En Londres, ¿se volvieron todos locos, son violentos o hay algo que no entendemos?
La violencia que se vive en estos días en Londres parece difícil de entender por gran parte de la población que no vive en ese país. Sin embargo, para quien ha vivido allí no es ninguna sorpresa. El autor de esta nota ha vivido en Inglaterra y explica lo que muchos parecen no comprender aún.
Quienes no son del “Primer Mundo” o no han vivido en Inglaterra no conocen a los ingleses. Creen que son el estereotipo del gentleman y que los hooligans son un episodio aislado. Pero no, los ingleses no son tan flemáticos, tan amables ni tan generosos como los pintan en las pelis o en los clásicos de la literatura. Reino Unido tiene un lado oscuro, muy oscuro, y es el que asombró a buena parte del mundo durante toda la semana que pasó.
Viví en Inglaterra hasta hace poco y por espacio de tres años, y experimenté cosas que nunca hubiera creído. Por eso las imágenes de los disturbios de Londres, Manchester, Liverpool y otras ciudades británicas no me sorprendieron tanto. Sin embargo, aquí mucha gente no puede creer que pibes de cabello rubio, piel blanca y ojos celestes sean capaces de semejantes barbaridades como las que les han visto hacer por la tele.
Robarle a gente herida, saquear tiendas, incendiar casas de familia, destrozar vehículos. Todo esto en sus propios barrios, en su propia ciudad, en su propio país. Es necesario acentuar y aclarar este punto porque en España, por ejemplo, los británicos son famosos por hacer las mismas barbaridades pero más a menudo. También puedo dar fe de esto, visto con mis propios ojos.
En la concepción de los ingleses que tiene nuestro pueblo, repito, no cabe que un gringo de ojos azules se comporte como un inadaptado social, como un sicópata desquiciado. Y sin embargo es así. Reino Unido es desde hace algún tiempo dos países: por un lado, está el que todos vemos, el de la clase media de próspera economía; y en la vereda de enfrente, o podríamos decir, en el vecindario de enfrente, los barrios pobres pero céntricos de los que nadie se hace cargo, como si no existieran.
La pregunta que surge a continuación es: ¿Cómo pasó esto, cómo una vez más aparece la Biblia junto al calefón?. Sam, mi primer y único amigo mancuniano (viví mayormente en Manchester), dice que la hipótesis generalizada es que durante el gobierno de Margaret Tatcher se hundió el sector industrial mientras ella animaba a la clase obrera a salir de las casas subsidiadas por el Estado y meterse a pagar una buena casa en el centro. En paralelo, su gobierno y el siguiente comenzó a recortar el presupuesto para viviendas de protección oficial.
Entonces, diez años de supuesto crecimiento económico de la mano del Partido Laborista no han podido dar solución a los problemas de los barrios marginales ni a los marginales que se mudaron a los barrios céntricos. A consecuencia de esta política, las bandas de adolescentes han ido en aumento y la escalada de violencia y crímenes con arma blanca que ostentan las principales ciudades de Inglaterra ha mostrado la punta de su iceberg de una buena vez, luego de que la policía matara a uno de esos jóvenes, Mark Duggan.
Cabe recordar que el infierno que se vio por la tele durante toda la semana comenzó el domingo pasado cuando Duggan fue muerto a tiros en un episodio aún confuso por la policía de Tottenham. Los primeros disturbios los armaron los vecinos del barrio se juntaron frente a la comisaría para pedir cuentas a la policía por la muerte del joven de 29 años.
Pero antes, al menos tres años en mi caso, ya se podían ver los chispazos de este gran incendio. Me había mudado de Valencia, España, a principios de 2007, directamente a Manchester, Inglaterra. Las primeras semanas viví en casa de Sam y Sara, una divertida y armoniosa pareja de mancunianos que sólo se gruñían cuando uno le echaba el Manchester City encima del United a la otra, y viceversa.
“No mires fijo a ninguno y no vayas por acá y por allá de noche” fue lo primero que me dijeron. Vivíamos en Rusholme, un barrio multicultural de Manchester que no dormía nunca, y aún así había que cuidarse. Una noche caminaba por una vereda céntrica y rocé a un negro (Moss Side queda al lado) sin querer. Tuve que pedirle disculpas media hora para que la cosa no pasara a mayores. El negro insistía en que lo había empujado y hacía como que buscaba un arma debajo de su buzo.
La cosa se puso más densa cuando me mudé a Salford, barrio íntegramente sajón y de clase obrera con pocas pulgas. Los pibes tenían menos pulgas que los padres en ese momento. Caí engañado al Salford. Me había hecho amigo de un español sin escrúpulos que me dijo que era barato y estaba muy cerca del centro. Ambas cosas fueron ciertas. Lo que olvidó decirme y yo no sabía por ser nuevo en Inglaterra, era que Salford es peligroso. La noche anterior a que nos mudáramos, mataron un pibe en la puerta del edificio.
