaso,

¿Chávez les podría haber ordenado dejarlo en ridículo en momentos tan difíciles?

La confusión reina en Venezuela y lo que en un momento fue una crisis política amenaza, como lo hemos señalado en otras oportunidades, en convertirse en una crisis institucional.

La novedad es que, según dice Maduro, Chávez le dijo que nombrara un Canciller y por eso designó a Elías Jaua para tal cargo. Maduro actuó como presidente (y no lo es) aunque argumentó que fue Chávez quien lo determinó.

De ser así, ¡qué difícil creerles a los mismos que pidieron “no molestar” al Comandante con asuntos coyunturales, para dejarlo mejorar tranquilo! O lo están molestando para reacomodar el gabinete venezolano o resultan ser más chavistas que Chávez.

El gobierno de Chávez, a quien se lo ha acusado muchas veces de generar un culto de su persona y montar un gobierno cargado de misticismo, se está tornando una cuestión de fe.

Como una virgen que llora y da mensajes a sus intérpretes, esta existencia simbólica del presidente venezolano conmueve a muchos, pero genera también legiones de escépticos.