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Las caras de la indignación

El movimiento 15-M agrupa a estudiantes, parados, mileuristas y trabajadores. Joaquín Gil, de El País.
Foto: El Mundo
Foto: El Mundo

El movimiento 15-M es horizontal, sin jefes. Prefiere las redes sociales al periódico, Internet al papel. Adopta sus decisiones por consenso, en asamblea, no por mayoría. Se puede votar pero no vetar. Sus referentes son las asambleas de principio de siglo. Agrupa a estudiantes, parados, mileuristas (en el mejor de los casos) y trabajadores sobradamente preparados. Sus vidas esbozan el descontento de la indignación. Estas son sus historias.

 Pablo Gómez (33): El biólogo del megáfono

“¿Quien dice que la juventud está dormida?”, se pregunta con tono grave Pablo Gómez, doctor en Biología, ex investigador de la Universidad Complutense de Madrid y parado. Harto de la inestabilidad, de encadenar sueldos de 1.000 euros y de confiar en promesas de contratos que nunca llegaron, se siente una víctima más del sistema. 

El biólogo Pablo Gómez, de 33 años / Luis Sevillano

Nació en Gijón hace 33 años. Su trayectoria, como la de muchos titulados superiores, ha basculado entre la inestabilidad y el desconcierto. Perteneció a Precarios, la plataforma que reivindica los derechos de los jóvenes investigadores, y ahora forma parte del movimiento 15-M, que el domingo clamó en media España contra el paro, el sistema de partidos y la falta de expectativas.

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