Luego un día estaba esperando el tren para Leeds, serían las 5 de la tarde y la estación Victoria estaba repleta de gente y policías. Nunca lo ví venir, sólo escuché el estampido al lado izquierdo de mi cabeza, contra el vidrio. Me acuerdo que cuando volví a centrarme miré la lata de Pepsi en el suelo, casi llena, y un grupo de 6 pibes, tendrían un promedio de 15 años entre chicos y chicas, que se alejaba por el andén riéndose de la “broma”. Me contuve una vez más las ganas de romperle la cara a alguien. Ya se sabe, uno es de afuera, y “argie” (argentino) para agravar la situación.
Otra. Estábamos cenando con unos amigos en la esquina de Deansgate y St.King, pleno centro de Manchester. Sería un jueves o viernes a las 10 de la noche, cuando oímos gran agitación en la esquina opuesta al restorán. Cuando salimos para ver mejor, un policía se agarraba la garganta con ambas manos, mientras la sangre empapaba su chaleco y manchaba el piso y la pared. Nos enteramos luego que el policía había demorado a dos pibes para ver en qué andaban, y uno de ellos le había cortado el cuello de un navajazo.
La última. Un día llega mi compañero de trabajo Chris, hijo de obreros y bravo para las piñas, inglés de pura cepa para más datos, con la jeta partida, hinchada y ensangrentada. Todos nos quedamos helados. “Ibamos caminando por la vereda del shopping con un amigo y de frente venían dos (ingleses también nos dijo), y cuando vamos cruzándonos uno de ellos me larga una trompada porque sí”, dijo Chris moviendo la cabeza. Luego nos dijo que era común entre skullies (se pronuncia scalis) partirle la cara a cualquiera sólo por la gracia que les causa.
Con respecto a la palabra skully, permítanme explicar el término porque es difícil de hallar, dada su connotación peyorativa. Los ingleses, y sólo ellos, le llaman en lenguaje informal (slang) skullies a sus compatriotas de la clase baja. El término proviene de la palabra skull, que quiere decir calavera, y la asociación nace porque este segmento de la sociedad británica (varones principalmente), llevan su cabeza rapada.
Y propósito de los skullies y los disturbios que ocasionaron esta semana, si alguien piensa que con toda la policía en las calles se acabó el Apocalipsis británico, hay signos que indican que esto sólo acaba de empezar. Luego de que el primer ministro británico, James Cameron, expresara que “cualquier método que use la policía para reprimir a los looters (saqueadores) sería apoyado por el gobierno (¡¿?!)”, la columnista Ann Hart Coulter fue más allá y dijo que en realidad habría que matarlos a todos.
Explosiva como es su costumbre, la periodista y escritora norteamericana apostrofó en Fox News, su principal bastión laboral y luego lo reflejó en su columna de la revista Human Events: “unos cuantos rifles bien ubicados y los disturbios se terminan en un instante. Un ataque más sostenido a esta mafia salvaría a Inglaterra de ella misma, quitándole de encima para siempre a esos cabezas-afeitadas, borrachos parásitos de los impuestos de Britania. Estamos seguros que no correremos el riesgo de asesinar al próximo Winston Churchill o Edmund Burke en esos amontonamientos”.
Por si fuera poco, Coulter agregó: “además, no sé si habrán notado que la mayoría de los saqueadores son blancos y que hay un montón de chicas con ellos”. A propósito de las chicas, la periodista recordó que “en Europa, Inglaterra es la nación que más madres adolescentes y solteras tiene, y también las tasas más altas de crímenes violentos, abuso de drogas y alcohol, obesidad y enfermedades de transmisión sexual”.
Como dijmos, parece que el asunto está lejos de acabar aquí. Ojalá que el gobierno británico saque algo más que policías de su sombrero porque si se cumple la profecía de The Clash, no le alcanzarán todas las balas para parar la invasión, su propia invasión. Más les hubiera valido que les pasara lo que al gobierno británico de “V de Vendetta”, que además de reventarles el edificio correcto, el pueblo les mostró con actitud los errores que estaban cometiendo y la manera de cambiarlos.
Entonces, diez años de supuesto crecimiento económico de la mano del Partido Laborista no han podido dar solución a los problemas de los barrios marginales ni a los marginales que se mudaron a los barrios céntricos. A consecuencia de esta política, las bandas de adolescentes han ido en aumento y la escalada de violencia y crímenes con arma blanca que ostentan las principales ciudades de Inglaterra ha mostrado la punta de su iceberg de una buena vez, luego de que la policía matara a uno de esos jóvenes, Mark Duggan.
Cabe recordar que el infierno que se vio por la tele durante toda la semana comenzó el domingo pasado cuando Duggan fue muerto a tiros en un episodio aún confuso por la policía de Tottenham. Los primeros disturbios los armaron los vecinos del barrio se juntaron frente a la comisaría para pedir cuentas a la policía por la muerte del joven de 29 años.
Pero antes, al menos tres años en mi caso, ya se podían ver los chispazos de este gran incendio. Me había mudado de Valencia, España, a principios de 2007, directamente a Manchester, Inglaterra. Las primeras semanas viví en casa de Sam y Sara, una divertida y armoniosa pareja de mancunianos que sólo se gruñían cuando uno le echaba el Manchester City encima del United a la otra, y viceversa.
