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Malapascua: la isla que te volará la cabeza

Ubicada en Filipinas, esta isla ofrece las mejores fotos. Todo lo que podes hacer.
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Bienvenido al paraíso, viajero. Un amanecer pintado y un atardecer de cielos en llamas... La isla se desvanece en el hipnotismo de la mirada oscura, intensa y cercana del tiburón zorro bajo las aguas y la emoción de descubrir las facciones disimuladas del pez sapo.

Con solo ver una foto de Malapascua, cualquier viajero puede hacerse una idea precisa del paraíso que encontrará al arribar a esta pequeña isla de aguas cristalinas, y arenas blancas que forma parte de las playas más exóticas de Filipinas, de tan solo 1 kilómetro de ancho, es conocida por su belleza y por ser uno de los escenarios favoritos de los amantes del buceo, actividad que igualmente, representa el principal sustento del lugar.

Malapascua tiene un nombre formado por un adjetivo que no le hace honor, pero que envuelve una interesante leyenda que dio origen al mismo. Según los moradores, el 25 de diciembre de 1520 un grupo de viajeros españoles se vieron obligados a pernoctar en la isla, como consecuencia del tiempo que no les permitió volver a su destino y compartir el día con sus familiares, como lo habían previsto. Mala pascua=Mala Navidad

Elegir una sola isla de Filipinas es complicado. Cada una de ellas tiene algo especial que la hace única: playas exóticas en Palawan; terrazas de arroz que son una maravilla en Luzón; o unas montañas que parecen bombones de chocolate en Cebú. Pero sin dudas, la que más enamora es Malapascua que tiene un magnetismo único que hace que, todos lo que la visitan, quieran quedarse.

MALAPASCUA ES DEL TIBURÓN ZORRO

Razón por la que la isla se llena de buceadores: un enorme escualo cuya cola con forma de garfio lo convierten en uno de los tiburones más bonitos del mundo. En pocos lugares se pueden ver y, mucho menos, bucear entre ellos con total libertad. Aunque la palabra tiburón sabemos que da un poco de miedo, ¡tranquilos! Sólo comen plancton.

SU COSTA ESTÁ PRÁCTICAMENTE DESIERTA

Una isla sin apenas turismo no tiene más que ventajas: tendrás la playa sólo para vos.

MALAPASCUA ES COMO UN PUEBLO

Un pueblo pequeño en el que, mientras los viajeros recorren su costa, se bañan o bucean, ellos la vida la tienen en el interior de la isla. Por sus caminos de tierra, sin asfaltar, podes ver que los locales están asentados en diferentes comunidades. Algunas de ellas son Logon, Bool o Kabatangan, entre otras. Allí es donde se encuentran sus pequeñas cabañas de madera, donde viven familias enteras, donde podrás disfrutar de los restaurantes más auténticos, donde pasearás entre iglesias, escuelas y granjas. Sí, acostúmbrate porque allí los animales acampan a sus anchas y, al llegar la noche, más vale que tengas cuidado con no estamparte contra un cerdo o un gallo, los más habituales de la isla, y que siempre estarán por el medio.

SE COME MUY BIEN

Aunque esto es extensible a todo el país, Malapascua tiene los mejores espaguetis filipinos. Un plato que, aunque nadie le da mucha importancia hasta que no lo prueba, es todo un manjar. Llevan salchichas, carne, huevo y la salsa es dulce. Sugerencia; guárdate un lugarcito para el lechón, su plato más típico que es sencillamente delicioso.

HAY WIFI EN TODA LA ISLA

A pesar de la humildad del lugar podrás estar conectado en todo momento, subir la foto de tus pies en la arena o llenar el Instagram de espaguetis. Si ves que no agarra bien la red, sólo tenes que acercarte a cualquier centro de buceo.

ES MUY FAMILIAR

Como pueblo que se precie, Malapascua es una de las islas más familiares de Filipinas. La gente te acogerá con los brazos abiertos, con una sonrisa y te invitará a quedarte. De ahí a que muchos aún no hayan vuelto y que la isla esté habitada por jóvenes de todo el mundo que, un día llegaron para ver el tiburón zorro, y se enamoraron de su gente.

LLEGAR A ELLA ES TODA UNA AVENTURA

Dicen que lo mejor de un viaje es el camino. En Malapascua esta frase cobra más sentido que nunca. Las casi cinco horas de viaje desde el centro de Cebú hasta Maya te permitirán conocer la auténtica filipinas, con vendedores ambulantes que suben y bajan en el autobús para ofrecerte su comida durante el camino, la vida que discurre en los arcenes o las conversaciones que irán surgiendo con los locales. Una vez en Maya, el punto más septentrional de la isla, el tramo final hasta Malapascua se hace en banca, el tradicional barco filipino.