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Soda Stereo en Mendoza: entre la fascinación tecnológica y la resistencia de los fanáticos históricos

El paso del show de Soda Stereo por el Arena Maipú este viernes 21 de agosto significó el emotivo cierre de su etapa en territorio argentino. Pero la experiencia volvió a abrir un debate: ¿dónde termina el homenaje musical y dónde empieza la frontera del reemplazo digital?


Alejándose de la cobertura tradicional enfocada meramente en la nostalgia y los recuerdos, la verdadera clave del espectáculo de Soda Stereo "ECOS" brindado en Mendoza, radica en la ambiciosa ingeniería de diseño desarrollada a lo largo de un año y medio de pruebas e investigación.

Para desmitificar los rumores sobre la puesta en escena, previo al show la producción aclaró la verdadera naturaleza del despliegue técnico para traer de vuelta al escenario a Gustavo Cerati. El director creativo del proyecto, Nicolás Bernaudo, afirmó: " Técnicamente no es un holograma porque los hologramas son 360° y requieren máquinas para formatos muy pequeños". Y agregó: "Le damos caracterización de personaje digital, el objetivo al que nos planteamos llegar era que lo vieras como superrealista, y estamos muy conformes con el grado de realismo con el que ven a Gustavo en el escenario".

Inspirados en parte por la experiencia internacional de ABBA Voyage en Londres, los creadores de ECOS buscaron un enfoque distinto para evitar un show 100% pregrabado. Mientras que en la propuesta del grupo sueco los músicos en vivo se ubican fuera del foco principal, la premisa aquí fue generar un híbrido genuino y así lo explican:

Buscamos hacer confluir distintas ideas y técnicas para dar el resultado que los Soda tenían en su cabeza. Es un híbrido que funciona porque transmite la energía del show en vivo: hay músicos tocando sobre el escenario tal cual un show de Soda, con los errores y los aciertos de un concierto real Buscamos hacer confluir distintas ideas y técnicas para dar el resultado que los Soda tenían en su cabeza. Es un híbrido que funciona porque transmite la energía del show en vivo: hay músicos tocando sobre el escenario tal cual un show de Soda, con los errores y los aciertos de un concierto real

Esa convivencia entre los instrumentos físicos sonando a volumen de estadio y la figura virtual proyectada en una escala meticulosamente calculada buscó generar un pacto con el espectador: superar los primeros minutos de especulación visual para dar paso a la inmersión emocional.

Las voces del público: de la emoción inmersiva al límite ético

El impacto de ECOS genera lecturas profundamente contrapuestas entre quienes asistieron al Arena Maipú y aquellos fanáticos históricos que decidieron no formar parte de la experiencia.

Para muchos asistentes, el resultado superó las expectativas iniciales gracias a la contundencia de la banda en vivo y la integración del espectáculo. Tal es el caso de Silvio Riveros, quien era la primera vez que presenciaba un recital en vivo de la banda y por lo cual expresó que

Fue muy emocionante verlo a Gustavo en el escenario, creo que si yo no supiera la situación (de su fallecimiento) diría que estaba ahí, fue algo increíble Fue muy emocionante verlo a Gustavo en el escenario, creo que si yo no supiera la situación (de su fallecimiento) diría que estaba ahí, fue algo increíble

Ataviado con lentes 3D listo para la experiencia "Ecos"

Andy Landa, otro fanático que asistió por primera vez a un show de Soda, contó: "Nunca había tenido la posibilidad de ver a la banda completa, asique lo sentí como una caricia al alma. Fue una mezcla de emoción donde se te eriza la piel. El efecto visual fue muy fuerte; si le decías a una persona que no conocía a Soda que era un holograma, no se daba cuenta por lo bien logrado que estaba". Nunca había tenido la posibilidad de ver a la banda completa, asique lo sentí como una caricia al alma. Fue una mezcla de emoción donde se te eriza la piel. El efecto visual fue muy fuerte; si le decías a una persona que no conocía a Soda que era un holograma, no se daba cuenta por lo bien logrado que estaba