“No mires fijo a ninguno y no vayas por acá y por allá de noche” fue lo primero que me dijeron. Vivíamos en Rusholme, un barrio multicultural de Manchester que no dormía nunca, y aún así había que cuidarse. Una noche caminaba por una vereda céntrica y rocé a un negro (Moss Side queda al lado) sin querer. Tuve que pedirle disculpas media hora para que la cosa no pasara a mayores. El negro insistía en que lo había empujado y hacía como que buscaba un arma debajo de su buzo.
La cosa se puso más densa cuando me mudé a Salford, barrio íntegramente sajón y de clase obrera con pocas pulgas. Los pibes tenían menos pulgas que los padres en ese momento. Caí engañado al Salford. Me había hecho amigo de un español sin escrúpulos que me dijo que era barato y estaba muy cerca del centro. Ambas cosas fueron ciertas. Lo que olvidó decirme y yo no sabía por ser nuevo en Inglaterra, era que Salford es peligroso. La noche anterior a que nos mudáramos, mataron un pibe en la puerta del edificio.
Luego un día estaba esperando el tren para Leeds, serían las 5 de la tarde y la estación Victoria estaba repleta de gente y policías. Nunca lo ví venir, sólo escuché el estampido al lado izquierdo de mi cabeza, contra el vidrio. Me acuerdo que cuando volví a centrarme miré la lata de Pepsi en el suelo, casi llena, y un grupo de 6 pibes, tendrían un promedio de 15 años entre chicos y chicas, que se alejaba por el andén riéndose de la “broma”. Me contuve una vez más las ganas de romperle la cara a alguien. Ya se sabe, uno es de afuera, y “argie” (argentino) para agravar la situación.
Otra. Estábamos cenando con unos amigos en la esquina de Deansgate y St.King, pleno centro de Manchester. Sería un jueves o viernes a las 10 de la noche, cuando oímos gran agitación en la esquina opuesta al restorán. Cuando salimos para ver mejor, un policía se agarraba la garganta con ambas manos, mientras la sangre empapaba su chaleco y manchaba el piso y la pared. Nos enteramos luego que el policía había demorado a dos pibes para ver en qué andaban, y uno de ellos le había cortado el cuello de un navajazo.
La última. Un día llega mi compañero de trabajo Chris, hijo de obreros y bravo para las piñas, inglés de pura cepa para más datos, con la jeta partida, hinchada y ensangrentada. Todos nos quedamos helados. “Ibamos caminando por la vereda del shopping con un amigo y de frente venían dos (ingleses también nos dijo), y cuando vamos cruzándonos uno de ellos me larga una trompada porque sí”, dijo Chris moviendo la cabeza. Luego nos dijo que era común entre skullies (se pronuncia scalis) partirle la cara a cualquiera sólo por la gracia que les causa.
Con respecto a la palabra skully, permítanme explicar el término porque es difícil de hallar, dada su connotación peyorativa. Los ingleses, y sólo ellos, le llaman en lenguaje informal (slang) skullies a sus compatriotas de la clase baja. El término proviene de la palabra skull, que quiere decir calavera, y la asociación nace porque este segmento de la sociedad británica (varones principalmente), llevan su cabeza rapada.
Y propósito de los skullies y los disturbios que ocasionaron esta semana, si alguien piensa que con toda la policía en las calles se acabó el Apocalipsis británico, hay signos que indican que esto sólo acaba de empezar. Luego de que el primer ministro británico, James Cameron, expresara que “cualquier método que use la policía para reprimir a los looters (saqueadores) sería apoyado por el gobierno (¡¿?!)”, la columnista Ann Hart Coulter fue más allá y dijo que en realidad habría que matarlos a todos.
Explosiva como es su costumbre, la periodista y escritora norteamericana apostrofó en Fox News, su principal bastión laboral y luego lo reflejó en su columna de la revista Human Events: “unos cuantos rifles bien ubicados y los disturbios se terminan en un instante. Un ataque más sostenido a esta mafia salvaría a Inglaterra de ella misma, quitándole de encima para siempre a esos cabezas-afeitadas, borrachos parásitos de los impuestos de Britania. Estamos seguros que no correremos el riesgo de asesinar al próximo Winston Churchill o Edmund Burke en esos amontonamientos”.
Por si fuera poco, Coulter agregó: “además, no sé si habrán notado que la mayoría de los saqueadores son blancos y que hay un montón de chicas con ellos”. A propósito de las chicas, la periodista recordó que “en Europa, Inglaterra es la nación que más madres adolescentes y solteras tiene, y también las tasas más altas de crímenes violentos, abuso de drogas y alcohol, obesidad y enfermedades de transmisión sexual”.
Como dijmos, parece que el asunto está lejos de acabar aquí. Ojalá que el gobierno británico saque algo más que policías de su sombrero porque si se cumple la profecía de The Clash, no le alcanzarán todas las balas para parar la invasión, su propia invasión. Más les hubiera valido que les pasara lo que al gobierno británico de “V de Vendetta”, que además de reventarles el edificio correcto, el pueblo les mostró con actitud los errores que estaban cometiendo y la manera de cambiarlos.


