¿Cómo superar el miedo a volar?
Estadísticamente los aviones son uno de los medios de transporte más seguros, pero aun así mucha gente sufre pánico a volar. Para poder superar este miedo, lo importante es seguir una serie de pasos que según los especialistas pueden ayudar a que desaparezca la aerofobia.
Primero que nada, lo importante es hacer consiente el miedo. Empezar por comprender las razones del miedo a volar. "Para vencer un miedo, el primer paso es conocer su origen"
Muchas veces puede ser a raíz de haber tenido una experiencia no grata en un avión (mucho movimiento, una larga espera, ruidos extraños y desconocidos, etc.) y, por desconocida o sorpresiva, haber sido vivida como de extremo peligro.
Es frecuente la consulta de personas que, por ser muy influenciables, se dejan llevar por los comentarios de otras personas. Si algún conocido afirma que su avión cayó mil metros, no dudan en tomar esa afirmación como verdadera y alimenta la creencia errónea de que inexorablemente ocurren situaciones de ese tipo en todos los vuelos.
Es llamativo ver que hay personas que jamás han volado y que pueden hablar del avión, de sus movimientos y hasta de sus olores simplemente por los relatos de terceros o por lo visto en películas o series.
En síntesis, muchas veces los miedos se acrecientan por el desconocimiento.
La aviación y todo lo que ella involucra genera una "atracción fatal". Por un lado atrae y deslumbra y, por otro, se desconoce y se teme.
Puede ser un tema de personalidad... Los ansiosos tienden a ver catastróficamente las cosas y a anticipar desgracias, predecir catástrofes y magnificar los peligros. Los supersticiosos toman cualquier hecho como señal de maldición o castigo divino, seguros de que la muerte o el dolor los alcanzará en un avión. Las familias aprensivas y miedosas, para las que todo es inseguro, creen que no se puede confiar en nadie: se convencen de que los demás son negligentes. Situaciones de crisis de vida como enfermedades, nacimientos, cambios laborales, mudanzas, separaciones son propicias para incrementar la vulnerabilidad. Tanto situaciones positivas como negativas pueden poner en jaque la capacidad de procesar experiencias.
Las personas depresivas tienden a ver el vaso medio vacío y, por lo tanto, suelen centrarse en detalles de un vuelo que confirmen la peligrosidad.
Podríamos continuar ejemplificando, pero creo que basta con estos ejemplos para comprender que el miedo al avión o a volar no es privativo de una sola modalidad de personalidad.
Las estadísticas marcan que 1 de cada 5 personas tiene miedo a volar.
Para poder superar este miedo sin tener que recurrir a psicólogos, lo importante es poder aprender a autocontrolarse en situaciones de estrés. Esto puede solucionarse con técnicas de relajación o actividades como yoga o meditación. Una vez que sepamos dominarnos, podremos dominar la situación y así el momento de partida de un avión o el aterrizaje dejará de atormentarnos.
No elijas los asientos próximos a las ventanas, por lo que será de gran ayuda mirar para adelante y concentrarse en las indicaciones o en cualquier otra cosa, menos en lo que está sucediendo.
Algunos elementos de distracción como un libro, música u otros dispositivos que te permitan distraerte, pueden resultar de gran ayuda para superar este miedo.
Confiar en los demás, el piloto es una persona capacitada y que tuvo que superar largas pruebas hasta llegar a tener la responsabilidad de un avión, por lo tanto, sabe lo que hace y además cuenta con el apoyo de mucha gente que le indica el estado de la ruta, los imprevistos o cualquier otro tipo de anormalidades que se puedan presentar. Por lo tanto, lo único que debes hacer es confiar en la gente que trabaja para que todo salga a la perfección.
La fase del despegue: es la más temida a pesar de que representa sólo el 28% de los accidentes. Es cierto que resulta impresionante (el zumbido de los motores, el ascenso tan potente, el silencio...). Así que hay que confiar en la tecnología y en el piloto, que conoce su trabajo, al igual que confías en el dentista o en el médico.
El vuelo: generalmente, cuando está puesto el piloto automático, el miedo disminuye. Sin embargo, las turbulencias pueden perturbar la velocidad de crucero, como ocurre en un tren o en un coche. Por ello, hay que considerarlos como una especie de agujeros de aire, como los adoquines de un camino por el cielo: no muy agradables, pero nada peligrosos.
La fase del aterrizaje: se vive igual de mal que la del despegue: las sacudidas mientras se atraviesan las nubes, el ruido del tren de aterrizaje cuando sale... Recordemos que todo esto es normal y ¡sonríe pensando que el vuelo llega a su fin!
Siempre recuerda que:
1. Hay un 90% de posibilidades de morir en un accidente de auto que en un avión.
2. Según las estadísticas, habría que volar todos los días durante 35000 años para estar seguro de sufrir un accidente.
Y por último, nada se puede superar sin vivir la experiencia. Ya es hora de que tomes coraje, saques tu boleto y aprendas a superar el miedo. ¡Buena suerte!