El show se disfrutó a pleno desde todas las ubicaciones

En ese mismo tenor Landa reconoció que fue un concierto de rock con sello de vanguardia, al afirmó: "Viví un show de rock real: sentí la batería, el bajo y las guitarras. Soda siempre se caracterizó por el uso de la tecnología y la vanguardia, y esto respeta la esencia porque la banda toca en vivo y se sincroniza a la perfección con la parte visual. Es un homenaje hecho con respeto sobre sus grandes hits, no una especulación". Viví un show de rock real: sentí la batería, el bajo y las guitarras. Soda siempre se caracterizó por el uso de la tecnología y la vanguardia, y esto respeta la esencia porque la banda toca en vivo y se sincroniza a la perfección con la parte visual. Es un homenaje hecho con respeto sobre sus grandes hits, no una especulación

Diferentes generaciones y una misma pasión

Otro fanático que no tenía como antecedente haber visto a Soda en su formación completa, tal es el caso de Sebastián Ashur, nos contó que "no llegué a ver a Soda Stereo en vivo, pero sí a Gustavo como solista. El comienzo fue espectacular y sentí especialmente los temas de Dynamo. Hay algo inevitable: la sensación de tener a Gustavo físicamente ya no está, pero la tecnología no es el espectáculo en sí mismo, sino una herramienta dentro de un show real de rock".

La resistencia de los nostálgicos: el valor de la memoria intacta

En la otra vereda se ubican los seguidores históricos que presenciaron a Soda Stereo en sus primeros años, como las míticas fechas de los años 80 en el Estadio Pacífico de Mendoza y aquellos que asistieron a proyectos históricos como los 11 Episodios Sinfónicos. Para este sector, la ausencia física marca una frontera insalvable.

Ariel Godoy se explayó sobre el tema y nos contó que "el contexto de los 80, cuando renacía el rock argentino y el sonido de esa guitarra en "Juegos de Seducción" retumbaba con Gustavo y Zeta empalmando en el escenario, no tiene comparación. La libertad de movimiento y la improvisación en los ritmos son la esencia de un concierto en vivo".

Karina Camilli, otra fan de la primera hora afirmó que "p refiero rendir homenaje escuchando sus discos o viendo un tributo con músicos presenciales. Cuando intentan replicar al artista con recreaciones tecnológicas o vestimentas idénticas no me llama mucho la atención. Sin embargo, reconoció que iría como fanática a un recital donde estén los integrantes que quedan y algún artista invitado como homenaje".

En el mismo plano de resistencia a asistir al show que presentaron Zeta y Charly por toda la Argentina, Ariel Godoy resume su postura afirmando que, en su opinión: siento que hay una sobreexplotación de la imagen de alguien que ya no está en este plano Siento que hay una sobreexplotación de la imagen de alguien que ya no está en este plano

Momento de "Cuando pase el temblor"

La comunión del final: tocar desde las entrañas del público

Uno de los instantes más conmovedores y sorpresivos del espectáculo se produjo al momento de la despedida. Cuando comenzaron a retumbar las estrofas inconfundibles de "De música ligera", Zeta Bosio y Charly Alberti no estaban sobre el escenario principal: se ubicaron en la parte trasera del campo, sobre unas tarimas montadas en medio de la gente. Rodeados por la mirada atónita y apasionada de sus seguidores, ejecutaron el clásico himno confundidos entre la multitud. Más que un despliegue escénico, la postal funcionó como un gesto revelador para confirmar que ellos habían estado ahí todo el tiempo, abrazando a su público y sosteniendo el alma de la banda, mientras la energía de Gustavo se proyectaba viva desde el frente.

Una huella imborrable: el latido en otra dimensión

Pararse frente a esa pantalla supuso un viaje de sensaciones contradictorias. En varios pasajes, la mente intentaba descifrar el truco, procesando con cierta incredulidad si lo que se veía era la figura de un doble o una representación digital hiperrealista. Sin embargo, a medida que corrió la lista de temas, cualquier resistencia racional dio paso a las lágrimas y a la certeza de que no haber estado ahí hubiese sido un arrepentimiento para siempre. A lo largo de la noche, el tiempo pareció detenerse para abrirle paso a la memoria colectiva: un cruce sensorial donde el pasado y el presente se confundieron en un solo pulso y donde “el eclipse no fue parcial y cegó nuestras miradas”.